Astillero Pies de trapo EPN y PRD, vía libre Convalidar partidocracia ¿Reconciliación 2015 y 2018?

Publicado el septiembre 10, 2012, Bajo Columna de opinión, Autor Axiel.


Julio Hernández López/Tomado de la Jornada

Colocado fuera de la lógica de los partidos que lo habían postulado candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador anunció ayer un peculiar retiro amistoso y agradecido de esas organizaciones (no ruptura, ni deslinde, ni crítica: simplemente un paréntesis) para fortalecer la propia, el prefigurado Movimiento de Regeneración Nacional que así acabaría convertido en una pieza más (la mayor o la menor, dominante o subordinada, ya se verá) del mismo esquema de rejuegos masoquistas con amargos finales sabidos que ha caracterizado a la izquierda electoral en las décadas recientes.

Más allá de la retórica, el planteamiento revelado ayer en el Zócalo de la ciudad de México constituye una virtual aceptación bajo protesta de la condición impuesta de Enrique Peña Nieto y, aun cuando se agendaron manifestaciones públicas de rechazo el 1º de diciembre, en los hechos se le deja al mexiquense el camino libre para su consolidación burocrática y política (en la misma perspectiva de acelerada pacificación que significó programar el mitin de ayer nueve días después de que el tribunal electoral declaró válidas las elecciones impugnadas). Poner el acento en la construcción de un nuevo partido es una forma de diluir la protesta contra la imposición priísta, aunque en términos discursivos se mantenga el rechazo. No sólo se partidiza esa lucha contra el reciente fraude electoral, sino también las venideras batallas contra reformas derechistas.

También se deja la vía con semáforos en verde a las negociaciones ya entabladas entre la izquierda electoral que sí ganó (Chuchos, Marcelos, Amalios y conexos) y los representantes de Peña Nieto. Ni una sola condena u observación a esa presurosa urgencia de colaborar con el priísta al que la oratoria de AMLO no tachó de espurio ni pelele y al que solamente se impregnó de ilegitimidad de manera genérica, en razón de cómo se hizo de los votos que le dieron la victoria formal.

Otro ganador fue el sistema de partidos y el político en general, pues una larga lucha social de denuncia de fraudes electorales desembocó en la convocatoria a explorar las posibilidades de crear uno nuevo, mero rodeo procesal que acabará aprobando la decisión ya tomada. Sin autocrítica, sin reflexión sobre lo sucedido en este segundo intento, con las urgencias electorales nuevamente encima, sin un planteamiento público de fondo, pareciera que lo sucedido en 2012 es un incidente más que se busca remontar u olvidar con rapidez: convocar a la creación de un nuevo partido, en esas condiciones, es convalidar a los actuales, su forma de competir y de asignar resultados.

No solamente no hay razones para estimar que en un tercer esfuerzo lopezobradorista por alcanzar el poder las condiciones fueran mejores, sino que hoy son aplastantemente adversas y aun así se reincide en el juego electoral frente a un PRD que tiene precandidatos presidenciales tempranos (Ebrard y Mancera, cuando menos), que cuenta con gubernaturas ajenas a la dinámica lopezobradorista (Cué y Aguirre, en funciones; y los electos Mancera, Graco Ramírez y Arturo Nuñez, este último todavía haciendo equilibrismo para parecer cercano a su paisano ex candidato presidencial), bancadas legislativas numerosas y un promisorio panorama de arreglos modernos y “pragmáticos” con el peñanietismo deseoso de aparentar pluralidad y de borrar del mapa político a AMLO.

Dominical discurso de aceptación de una realidad que parece inconmovible: la compra de voluntades, la ignorancia política, los factores amafiados para seguir en el poder (ah, no, perdón, ya no se habla en esos términos: mafias) y la enorme tardanza que suele darse entre el inicio de una lucha por ideales y la consecución de estos, según ejemplos históricos que el tabasqueño utilizó para darse respaldo cronológico pero que ya no quiso recordar a la hora en que explicó por qué él prefiere atrincherarse en el camino electoral, en las reglas impuestas por esos poderes, y rechaza las opciones de mayor energía social, de desbordamiento de los cauces impuestos.

Los héroes invocados por AMLO pelearon y resistieron violentando las normas legales del momento (Madero, en especial, llamando a tomar las armas luego de otro fraude electoral), pero el dos veces candidato presidencial, que no niega la posibilidad de buscar una tercera oportunidad, cree que el sendero de las urnas es todavía confiable y aceptable, tanto que convoca a generar un nuevo partido que sin haber cambiado las reglas, y en un sistema dominado por el PRI y el PAN, con la colaboración de la izquierda tradicional, pueda al fin hacer el milagro de ganar la Presidencia de la República (como si, por lo demás, alcanzar ese cargo fuera por sí mismo una llave mágica).

Un punto clave para hacer pronósticos sobre el futuro de Morena como partido está en el tono utilizado por AMLO para retirarse de la trinidad izquierdista en especial del PRD (un retiro siempre implica la posibilidad de un retorno). El tabasqueño da espacio al sol azteca para que siga con su política de negociaciones con Peña Nieto y no cierra puertas ni quema puentes, pues en el fondo está la prevista posibilidad de volver a negociar en 2015 y 2018 con ese mismo partido (fortalecido por el propio AMLO, pues no se decidió a renunciar a él y a postularse como candidato presidencial por un solo partido, PT o MC, como hizo Enrique Alfaro en Jalisco y a punto estuvo de derrotar al aparato priísta tradicional). Volver a las negociaciones pero con fuerza propia, como si Morena fuera una corriente más dentro del esquema de tribus del PRD, repartirse candidaturas, hacer frentes y alianzas ante la necesidad de combatir a la malvada derecha priísta y panista, sufrir nuevas traiciones, ver cómo se eterniza en el poder la mafia que ya no merece ese nombre y seguir adelante con el esquema electoral sabido y aceptado. Este era un gato/ con los pies de trapo/ y los ojos al revés/ ¿Quieres ir a elecciones otra vez?

Y, mientras Carlos Salinas dice que necesitaría una cirugía plástica para borrarse la sonrisa de la cara, ¡hasta mañana!

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