¿Qué hemos hecho de la política?

Publicado el agosto 23, 2012, Bajo Columna de opinión, Autor Axiel.

Adolfo Sánchez Rebolledo/Tomado de la Jornada

Las historias electorales son con frecuencia relatos de terror que las campañas ocultan bajo el peso de la más ensordecedora propaganda. En las grandes urbes la manipulación mediática desplaza al debate informado, a la deliberación que debía normar los criterios de elección. Se concibe la política como una bola de nieve que marca con sus efectos arrolladores las decisiones ciudadanas. El motor de la maquinaria es el dinero, cuyos montos y orígenes sólo se conocen y, en su caso, se sancionan, al final del proceso. Gana el que ya se presume imbatible; el que dispone de los recursos y los medios para crear un efecto inercial a su favor. En las localidades más pequeñas prevalece el peso de las relaciones interpersonales, el trasiego de favores, la materialidad de los apoyos y las ayudas sobre las identidades o los principios que anudan las causas colectivas.

Pero igual juega el dinero y la irrupción de la violencia en la vida cotidiana fundida con las instituciones que debían contenerla. Resultado: la democracia se generaliza en cuanto método de elección de los gobernantes, pero pierde en calidad y se exprime a su mínima dimensión la participación ciudadana. En este escenario, pocos recuerdan cuán difícil fue derrotar al monopartidismo en las zonas marginales donde si no cabían disidencias, menos se toleraba la alternancia. Y, sin embargo, vale la pena no olvidar que si eso se logró fue gracias al empeño, la voluntad de cambio y la capacidad de sacrificio de comunidades y de líderes como Othón Salazar, muy recordado en estos días de confusión poselectoral en La Montaña de Guerrero. A eso quiero referirme.

En el municipio de Alcozauca ganó el PRI. El candidato vencedor ya había ocupado el cargo en el periodo 2005-2008 apoyado por el antorchismo que desde hace varias décadas se lanzó a la aventura de arrebatarle a la izquierda la influencia en esa zona olvidada. Y se hizo fuerte con la apertura de negocios como la instalación de una gasolinera o la ampliación de la tienda de Diconsa planeada desde Tecomatlán que pasó a realizar ventas por mayoreo sin sentido social, por no hablar del desvío de recursos federales en beneficio de sus incondicionales. Pero ex edil, criticado por la sarta de abusos cometidos bajo su gestión, no quitó el dedo del renglón y todavía se dio el lujo de volver a contender de nuevo ¡y ganarle al PRD fracturado, al PT y al MC! que en este 2012 se presentaron más perdidos y divididos que nunca.

Cuando todo parecía cosa juzgada, salió al quite la Auditoría General del Estado para notificarle a la autoridad que el ex presidente no podía recibir la constancia de mayoría por haber cometido una falta administrativa grave al no entregar las cuentas sobre los recursos utilizados durante su gestión, razón por la cual se le imponía la inhabilitación para cumplir con cargos públicos durante cuatro años. Los priístas protestaron aduciendo que el candidato había cubierto todos los requisitos exigidos por el Instituto Electoral, pero el tribunal sopesó las pruebas y decidió revocar el triunfo para concedérselo al suplente, Arturo Tenorio Villavicencio, quien años atrás ya había fungido como secretario del ayuntamiento. Hasta aquí ilustra sobre todo el descuido o la decadencia de la izquierda para combatir al proyecto claramente clientelar y corporativo del antorchismo. Resulta triste que el primer municipio ganado en el país por la izquierda bajo la orientación del maestro Othón Salazar, replique hoy los vicios de la peor politiquería y padezca en consecuencia la misma falta de perspectivas que en muchas partes de México condiciona fenómenos tan deleznables como la compra del voto o la indiferencia ante la actividad política que al final justifica al más fuerte como vencedor, aunque se haya valido de las peores mañas imaginables.

Volviendo al caso que nos ocupa, luego de todo lo dicho, podría creerse que el problema, al menos legalmente, estaría resuelto con el nombramiento del ex secretario, suplente en la fórmula municipal. Pero no es así. Éste fue acusado de inmediato de complicidad con y por el desvío de recursos que se le había imputado a su jefe en el ayuntamiento, cuestión, ciertamente, sujeta a comprobación, pero más grave aún es la denuncia surgida en una inesperada conferencia de prensa a la que citaron los familiares del asesinado diputado 500. En ella, Laudencio Villanueva de la Luz, hermano del finado, manifestó que de Tenorio se dice que encabeza una banda de robacoches, acusación muy grave que, empero, no fue la única. En la misma conferencia ante los medios locales, Villanueva señaló que tanto el ex edil Armando Sánchez de Jesús, defenestrado por el tribunal, como Arturo Tenorio elevado al cargo, aparecen en la averiguación previa que se sigue por el asesinato del diputado federal Moisés Villanueva de la Luz como autores intelectuales junto con Willy Reyes Ramos, alcalde de Tlapa sujeto a proceso de desafuero por estos hechos. Las alertas rojas también comenzaron a sonar dentro del priísmo que, si bien no desea perder la plaza, menos quiere verse envuelto en problema de tales dimensiones. Como sea, aprovechando los resquicios de la ley, la oposición (PRD, MC) presentó un juicio de inconformidad ante la primera sala unitaria en que se alude a los expedientes que vincularían al suplente habilitado con las imputaciones públicas hechas por la familia Villanueva de la Luz. Destaca, entre otros, el señalamiento de que el munícipe en ciernes ya en 2009 y 2010 fue detenido por la Procuraduría General de la República por el delito CONTRA LA SALUD (con mayúsculas en el original), razones que los impugnadores consideran suficientes para probar que tiene antecedentes penales, un alto grado de peligrosidad y, por lo mismo, no puede ser presidente municipal.

Falta por ver lo que la autoridad decida hacer al respecto, pero es evidente que la situación desborda los límites de la simple disputa electoral. En la región de La Montaña se dan la mano varios de los fenómenos que, más allá de la retórica, hipotecan el futuro de Mexico. El clima electoral, la competencia se ejerce bajo las condiciones impuestas por el narcotráfico que se filtra sometiendo a las comunidades a su poder y esfera de influencia, degradando el tejido social a pesar de la resistencia popular y de la voluntad de vida que nutre a las familias que emigran al norte sin abandonar el lazo que los une a su cultura En un contexto social desvalorizado por desigualdad y discriminación, las políticas sociales derraman millones en programas ad hoc pero no han logrado romper el círculo que hace de los pobres el coto de caza de los depredadores sociales. El poder quiere soluciones asépticas, mágicas, pero no cree en la gente ni en su capacidad de autorganización, en su sabiduría para decidir. El desastre moral es inconmensurable. Se construyen hospitales pero no hay médicos dispuestos a vivir fuera de los grandes centros urbanos, maestros aguerridos pero poco solidarios, políticos populares distantes de los necesitados. Mientras, en la medida que el país pierde el rumbo y cunde el individualismo, la violencia se afirma en la vida cotidiana y el cinismo se apodera de los cuadros que han hecho del servicio un simple negocio particular. Veremos.

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