Competencia Económica, el regreso de la mano invisible: por @Krarman #ColumnaRNR

Publicado el marzo 25, 2014, Bajo Columna de opinión, ColumnaRNR, Autor @Sociologuito.

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Radio la Nueva República | Columna RNR
Alejandro Ayala | @Krarman marzo 25 de 2014

En el año 2006 el Premio Nobel de economía Gary Becker, declaró de forma lapidaria que en algunos países de América Latina comenzaba a consolidarse un ‘capitalismo de compadres’, visión de un hombre que desde el norte del continente analizaba los fenómenos de concentración económica en México y su estrecha relación con las redes de complicidad y corrupción. El día de hoy el dictamen de ley Federal de Competencia Económica que se votará en la Cámara baja es un instrumento de continuidad.

Poco más de 30 años atrás la ruta que marcaba el modelo de sustitución de importaciones sería transformada por el consenso de Washington y la aplicación medidas restrictivas al salario, la estabilidad laboral y la disminución de la participación del Estado en áreas estratégicas de la producción. Es un cuento viejo para nuestro pueblo, pero una lección mal aprendida que ha tenido la desgracia de repetirse a lo largo de las décadas con la línea dura de reformas neoliberales impulsadas por los cuadros educados en la escuela de Chicago.

El debate entre izquierda y derecha, es el resultado de paradigmas distintos y mecanismos diametralmente opuestos de aplicación de los recursos públicos, el neoliberalismo recupera la visión del dejar hacer, dejar pasar, por esta vía profundizaron en prácticas de mercado nocivas para las economías locales y se alentó la corrupción.

En el caso de México, la reducción de las instituciones y la modificación de los marcos regulatorios de comercio a través del Consenso de Washington y el TLCAN; fueron el inicio de la avanzada neocolonial que destruyó la planta productiva nacional (Aceros, ingenios azucareros, banca, ferrocarriles y telecomunicaciones), es decir, se canceló una cadena económica integral de bienes y servicios que era sustentable, y en su lugar se impuso una acelerada política de mercado que generaba deuda y dependencia.

La acometida no terminó ahí, el crecimiento mundial del mercado exigió en los años siguientes la aplicación de medidas que no sólo desmantelaran la producción interna; se requirió también al Estado el traspaso de los bienes nacionales a particulares bajo el esquema de concesiones. Se sustituyeron entonces los ejes rectores de la economía y se modificaron los discursos; de la justicia social se pasó a la ‘solidaridad’, de la seguridad económica a la ‘competitividad’ y ‘libre mercado’, a la soberanía alimentaria, la demanda del capital la convirtió en un esquema de importación salvaje por la suficiencia y ‘seguridad alimentaria’, y en materia de energía se sustituyó la soberanía energética por la ‘seguridad energética’.

El mercado no se puede auto regular, la concentración del capital requiere de las crisis y reacomodos para funcionar ‘correctamente’. Bajo ningún supuesto, ya sea por sentido

común o evidencia empírica, se puede continuar bajo el mismo esquema de controles y autoridades laxas sometidas al poder presidencial como pretende la Ley de Competencia Económica que se discute en el Congreso.

Una de las medida que más escozor causa en el sector empresarial es la desincorporación de activos que consiste en la separación de bienes o concesiones controlados por un solo agente, con miras a hacer más eficiente la competencia. La razón fundamental para apoyar esta medida está en corregir la concentración de la riqueza y el aumento injustificado de precios para el consumidor final por decisión unilateral del agente dominante en un sector de la producción.

La concentración de mercados en México triplica la de otros países. De acuerdo al índice Hirschman-Herfindahl (IHH), usado por el departamento de Justicia de estados Unidos para iniciar investigaciones sobre prácticas monopólicas, en nuestro país áreas como la industria productora de cemento, en televisión abierta, telefonía móvil, tiendas comerciales, minería, y televisión por cable, tienen una concentración inusual.

La concentración genera una especulación en los precios al consumidor; tengamos presente que la más reciente sanción en nuestro país fue a la empresa Televisa, cuya falta consistió en un acuerdo entre empresas para dividirse los mercados de producción, distribución y comercialización de servicios de telefonía fija, televisión restringida y acceso a internet a consumidores finales en el estado de México.

No se debe dejar a la suerte de los vaivenes de la oferta y la demanda el ejercicio de derechos humanos como el de la vivienda, la alimentación o la salud, se requiere un control estricto o precios de garantía. Bajo el falso argumento de alto costo para el Estado, si este aplica medidas de desagregación, nuestro país se ha negado por la vía de la presión de los poderes fácticos a aplicar medidas severas en materia regulatoria, y es qué, en todo caso no es nuevo el concepto de ‘desincorporación de activos’ como medida estabilizadora frente a la concentración de los oligopolios.

En la Ley vigente de competencia, en su artículo 35 fracción II, se menciona como medida ‘Ordenar la desconcentración parcial o total de una concentración de las prohibidas…’, desde entonces es letra muerta por la falta de aplicación debido al corolario de los ultraliberales que vaticinan fracaso e incapacidad de actualización tecnológica de la planta productiva cuando esta se encuentre en manos de los trabajadores o el Estado. Incluso las tesis neokeynesianas miran con temor las medidas regulatorias, aplazando las crisis, recetando medidas tibias, como quién aplica aspirinas para curar el cáncer.

Para terminar, en el año 2006 se presentó una iniciativa de Ley de Precio Competitivo, alumbrada por la idea de la creación de una nueva economía al servicio del pueblo que establecía sanciones fuertes que incluían la revocación, cancelación o suspensión, de las concesiones, licencias o autorizaciones y en el último de los casos ‘Se solicite, por la vía

judicial, la disolución de la persona moral de que se trate’. Para el órgano regulador se propuso la creación de la Comisión Federal de Precios Competitivos alejada de la injerencia del ejecutivo federal. El objetivo fundamental de la Ley propuesta era que las medidas redundaran en el aumento del poder adquisitivo de la clase trabajadora.

Hoy más que nunca, por la gravedad de las reformas peñistas, que hacen mala copia de lo propuesto por nuestro movimiento, es necesario recuperar y difundir el Proyecto de Nación de MORENA como la base mínima de despegue del desarrollo nacional, acabar con la postración de nuestra pequeña y mediana empresa. Nuestro Programa es la respuesta a la desbocada manía privatizadora de la derecha.

Otro México es posible.

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