El Imperio de Gordillo – 2a parte – Todo lo que Elba Esther ha pedido… y se le ha dado

Publicado el Mayo 19, 2011, Bajo Noticias, Autor MonaLisa.

Por Mario Gutiérrez Vega / Revista emeequis / El Mañana -17 Mayo 2011

Al no tener respuesta satisfactoria, la líder del SNTE amplió su estrategia.
En el documento de 2009, lejos de ese párrafo que requería tiempos oficiales, también solicitó, sin establecer cantidades, que se le entregaran al sindicato recursos para fortalecer las acciones de difusión de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE).

La propuesta fue atendida y, en su respuesta al pliego de ese año, la SEP le entregó 200 millones de pesos para que iniciara una campaña de comunicación sobre los avances de la ACE, de acuerdo con información de la propia dependencia federal.

Más de una década después de buscarlo, el sueño de “la maestra” se cumplió.

En 2009 el logotipo del SNTE apareció en cadena nacional como patrocinador de un programa de televisión.
Arropada por Emilio Azcárraga Jean, presidente de Televisa, Elba Esther Gordillo presentó el 15 de junio “Todo el mundo cree que sabe”, un programa de concursos en el que alumnos de escuelas públicas ponen a prueba sus conocimientos.

El programa, transmitido por el canal 2 los sábados por la noche, se concretó con un convenio que la televisora firmó con el SNTE para su producción y transmisión, explicó Azcárraga durante la presentación.

De esta forma, según una nota del periódico Reforma, publicada el 16 de junio de 2009, 150 millones de los 200 millones entregados por la SEP para la difusión de la ACE sirvieron para financiar el programa de televisión.

En junio próximo la emisión cumplirá dos años al aire gracias a que en 2010 la SEP otorgó al SNTE otros 150 millones de pesos para seguir con la campaña de comunicación.

“La maestra” ha pedido dinero público para los docentes y en nombre de ellos.
Y lo ha obtenido sin restricciones.

Los ejemplos sobran, pero veamos un par de ellos:
1) de 2005 a la fecha el SNTE ha recibido 775 millones de pesos para el Fideicomiso del Programa Especial de Financiamiento a la Vivienda del Magisterio; y
2) las partidas de la SEP entregadas al sindicato para el Fideicomiso del Programa de Tecnologías Educativas y de Información se acercan a casi 2 mil millones en los últimos 10 años.

Ambas cifras parecen ridículas frente a los más de 6 mil millones de pesos obtenidos durante más de 15 años para el concepto “Carrera magisterial”, el programa administrado por el SNTE del que los especialistas no han encontrado evidencia de que haya servido para mejorar la calidad ni de los docentes ni de la enseñanza educativa.

Es justamente en el tema de los recursos para la vivienda de maestros, siempre presente en los pliegos generales de demandas, en donde se encuentra uno de los mayores casos de la falta de transparencia sindical.

Era marzo de 1990 y Elba Esther presentaba el pliego de demandas del SNTE a Manuel Bartlett Díaz, entonces secretario de Educación: solicitaba que se diera a los trabajadores de la educación una ayuda para la renta de departamentos o casas.

Y por esas mismas fechas, el sindicato establecía, con una aportación inicial de 10 millones de pesos, el Fideicomiso de Vivienda para el Magisterio (Vima).

El Vima registró desde sus primeros años de operación múltiples irregularidades y tuvo un desfalco superior a 2 mil 750 millones de pesos, según ha documentado Noé Rivera Domínguez, exsecretario particular de Elba Esther Gordillo (emeequis número 96, 3 de diciembre de 2007).

Pero las anomalías no fueron exclusivas del Vima.
Al revisar la Cuenta Pública de 2006, la Auditoría Superior de la Federación encontró que el dinero que se entregó entre los años 1994 y 2006 para el llamado Fideicomiso de Vivienda, donde también participa el SNTE, fue invertido en la Bolsa Mexicana de Valores, a través de la compra de bonos, Cetes y otros instrumentos bancarios, en lugar de destinarse a la compra de casas.

La opacidad con que se manejan los fideicomisos en los que interviene el SNTE dificulta saber en qué condiciones operan.
“La maestra” ha rechazado que se vincule al sindicato en el manejo irregular de los recursos.
“A veces la desinformación o la mala fe, no sé, quiere hacer sentir a la ciudadanía que nosotros manejamos los fideicomisos.
No.
De lo que nos sentimos muy orgullosos es de haberlos promovido, pero estos los maneja Hacienda, la Secretaría de Educación y la banca que se escoge”, dijo Gordillo en mayo de 2006.

Lo cierto es que la presidenta vitalicia del SNTE ha ofrecido un doble discurso en el tema de la vivienda.
Si en los 21 pliegos generales de demandas urge a construir casas para sus agremiados y alega falta de recursos e incumplimientos del gobierno federal, no tiene la misma determinación en informar sobre el destino de los millones de pesos que obtiene cada año.

Hablar del dinero del sindicato es entrar a un mundo de cantidades incalculables.
Con documentos oficiales, Ricardo Rápale, autor del libro Los socios de Elba Esther, publicado en 2007, estimó que desde que la maestra tomó las riendas del magisterio, la dirigencia gremial ha manejado recursos públicos por unos 200 mil millones de pesos, un monto equivalente a seis veces lo que el gobierno federal invertirá en 2011 en Oportunidades, su principal estrategia para combatir la pobreza.

“Dicen que por qué no damos a conocer la cantidad de dinero que recibimos.
Pues no somos tontos.
Pero nosotros informamos donde debemos, es estrategia política”, declaró Elba el 1 de febrero de 2002 y dio por zanjado el tema.

Más allá del manejo del dinero recibido, la dirigencia encabezada por Elba Esther también es cuestionada por la poca repercusión que tienen estas inversiones en la calidad de la educación.

De las 34 economías más importantes del mundo, México ocupa el último lugar en el examen internacional PISA aplicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que ha demostrado que la mitad de los estudiantes mexicanos de secundaria no saben hacer operaciones matemáticas básicas y que cuatro de cada 10 están por debajo del mínimo aceptable en el dominio de lectura.

Los resultados de la prueba PISA, aplicada en México desde 2000, también revelan que la millonaria inversión en el sistema educativo en los últimos 10 años apenas ha servido para mejorar los conocimientos adquiridos por los estudiantes en comparación con otros países.

Si en 2000 los alumnos mexicanos obtuvieron en promedio 422 puntos de comprensión lectora, en 2009 sólo subieron tres puntos, mientras que Perú incrementó sus niveles en 47 puntos y Chile en 39.

Las conclusiones son dramáticas: 40 por ciento de quienes han estado nueve años en las escuelas mexicanas no tienen las herramientas lectoras suficientes para acceder a estudios superiores ni las competencias necesarias para la sociedad del conocimiento.

Y esas deficiencias se encuentran en mayor proporción en matemáticas y ciencias, las otras áreas de evaluación de PISA.

Ante una escuela mediocre, que no enseña lo suficiente, los niños y adolescentes la están abandonando.
De acuerdo con la organización Mexicanos Primero, 62 de cada 100 inscritos terminan la primaria en seis años y de esos sólo 45 egresan de secundaria.
Al final, nada más 13 acaban una licenciatura.

Mientras las aulas se vacían, en los últimos 21 años la dirigencia del SNTE no ha dejado de pedir recursos con el mismo argumento y con el mismo compromiso: mejorar la calidad de la educación.

Ya en el pliego de 1991 Elba Esther Gordillo consignaba así su responsabilidad frente al sistema educativo: “Ya lo hemos señalado en repetidas ocasiones, seremos coadyuvantes de la modernización educativa, manteniendo nuestra actitud propositiva y abierta al diálogo, en la firme convicción de elevar la calidad de la educación”.

Dos décadas después, el discurso sindical sigue intacto, incombustible.
En el pliego de 2010 las palabras de “la maestra” buscaron plasmar una realidad distinta a la que ha construido la cúpula gremial.
“Con hechos (el SNTE) ha demostrado que no sólo está consciente de la necesidad de transformar la educación del país, sino que está decidido a poner lo que a él corresponde, y aún más, para lograr la calidad educativa que la era del conocimiento nos exige”, escribió la líder sindical en la página 4 del pliego entregado el 1 de enero del año pasado.

Aurora Loyo, investigadora universitaria e integrante del Observatorio Ciudadano de la Educación, entiende así el discurso que la dirigencia magisterial imprime en sus documentos y que quiere mostrar ante la SEP y la sociedad: “Es muy claro lo que el sindicato pretende: hacernos creer que es un sindicato abierto y dispuesto, y que las cosas que no se hacen es por responsabilidad de la autoridad”.

Buena parte de los pliegos de 1990 a 2010 mantienen la misma redacción y decenas de párrafos fueron copiados sin modificaciones para mantener las solicitudes año con año y esperar que en algún momento sean respondidas.

Sin embargo, con la llegada de Vicente Fox a la Presidencia el SNTE modificó el contenido político de los documentos.
El sindicato comenzó a hablar de democracia y participación social.

A partir de 2004, en un pliego cargado de consideraciones políticas hacia las acciones del gobierno federal, el SNTE hizo un llamado para impulsar la educación como política de Estado e incluirla dentro de una gran estrategia social.

En una petición nunca antes expuesta, Elba Esther Gordillo requirió a Reyes Tamez Guerra, entonces secretario de Educación, no constreñir la política educativa a los “tiempos políticos sexenales, ni ser rehenes de las disputas ideológicas y partidistas”.

La maestra firmó estas palabras nueve meses antes de que el partido Nueva Alianza fuera registrado ante el Instituto Federal Electoral.
Con la venia de Gordillo y fincado en la estructura sindical que agrupa a más de un millón de trabajadores de la educación, Nueva Alianza y su fuerza de convocatoria se convirtió desde enero de 2005 en un nuevo elemento a considerar en los acuerdos laborales entre el SNTE y los gobiernos federal y de los estados.

“Elba va negociando, consigue beneficios tangibles para los maestros, lo cual la legitima al interior del sindicato, y va moviendo sus fichas de acuerdo con sus intereses personales.
Sin duda, con el Partido Nueva Alianza tiene un poder adicional y Elba es querida por todos los gobernadores para hacer alianzas porque representa la capacidad de movilización de muchos maestros comisionados”, explica Carlos Ornelas, experto en política educativa y académico de la Universidad Autónoma Metropolitana.

El fortalecimiento de Elba Esther en la política nacional y en las negociaciones laborales coincidió con la presencia de Reyes Tamez Guerra en la SEP durante el sexenio de Vicente Fox: los pliegos sindicales engrosaron, las exigencias crecieron y los reproches a la autoridad se intensificaron.

No es una casualidad, considera Aurora Loyo, también investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, que la cercanía de Gordillo Morales con la pareja presidencial y con el entonces secretario de Educación haya determinado las negociaciones y los logros del SNTE durante seis años.

La proximidad con la cúpula sindical de los maestros se confirmó cuando Tamez Guerra ganó en 2009 una diputación federal por Nueva Alianza.

“Parte de la estrategia de la maestra es privilegiar la relación con el Presidente, eso lo tenía claro desde el PRI.
Muchos pensábamos que iba a cambiar con la alternancia, pero Elba Esther estableció una relación personal con Vicente Fox y con Martha Sahagún”, sostiene Loyo.

Los pliegos generales de demandas no sólo son una larga lista de peticiones, también muestran rasgos de la relación creada entre los dos principales actores del sistema educativo nacional: Elba Esther Gordillo Morales y el titular de la SEP.

Sin pudor, la maestra reprueba la inoperancia gubernamental en materia educativa y en 2010, por ejemplo, reprocha al secretario Alonso Lujambio la ineptitud de los funcionarios, su falta de respuesta a los acuerdos firmados y la incapacidad de la SEP para atender sus demandas.

El SNTE se asume como el único interesado en mejorar la educación del país, pues en su contraparte no ve disposición.
“Para el magisterio y su organización sindical, en cambio, el empeño por la calidad educativa no es un ejercicio circunstancial ni se agota en el corto plazo”, escribió Gordillo en el pliego correspondiente a 2010.

En los últimos años el tono de las críticas del SNTE hacia la dependencia federal aumentó.
Si en 1993 le decía cordialmente a Ernesto Zedillo, entonces secretario de Educación, que las iniciativas del gobierno federal en materia salarial sólo quedaban en buenas intenciones, en el pliego 2002, Rafael Ochoa Guzmán, secretario general del sindicato, acusaba al gobierno federal de no tener rectoría sobre el sistema educativo.

Es más, en sus demandas de ese año el SNTE pidió a la SEP la transparencia que ni el mismo sindicato puede ofrecer hoy: “El escaso monto e inadecuada distribución de los recursos, aunado a la falta de transparencia en el manejo de los mismos, ha dado como consecuencia una infraestructura escolar deteriorada, carente de equipamiento y con escuelas colapsadas”, se puede leer en las páginas 2 y 3 del documento que Ochoa Guzmán firmó el 20 de marzo de 2002.

Para entender esta beligerancia es necesario remitirse a la relación que la maestra ha establecido con los secretarios de Educación, pero principalmente con los presidentes de la República, indican los especialistas consultados por emeequis.

Carlos Ornelas, doctor en educación por la Universidad de Stanford, considera que Vicente Fox y Felipe Calderón desperdiciaron la oportunidad de poner freno al corporativismo magisterial y, por el contrario, le entregaron más concesiones e hicieron más fuerte a su dirigencia.

“La estrategia de Gordillo se basa en el chantaje y en la amenaza.
Desde 2001, Fox cometió el error de convertirse en interlocutor directo de la dirigente sindical y ésta ya no se ha bajado de ahí.
Fue un error porque ningún presidente del PRI le concedió eso, siempre tenía que negociar con el secretario”, explica el especialista.

De los pliegos entregados a lo largo de dos décadas, el de 2010, dirigido a Felipe Calderón y con atención a Alonso Lujambio, es el más áspero y severo de los firmados por la presidenta vitalicia del SNTE.

En la introducción de 18 páginas, la maestra da una reprimenda a su contraparte oficial.
“La Secretaría de Educación Pública debe abandonar la actitud irresponsable de mirar a los problemas que aquejan al sistema educativo como ajenos, que la llevan a situarse en la cómoda posición de esperar a que otros resuelvan lo que es su obligación atender”, restriega Gordillo.

Ante las duras palabras, la SEP ni se inmutó y en 2010 otorgó un aumento de 4.9 por ciento al sueldo base de los maestros de educación básica y accedió a entregar 350 millones de pesos para “Carrera magisterial”, 750 millones de pesos más para nuevas plazas y otros 489 millones de pesos para superación profesional, entre una larga lista de incrementos en bonos, prestaciones y compensaciones.
El sindicato volvió a ganar.

Pero más allá de victorias o derrotas, los especialistas coinciden en que la fortaleza del SNTE se debe en gran medida a la debilidad de las autoridades educativas.
“La SEP nunca ha tenido claro el asunto de cómo vincular una negociación salarial y laboral con la calidad de la educación.
Desde un principio, podía haber dicho que hay que mejorar la calidad de los maestros, vincularla y medirla con logros, pero no lo hace”, indica Miguel Ángel Raya, maestro normalista y ex dirigente del SNTE que durante nueve años formó parte de la comisión negociadora de los pliegos de demandas.

Raya no recuerda que en algún momento la SEP condicionara los aumentos salariales a los resultados y acciones del sindicato.
“Nunca hubo toma y daca”, asegura.

Un hecho inusual ocurrió en las negociaciones del pliego 2007.
En el primer documento que le tocó a Josefina Vázquez Mota como secretaria de Educación, Jorge Santibáñez –cabeza de la comisión negociadora de la SEP–, llegó con un pliego de peticiones para el sindicato.

“Eso hizo enojar a Rafael Ochoa, que dijo que no era posible, que no eran las costumbres… Lo que pedía la SEP era que los maestros fueran puntuales, que no suspendieran clases; eran cosas muy razonables.
Eso hizo enojar al sindicato y fue una de las primeras broncas que se aventó Vázquez Mota”, comenta Ornelas.

Otro factor que influye para que la SEP no pueda pactar en las mismas condiciones con el sindicato es la falta de funcionarios con experiencia para hacer frente a sus contrapartes.
“Los negociadores del sindicato son profesionales, existe una gran continuidad en esos equipos; son más o menos los mismos.
En cambio, en la Secretaría de Educación no sucede así.
Entonces, se los chamaquean”, comenta Loyo.

Y aunque la negociación para el pliego 2011 fue igual a la de años anteriores y el sindicato obtuvo 4.7 por ciento de aumento directo al salario, 400 millones de pesos para “Carrera magisterial”, 450 millones más para nuevas plazas y una partida de 524 millones de pesos para formación y capacitación, Alonso Lujambio presume que este año logró vencer las inercias del SNTE.

“Fue complejo negociarlo con el sindicato, porque no tienen una cultura del mérito, un sindicato tiene una visión de logros colectivos, pero logramos modificar esto”, comentó Lujambio el pasado 13 de abril.
Celebraba que los maestros tendrán un bono económico según su desempeño personal.

El entusiasmo de Lujambio llega dos décadas después de que Elba Esther Gordillo firmara el pliego de1990, prometiendo una modernización educativa que transformaría al país y un año más tarde de que la maestra recordara en el pliego 2010 su compromiso con la educación de calidad.

Miles de millones de pesos de recursos públicos han pasado por las cuentas del SNTE y miles de palabras fueron firmadas por Elba Esther en 21 años.

Dinero y pactos que no han llevado a mejores resultados en los salones de clase.

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: