México: fábrica de pobres

Publicado el agosto 5, 2013, Bajo Noticias, Política, Autor Pepe Garduño.

Zócalo Saltillo

 El más reciente informe de Coneval sobre la pobreza en México confirma el gran fracaso de los programas gubernamentales creados para combatir ese terrible flagelo, los cuales lejos de atacar las causas han estado orientados únicamente hacia los subsidios.

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Las cifras no mienten: de acuerdo con el Centro de Análisis Multidisciplinario, en 42 años el gobierno federal ha destinado más de dos billones de pesos (sí, leyó usted bien: dos billones) a este tipo de programas.

Pero de nada ha servido, pues hoy existe un 55% más pobres que en 1970, y en los últimos 20 años las cifras se han mantenido prácticamente igual. Veamos: en el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976) había 30 millones de mexicanos en situación de pobreza y durante esa administración se destinaron a su combate 34 mil millones de pesos; al cierre del año pasado, después de un sexenio (el de Felipe Calderón) donde se erogaron 879 mil millones de pesos para ese rubro, el último reporte de Coneval señala que en número de personas la pobreza pasó de 52.8 millones (2010) a 53.3 millones de mexicanos

Así, conocidos con diversos nombres como Solidaridad, Progresa, Oportunidades y hoy como la Cruzada Nacional contra el Hambre, estos programas son auténticos barriles sin fondo, pues como lo destaca el mencionado centro de estudios, de haberse entregado esa suma directamente a cada persona en situación de pobreza, le habrían correspondido más de 72 mil pesos mensuales durante esas más de cuatro décadas, una cantidad exorbitante que a lo sumo ha funcionado sólo para contener un poco ese problema en el que está sumida casi la mitad de los mexicanos, de ninguna manera para disminuirlo.

Más aún, esos inmensos recursos se han utilizado sin transparencia alguna, lo que ha dado lugar a numerosos casos de corrupción de funcionarios gubernamentales, pero también al desvío de fondos para campañas político-electorales, lo mismo durante los gobiernos panistas que en las administraciones priistas. No es casualidad que para dirigir esos programas asistencialistas en las diferentes entidades federativas se nombre a experimentados operadores políticos, y no a expertos en desarrollo social, como lo dicta el sentido común.

Otro punto importante que puede también meter ruido en este asunto es el hecho de que a partir de 2008, Coneval utiliza un método multidimensional, el cual considera no sólo el ingreso, sino también seis carencias sociales: 1) rezago educativo, 2) acceso a servicios de salud, 3) acceso a seguridad social, 4) condiciones de la vivienda, 5) servicios en la vivienda y 6) acceso a la alimentación.

Para los apologistas de esta medición, se trata de un método “más completo que orienta mejor a la política pública”. Sin embargo, muchos estudiosos y analistas del fenómeno opinan que es demasiado complejo, y que no sólo puede confundir a la opinión pública (lo que de hecho ha sucedido con frecuencia) sino también coadyuvar a la manipulación de las cifras, ocultando el verdadero número de pobres que hay en México.

Pero más allá de cifras, asistencialismo y debates, lo único claro para combatir verdaderamente a la pobreza es que la economía mexicana logre un crecimiento económico de al menos 5% anual. Esto constituye un fuerte desafío, pues para ello antes hay que avanzar en reformas de fondo en materia energética, financiera, fiscal y de competencia económica, lo que se vislumbra extremadamente difícil.

Si no llegamos a acuerdos que detonen estas necesarias reformas estructurales, la realidad es que por más que los programas de combate a la pobreza se rediseñen para buscar vincularlos con la productividad, no pasarán de ser un mero paliativo incapaz de sacar de la pobreza en que viven (por lo menos oficialmente) a más de cuatro de cada diez mexicanos.

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