Mucho circo, poco cine: por @Krarman #ColumnaRNR

Publicado el marzo 6, 2014, Bajo Columna de opinión, ColumnaRNR, Autor @Sociologuito.

Radio la Nueva República | Columna RNR
Alejandro Ayala | @Krarman marzo 06 de 2014

A mediados de los años 70, signaba Julio Cortázar, en ocasión del Tribunal Rusell el siguiente punto: El Tribunal ha comprobado que los Estados Unidos de América y las empresas extranjeras que ejercen actividades en América latina, por intermedio de filiales o de sociedades sobre cuyo capital y operaciones ejercen un control dominante —y entre las cuales las más fuertes y más numerosas son norteamericanas— han tenido y tienen, con la complicidad de las clases opresoras de América latina, una intervención permanente a fin de asegurarse los más altos beneficios económicos y la dominación estratégica.

No traigo la memoria como un nostálgico del desastre, invoco lo vivido por nuestros pueblos y el desarrollo de los acontecimientos a la luz del neoliberalismo y los reiterados golpes a los proceso democráticos en América. Las filiales del capital, operando en la vida pública al instaurar la dictadura de la agenda noticiosa y ‘cultural’ de nuestros pueblos son operadores semióticos poderosos.

El mercado negro de la propaganda define las tendencias de moda, desde los calcetines hasta las preferencias políticas y encuestas. El cine, la música, y otras artes han sido impregnados con la ideología de dominación del capitalismo occidental yanqui y nosotros hemos sido lectores acríticos de la imagen, aceptando su inevitabilidad como si se tratase de las puestas de sol.

Si un acontecimiento repetido condensa la suma de los casos posibles en la historia, me permitiré mencionar la ceremonia del día domingo para la premiación de lo mejor de la cinematografía según los cánones de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, AMPAS por sus siglas en inglés.

Nuestro país, como muestra de casi todo el continente, carece de cláusulas de excepción cultural y protección de la producción cinematográfica nacional, comercial e independiente. No existe posibilidad de mostrar otro cine, otra realidad, otra ideología…, el inventario cinematográfico del norte es avasallante.

La película Doce años esclavo se levanta con la estatuilla de la Academia, en la categoría de mejor película, en la entrega del Oscar; en una ceremonia vista por millones de personas en todo el mundo, que es también ritual político, con sus características escénicas construidas a los largo de muchas décadas de acaparamiento de la cinematografía, del mensaje en el celuloide. En Hollywood se cumple el sueño húmedo de Goebbels, durante la Alemania Nazi, ideologizar y entretener masivamente.

Los Estados Unidos prefieren mostrar el martirologio de sus minorías raciales como un paso más en la conquista de sus derechos civiles, de su estilo de vida, construido sobre las ruinas de los Derechos Humanos, la libre determinación del los pueblos y el derecho internacional; así cumple su función propagandística para validar la intervención ominosa en Venezuela, donde golpea mediáticamente por la vía de la distorsión informativa y patrocina la violencia que en nuestro país

condena.

Por otra parte, está la película de Martin Scorsese: El Lobo de Wallstreet, mostrando una hiperbólica realidad descarnada del mundo de las finanzas y de la especulación, tal vez la entraña misma del sueño americano, retratando la inmoralidad del hombre promedio que el capitalismo desea: esa métrica aspiracional torcida por la sociedad de consumo. Drogas, manipulación financiera, corrupción y violencia; los ingredientes principales de la economía del vecino del norte.

¿Exageración?

Piense usted en los dividendos del premio concedido al señor Alfonso Cuarón, propaganda en las relaciones bilaterales EU- México; más allá de consideraciones sobre el filme, que oscila entre lo malo y lo mediocre; lo más plausible es que en su realizador no existe triunfalismo nacionalista, pues sabe que su obra es producto de un modelo extranjero de producción y hasta los actores corresponden al gusto del país que le dio origen. El efecto político de legitimación de la opresión de la comunidad latinoamericana, cercenada en derechos laborales y sociales, pero que pude ganar una estatuilla si la divina providencia así lo decide.

Al sur del río Bravo los discursos triunfalistas del ‘Sí se puede’ de un pronto declarador ejecutivo federal; Peña Nieto convertido en crítico del ‘lenguaje fotográfico’ y creador de una ‘generación de cineastas’, que aprovecha la ocasión para validar la mediocre administración de lo público en México.

Mucho circo, poco cine, nada de soberanía.

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