Crítica de la Razón Anestésica: @FBuenAbad

Publicado el mayo 12, 2014, Bajo Columna de opinión, Internacional, Política, Autor Gloriamlo.

Fernando Buen A. D.

Fernando Buen Abad Domínguez

Rebelión/Universidad de la Filosofía

Son muchos los métodos y los intereses que las burguesías han desarrollado para “anestesiar” la fuerza movilizadora y revolucionaria de los pueblos. Se gastan millonadas demenciales y eso constituye uno de los frentes más despiadados de la guerra de clase desplegada por el capitalismo. No vamos a cansarnos de repetirlo.

Sostiene “la ideología de la clase dominante” que tiene toda la razón para mentirnos, des-orientarnos, embriagarnos, narcotizarnos, acomplejarnos y humillaros de mil maneras. Dicen que lo hacen por nuestro “bien”, que somos como animalitos que necesitan la mano del amo para que sepan seguir el camino del “bien”, que es decir, el camino que multiplica los bienes de la burguesía.

En el orden de sus prioridades supremas, defensoras de la propiedad privada y de los valores hegemónicos de clase, la burguesía recluta herramientas y mercenarios expertos en taladrar cabezas en las que infiltran, día y noche, sin parar un minuto, todo el arco de los anti-valores que han depredado economías, eco-sistemas, culturas y generaciones enteras de personas victimadas con todas las formas de la plusvalía. Incluida la “plusvalía ideológica” como la define Ludovico Silva. La realidad no es como ellos la pintan.

No vamos a cansarnos de repetirlo. Por más afinado o milimétrico que sea el diagnóstico sobre la apropiación monopólica de las armas de guerra ideológica; por más que detallemos las regiones y los territorios controlados por las empresas multinacionales comerciantes de información y entretenimiento; por más que llenemos el paisaje con el esquema completo de la propiedad privada en materia de “comunicación”… de nada servirán si no completamos ese paisaje con el plan de las tareas que nos permitan desintoxicarnos del magma alienante para despertar de la anestesia ideológica burguesa que tantas adicciones ha venido inoculando en su enemigo de clase. Derrotándolo en lo cotidiano.

Y ya sabemos que la fábrica de anestésicos ideológicos, financiada meticulosamente por la burguesía, abarca universidades, instituciones gubernamentales, iglesias, sectas, partidos políticos, agencias de publicidad y bunkers de “think tanks”… intelectuales, periodistas, artistas y vedettes de toda especie. Fauna y flora que constituyen un crimen organizado de lesa humanidad que ha golpeado a los seres humanos desde que el capitalismo es lo que es. Y lo dicho, de nada sirve saber todo eso, o ensayar todos los tonos plañideros que se nos ocurran, si no desarrollamos un programa de unidad y lucha que contemple acciones efectivas de denuncia y de sustitución que extinga, sistemática y definitivamente, al capitalismo y a todas su máquinas de guerra ideológica contra los pueblos. Insistamos.

Por ejemplo. Algunos cálculos comprensivos dicen que en el año 2013, y sólo “en USA, el gasto militar real es de 839.000 millones de dólares”. Y, “Según el SIPRI, (Stockholm International Peace Research Institute) el gasto militar mundial en 2012 fue de 1,740.000.000.000 de dólares”[1] No vamos a dejar pasar la pregunta, nunca ociosa, sobre quién pone la violencia en el mundo y qué intereses la anteceden hasta convertirla en método de dominación y –“aunque usted no lo crea”- materia de entretenimiento para niños, adolescentes y adultos. A toda hora.

Por ejemplo. En América Latina, no contentos con haber sido paradigmas de las peores aberraciones ideológicas y culturales infiltradas en los pueblos, las máquinas de anestesia desaforada, camufladas de monopolios mediáticos, se alían ahora como arietes del golpismo, obedientes al modelo imperial yanqui que adelanta sus invasiones con operaciones golpistas. Esos monopolios mediáticos se han convertido en “Luperca”[2] que ahora acoge en su seno y amamanta a los Frankenstein “políticos” que viene pariendo, al vapor, el capitalismo (y su neoliberalismo) entre cesáreas de coyuntura por pedido de las oligarquías.

Contra esa “razón anestésica” que es necesidad y ofensiva del capitalismo, el antídoto es la organización y la movilización desde las bases que van amasando su conciencia de clase al fragor de las batallas económicas e ideológicas que avanzan diariamente en todo el mundo. El antídoto es un sistema democrático y dinámico de información crítica y de interpretación organizativa.

El antídoto es, también, una red mundial de combatientes contra la ideología dominante entrenados en no dejarse dormir por los efluvios anestésicos que saltan de los aparatos de dominación ideológica y que se han enquistado como “costumbres” o “tradiciones” de los pueblos. Eso incluye derrotar al alcoholismo y al individualismo, al sectarismo y al burocratismo. Derrotar al idealismo y a todos sus espejismos. Derrotar al exitismo y al legalismo… derrotar a todos los “ismos” y todas las modas escapistas.

Contra la “razón anestésica” del capitalismo, es preciso desarrollar la auto-crítica dialéctica indisolublemente atada a un programa de acción que corrija deficiencias de corto, mediano y largo plazo. Contra la “razón anestésica” del capitalismo urge un programa de unidad y de acción que no se contente con “buenas voluntades” ni con cascadas de cifras y nombres. Necesitamos más que sólo “observatorios”, necesitamos laboratorios de intervención que sean capaces de transformar y no sólo de contemplar.

Ya dimos muchas vueltas sobre nuestros diagnósticos y sobre nuestras culpas. Dimos vueltas y seguiremos dándolas, mientras se necesite, a condición de que dar esas vueltas no contribuya a anestesiarnos también, por nuestros propios medios, facilitándole a las burguesías el trabajo de inmovilizarnos.

Seguiremos dando vueltas a un tema que es crucial y es muy complejo, pero daremos vuelta toda vez que sepamos que se trata de vueltas dialécticas y no de círculos viciosos en los que, sin salida, nos embriaguemos con nuestros propios discursos y la borrachera nos deje paralizados. Otra clase de “anestesia” que sólo la lucha conjura. No me duermas.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Universidad de la Filosofía

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