Mujeres a cargo de la barricada más peligrosa de la costa michoacana – @SubversionesAAC

Publicado el Julio 18, 2014, Bajo Nacional, Noticias, Autor @gabriel_Mzuma.

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Nos comenta una voluntaria de una barricada:

Estamos en Caleta de Campos, en el Municipio de Ciudad Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde hace cuatro meses llegaron los comunitarios. Este pueblo los recibió con mucho gusto apoyándolos con lo poquito que teníamos. Aquí siempre ha estado molestando la Marina, los policías ministeriales, los soldados, los templarios. A los compañeros los detuvieron cuando fue el avance a La Mira, Michoacán. Les tendieron una trampa, diciéndoles de que fueran, que ellos los iban a apoyar.

Y no los apoyaron.

El 28 de Junio de 2014 perdurará en la memoria de los mexicanos como el día en que José Manuel Mireles fue detenido. El médico, que tantas alabanzas había recibido de las mismas autoridades, era puesto bajo custodia —según su propias palabras— mientras esgrimía una peligrosa pata de pollo.

Con información e imágenes de Subversiones.org

Para los habitantes de Caleta de Campos, la detención de Mireles va mucho más allá del revuelo que generó en la prensa. A ellas y a ellos les golpeó directamente en el centro de su levantamiento y organización contra la violencia del narco y la corrupción del Estado. Del total de 80 hombres detenidos en la Mira junto el doctor, casi la mayoría eran comunitarios de Caleta. Algunos lograron escapar pero, ahora mismo, aún quedan 55 presos, lo que corresponde prácticamente a la totalidad del cuerpo de seguridad que mantienen las y los vecinos del hermosísimo puerto turístico.

Acá la gente vive justamente de eso, del turismo. Y como si la situación actual del estado de Michoacán no fuera ya suficiente motivo para alejar a los visitantes, la detención de junio pasado los despojó de pescadores, campesinos y trabajadores, vitales no solo para su protección sino que también para llevar el alimento a sus familias. «Está difícil la situación, el dinero cada día es más escaso. Solo logramos mantenernos porque estamos unidos, nos apoyamos entre todos» nos comenta Javier. Caleta de Campos está realizando un esfuerzo sobrehumano, ya que además han acogido a las personas que han sido desplazadas desde La Mira, gente que ha sido amenazada por el narco y que no tienen otra opción más que dejar sus casas.

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Pero el ánimo no decae, la barricada que montaron en febrero pasado hasta el día de hoy es la frontera entre territorio liberado por los comunitarios y el narco, y se mantiene firme a pesar de que ahora casi ya no cuentan con armas ni comunitarios para cumplir una labor efectiva. Tuvieron que rearmarse con las pocas cosas que quedaron porque «todo se fue en la detención».

Principalmente son ahora las mujeres quienes mantienen con vida la barricada las 24 horas. Son ellas las que no bajarán los brazos para entregarle en bandeja su comunidad al narco, ni tampoco al gobierno. Después de lo que sucedió en junio ya perdieron total confianza en la policía. «Acá a los federales les dimos de comer, les abrimos las puertas de nuestras casas y luego nos traicionaron», comenta Juana mientras prepara las tortillas que luego serán repartidas entre todos los voluntarios.

El ánimo es tenso, las miradas nerviosas, han sido golpeados una y otra vez. Durante meses fueron hostigados por la Marina y el Ejército. Constantemente intentaron quitarles las armas, a sabiendas que la consecuencias de aquello sería el avance de los Caballeros Templarios, que tienen una barricada unos pocos kilómetros más adelante, en Chuquiapan. Durante ese tiempo solo contaban con la ayuda de la policía federal, la misma que los alentó a avanzar hacia La Mira y la misma que participó en las detenciones. «Nos enteramos que a nuestra gente la están golpeando, y lo hacen con trapos para que no quede marca», denuncia una vecina.

Lejos de los reflectores de la televisión, los y las habitantes de Caleta de Campos se debaten por su vida y están dispuestos a todo para que liberen a sus familiares presos, continuar la lucha, es eso o volver al régimen del terror templario.

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