Perfiles – Lilia Arellano … 03/08/2012

Publicado el septiembre 3, 2012, Bajo Columna de opinión, Noticias, Autor Pepe Garduño.


www.liliaarellano.com – lilia_arellano@yahoo.com.

Las tardes lluviosas que se han presentado en las últimas semanas nos llevan de la mano a los recuerdos, a los tiempos cuando era hasta causa de risa encontrarnos a un lado de la acera en la cual caía a cántaros la lluvia y en el lado de enfrente todo permanecía caluroso, bajo un sol radiante sin que cayera una sola gota de agua. Era también la época en la que no era necesario tener todo el día prendido el aire acondicionado y más de la mitad de las casas en la ciudad no tenían este aparato ya que era suficiente con los ventiladores de techo y algunos de pie. Puerto Juárez apenas empezaba como colonia irregular y ya desde entonces las promesas de servicios públicos y las carencias que ahí existían eran abono suficiente para la obtención de votos y por ende de cargos de elección popular encabezados por las presidencias municipales.

Ha sido una experiencia maravillosa ver crearse, crecer, asentarse, dar cobijo a decenas de personas que han llegado de todas partes de la República y del Mundo a una ciudad en la que se mantenía la confianza de la planeación. Hasta que llegaron los discursos y otros elementos que, como el salitre, fueron penetrando y causando daños que hoy muestran a una zona empobrecida que ya es mucho más grande que la que se planeó. Las palabras más sobadas: “el crecimiento nos ha rebasado”, y con eso se ha formado toda una red de protección en la que se consideran las autoridades intocables. Son, para ellos, las palabras mágicas, como si no supiéramos que al presentar los planos para la construcción de un hotel ya se sabe con cuántos cuartos contarán y por ende el número de empleos directos e indirectos que se crearán así como el número de trabajadores que se utilizarán en la obra.

De ahí que pueda establecerse una planeación incluso para determinar las áreas en las que pueden venderse terrenos, construir vivienda de acuerdo al surgimiento de esas necesidades que se conocen muchos, pero muchos meses antes de que atraídos por los empleos lleguen a las ciudades decenas, cientos de familias que van buscando sitios en donde vivir y que inician su vida en estos lugares rentando terrenos y levantando cuartuchos de lámina con la esperanza de comprar un terreno irregular barato al que después hay que acondicionarle servicios que tardan años en llegar en tanto se convierten en fuentes generadoras de sufragios. Es así que la mancha de regiones, de zonas totalmente irregulares y paupérrimas se ha multiplicado y es en el presente mucho más grande que la ciudad que se planeó para ir creciendo con cabida para todas las clases sociales.

Pero así como hemos visto crecer la pobreza también se ha visto el enriquecimiento de los presidentes municipales de Benito Juárez o de Othón P. Blanco o de Felipe Carrillo Puerto o de José María Morelos, los cuales han sido tan ostensibles que resultan ofensivos. Los del primer polo de desarrollo turístico hace 10 años que cuentan con fortunas incalculables, que son dueños de casas, funerarias, haciendas, fraccionamientos, departamentos en la playa, viven en residencias ubicadas, incluso, en la zona hotelera. Han permitido una desforestación sin nombre que obliga a que las casas tengan aire acondicionado ya que sin árboles, sin zonas verdes, sin parques suficientes, el calor se concentra y rebota en el cemento creando una atmósfera casi insoportable.

No solo ha sido la corrupción imperante en los permisos, en los cambios de densidad, en las licencias de construcción dentro de la zona hotelera, lo mismo han hecho con los fraccionadores a quienes les han permitido cometer toda clase de abusos; no entregar estos conjuntos para que se inicie una regular prestación de servicios públicos es un trato con las autoridades municipales para no verse obligados a presentar nuevos planos en los que desaparecieron las zonas de recreación, las áreas públicas, los parques con los que deben contar y que algunos hasta se han dado el lujo de “inaugurar” y presentarlos como “aportaciones” a la comunidad cuando la realidad es que fueron, desde siempre, obligatorios.

En diez años hemos sido testigos de la llegada de un Carlos Canabal, de Francisco Alor, de Gregorio Sánchez, de Jaime Hernández y Julián Ricalde. ¿Cuál de ellos no aumentó su capital ostensiblemente? ¿Cuál de ellos regreso a su estatus de vida anterior a ocupar la presidencia municipal? Ricalde Magaña aún no concluye, se afirma que vive en la misma casa y que mantiene un ritmo casi igual al anterior a llegar a la alcaldía. Sin embargo, los nuevos endeudamientos, las concesiones otorgadas, el gran negocio de las grúas, generado detrás de una buena medida como es el alcoholímetro, la nula transparencia en el manejo de los ingresos por concepto de recoja de basura, los permisos para que las plazas comerciales cobren por los estacionamientos, entre otros renglones, han sido tan productivos como el otorgamiento de mayores densidades que también ha logrado que los regidores de esas administraciones se retiren con los bolsillos a reventar.

No ha existido autoridad alguna que ponga orden en las unidades del Infonavit y otras en condominio de tal suerte que cuenten con sus asociaciones de condóminos debidamente registradas para que lleven a cabo el mantenimiento de casas y edificios que permitan que las zonas no caigan en el desastre. Se ha descubierto que Carlos Mario Villanueva, el alcalde de Othón P. Blanco, mantenía en su nómina a decenas de aviadores y lo mismo ha sucedido en los otros Ayuntamientos en donde o se crean nombres fantasmas o se emplean grupos para operaciones políticas o suceden ambas cosas. Si dentro del gasto del Ayuntamiento ya está contemplada la salida de esas cifras es injustificable que no se tengan cuadrillas para que en todas esas unidades y en otras se generen programas en los cuales los vecinos pongan la pintura y la autoridad la mano de obra.

En Carrillo Puerto la familia Baena ha ganado de todas, todas, y como testigos están las placas de taxi que les han sido entregadas y los ranchos que no faltan. Ni qué decir de José María Morelos y ya se vio que también en Tulúm se cocían las habas con aviadores y desvíos de los fondos públicos. Nos hablan de las calles de concreto que no sabemos cuánto cuestan, tampoco se ha dicho ni media palabra sobre si son ingresos o egresos los que se registran con la concesión por el manejo de la basura y la recolección de la misma. Menos aún se sabe de la contratación de la empresa grullera que está a mano con los del alcoholímetro. Tampoco se habla del destino del dinero que proviene de las cuotas de basura, del doblete que se hace de este pago por parte de los locatarios de las plazas. Claro está que sobre lo que se obtiene y que no ingresa a la caja registradora de la tesorería no es necesario que nos rindan informes ya que es claro que está en las cuentas, en las propiedades, en los negocios y en los patrimonios de los ex alcaldes.

Tal vez todo comenzó cuando se reformó el 115 constitucional y les dieron a los municipios ingresos propios, porque fue cuando ya no tuvo ni el gobierno estatal ni el federal ningún control sobre las cuentas de los Ayuntamientos. Ese ha sido el problema de otorgar libertades y de dar confianza a quienes una vez con el arca abierta pecan a rabiar. Se dice que todo eso son avances pero nos percatamos que en las carteras de unos cuantos porque para la población vienen a ser retrocesos y caídas de las que resulta imposible levantarse. Es así como terminaron con el sueño de un gran paraíso que se construiría en toda esta zona, que estaba planeado y, a decir verdad, no toda la culpa es de las autoridades sino de los empresarios que también contribuyeron a la corrupción desde que acuerdan los precios de los terrenos, consiguen las licencias, etcétera y ni qué decir de los ciudadanos que enfrascados en la lucha por sobrevivir día con día nos olvidamos de detener a estas gavillas que siguen utilizando las banderas de la izquierda para mantenerse medrando, paradójicamente, de la pobreza.

Recordar es a veces… muy doloroso.

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