The Doors a 43 años de la muerte de Jim Morrison

Publicado el julio 3, 2014, Bajo Noticias, Autor ChavaLobo.

jim_morrison_01Tendría unos doce o trece años cuando compré un casette pensando que escucharía la canción American Woman (de Guess Who) pero lo que encontré fue a The Doors.

El casette en cuestión era el Greatest Hits of The Doors; la canción confundida fue L. A. Woman. De esa grabación, la primera canción que escuché fue Hello, I love you: una pieza sencilla de dos acordes; un bajo ostinato, panorámico, profundo y a la vez suave; un órgano que narraba una historia propia, como de un videojuego; una batería sencilla, pero con un ligero toque melódico; una guitarra penetrante distorsionada que se convertía en una espiral corrosiva que penetraba hasta lo más profundo de mi pensamiento; y una voz que repetía algunos versos casi infantiles, sin embargo erótica, cortejante, que poco a poco se iba tornando intensa hasta terminar frenética en un orgasmo.

Mi segunda adquisición de música de esa banda fue Alive she cried, un álbum con canciones grabadas en vivo. Al escucharlo entendí que, más que de cantante, la voz de The Doors era de poeta. Mi afición por su música aumentó y en aquel tiempo adquirí los álbumes The Doors, Morrison hotel y L. A. Woman. Posteriormente, no tengo en la memoria si un primo o un amigo, pero alguien me prestó un libro sobre ésta banda; recuerdo que un día revisaba ese libro con fotografías, y al ver las imágenes de Jim Morrison una intempestiva visión me llegó: Jim Morrison, a pesar de todo lo que se decía sobre su «sex appeal», masculino, era esencialmente una mujer, y eso me desagradó. No era que tuviera algo en contra de los homosexuales, ni que al momento de ver esas imágenes estuviera bajo los efectos de la marihuana. No, era que había algo de chocante, de inhumano, en la imagen del Rey Lagarto. Mi visión fue tan desagradable que me alejé de su música por algunos años.
Pero como todo suele tener un ciclo, luego de escuchar otras músicas (de otros géneros, de otras latitudes), de leer poesía y filosofía, regresé a ellos. Les escuché con más atención. The Doors me sonaron ahora como una banda de música que parece sencilla y simple, pero que en realidad está bien estructurada rítmica, lirica y armónicamente. Manzarek, Kriegger y Densmore son muy eficientes en sus instrumentos, y Jim Morrison con su voz, sus poemas, su imagen y su sensibilidad cataliza y convierte esa eficacia en arte.

«Las puertas» me parecen imprescindibles para entender no sólo al rock, sino al arte de la segunda mitad del siglo XX, ese arte mercantil y de medios masivos de comunicación. De ellos se han hecho infinidad de productos, antologías, libros, documentales, películas.

Reviso ahora un video documental muy reciente de ellos: The Doors R-evolution. En las imágenes se puede observar la evolución musical de la banda y me brotan algunas ideas. En primer lugar, que la banda, y principalmente Jim Morrison, se adaptó a la mercadotecnia musical y que después, poco a poco, fue develando su daemon, su monstruo, veneno para el sistema mercantil en el cual se movía y que había permanecido oculto: su propia filosofía, su propia cosmovisión. En segundo lugar, que de una música para comercializar pasaron a la esencia de la música que es comunicar. En tercer lugar, que la obra de The Doors contiene un mundo-amalgama de sonidos, ya que unas piezas remiten al pasado, a las tribus americanas pre-inglesas, sobre todo en The Soft Parade; otras nos instalan en el canto a la libertad de la esclavitud negra, al blues y al jazz, como en Morrison Hotel y L. A. Woman; otras más mandan a la industria del pop rock, como en The Doors, Strange days y Waiting for the Sun, donde The Doors se disfrazan de productos musicales muy rentables para entretener a un mundo que de tanta comodidad se aburre.

Jim Morrison por sus actuaciones, sus poemas, su imagen, sus escándalos es el más conocido de The Doors, pero quizás no hubiera sido conocido si no es por los demás. Manzarek, Kriegger y Densmore comprendieron bien el carácter y las necesidades de Morrison y lo respaldaron. Se adaptaron perfectamente al inocente juego de Morrison: poetizar. Se unieron a él como si hubieran sido creados para copular la música y la poesía. Jim decía: «Soy el rey lagarto, puedo hacer cualquier cosa» y entonces se transformaba de un cantante tímido que cerraba los ojos a un cantante desmesurado, erótico, retador, niño y héroe ingenuo en su actuación.

A medida que Morrison se transformaba, la banda se transformaba y el velo mercantil iba desapareciendo; Jim se mostraba pleno en su arte, pero también en sus excesos; se instaló en una libertad desenfrenada, quizás con dos objetivos en mente: quebrantar al sistema; develar el estado de esclavitud con el que, mediante la libertad ilusoria, el sistema (gringo) somete a sus ciudadanos. En Miami grita al público: «Todos ustedes son un montón de jodidos idiotas. Dejan que les digan lo que tienen que hacer. Dejan que la gente a su alrededor los empuje… Todos son un montón de esclavos… No estoy hablando de no revolución… No hay reglas… ¡Quiero ver a todos de pie y bailando! ¡Quiero verlos bailando en la calle este verano! Quiero verlos divirtiéndose. Quiero verlos correr por ahí. Quiero verlos pintando la ciudad. Quiero verlos haciendo ruido. Quiero verlos gritar. Quiero ver diversión. ¡¡¡Quiero ver su diversión…!!!… Cualquier cosa que quieras hacer, hazla, hazla…» Sin embargo, el sistema temeroso no le perdonó esa afrenta, no le perdonó que, a la Sócrates, estuviera corrompiendo a la juventud y de inmediato le puso límites, fue llevado a juicio y declarado, al igual que aquel,  culpable; aunque éste por «obscenidades y escándalo público».

Veo las imágenes de Morrison y logro comprender que el pensamiento, el alma, el pensamiento, o es asexual o es pansexual. Detrás de la belleza física, comercialmente rentable del poeta Morrison, había un pensamiento que luchaba intensamente por liberarse, por salir, por cruzar el umbral. Su pensamiento emergía, pero su cuerpo se hundía. Quizás esa es la razón de sus excesos. Un pensamiento que quiebra al cuerpo y sale, cruza al otro lado. Y la historia de James Douglas Morrison y The Doors termina así, con su quiebre, justo como al principio, como ya lo anunciaban en Break on through, la primera canción de su primer álbum:

«Made The Scene

Week To Week

Day To Day

Hour To Hour

The Gate Is Straight

Deep And Wide

Break On Through To The Other Side.»

            Los artistas, y especialmente los poetas son seres como de otra dimensión: desprenden su piel hasta quedar expuestos, desprotegidos y se desmoronan en el ser absoluto (Luz) o en la Nada (oscuridad), que son lo mismo: pensamiento puro, presencia ausente.

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