“¿Y, si le Erro?” – Cuento-vivencia por José Cruz Pérez Rucobo @JoseCruz777

Publicado el agosto 1, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor @gabriel_Mzuma.

Foto - CNN

Amigos de Radio La Nueva República, aquí un cuento-vivencia que espero les guste:

Más historias de la frontera, en esta ocasión contaré una de las muchas peripecias de un personaje que marcó mi vida (creo que para bien) llamado Quico, quien al ser hermano de mi padre, pasa a ser automáticamente, con mucho orgullo además, el tío Quico, el güero o el alemán.

Mi tio, no tuvo hijos varones, sólo una hija, mi muy querida prima Irmita., puede decirse que tuve la fortuna de tener 3 padres; mi padre biológico Beto y sus 2 hermanos Quico y Aarón. Mi padre tenía varios negocios de venta de fruta callejeros-semi fijos y algunos establecidos (bodegas).

Su principal operador era precisamente Quico, un tipo trabajador y limpio en extremo. A las 5:00 de la mañana ya estaba según decía, “al pie del cañón”, era un hombre corpulento de aproximadamente 110 kgs.

Desde mi punto de vista y de quienes lo conocieron, era un tipo invencible para los golpes. Tanto así que murió invicto, nunca perdió un combate, sólo el del alcohol.

Mencioné que no tuvo hijos varones, por lo que volcó en mi, sus deseos de educar a un hijo varón.

De él aprendí valores que en antaño eran muy apreciados como; honestidad, amor al trabajo, cortesía (más aún con el género femenino) y bravura en la pelea. Como no era ningún aprovechado, cuando algún niño lo molestaba, sí correspondía a mi complexión física, de inmediato me decía “A ver rayo, aplácame a este cabr…”

Cómo una de mis prioridades era agradarle, en ocasiones peleaba a diario, hasta que perdí por completo el miedo natural a los golpes, hecho que me ha sido muy útil en mi vida adulta. El tío Quico no era ningún antisocial, sino todo lo contrario, tenía muchos amigos, sólo que no se dejaba de nadie.

Rudos agentes de la temida policía judicial del estado o bien delincuentes de la peor ralea. preferían llevar la fiesta en paz, no querían tener enfrente tan formidable enemigo.

En cierta ocasión en el lejano 1963 se hizo de palabras con un famoso ex boxeador de peso semi completo, le decían El Benavides, supongo que así se apellidaba (nótese lo intuitivo y analítico), debo aclarar que mi tío no era muy bueno para discutir, de inmediato se encendía.

En esa ocasión deciden citarse en la popular platanera “Colima” a las 6:00 a.m del día siguiente para enfrentarse. La noticia cundió como reguero de pólvora, mi padre de espíritu pacifista intenta disuadirlo, sin lograrlo, faltaba más, la cobardía no estaba en su código genético.

Varios amigos llegan con el mismo fin de mi padre y para ello le muestran ejemplares de la revista Box y Lucha, donde se ilustraba la jerarquía y peligrosidad de El Benavides (no tenía mucho que había sido campeón de los guantes de oro).

Todos los que formábamos parte de su equipo, estábamos preocupados, él tranquilo e imperturbable. Llega el día esperado, mejor dicho la madrugada, la platanera Colima era un hervidero de gente (consistía en un corralón muy grande con varios cuartos de refrigeración), llegamos nosotros primero, momentos después El Benavides.

Necesito hacer algunas precisiones, en esos tiempos había una gran caballerosidad en esos lances, no había ningún tipo de armas, no había trampas, no se le pegaba al caído.

Había algo si salvaje, no se usaban guantes era “a mano limpia”.

La pelea, no respondió a las expectativas, a los primeros golpes mi tío Quico noqueó espectacular mente al rival, la pelea había provocado fuertes apuestas las cuales se pagaron de inmediato. Vuelven en si al Benavides, se dan la mano y aquí no ha pasado nada.

Eran otros tiempos, era mi Juárez entrañable. Entiendo que en los tiempos actuales ven muy mal la forma que se nos educó a los de mi generación, quizá hubo muchas fallas, pero se nos enseñaba a ser hombres de bien.

Ese formidable personaje, fue el artífice directo para que yo hiciera como él decía “mi primera comunión” a los 12 años, por supuesto no me refiero al sacramento de la eucaristía (echen a volar la imaginación).

Ahora, todo causa traumas, en mi caso no estoy solo conforme sino orgulloso de tan machista educación. A propósito, de ninguna manera incluía la ingesta de alcohol, todo lo contrario, se me enseñó a aborrecer ese vicio.

El día de descanso de el Güero era el jueves (y no todo el día, había que ir a abrir los negocios), pecado mortal que se pidiera el sábado, menos aún el domingo por ser los días de mejor venta.

Regularmente íbamos (varios empleados) a la alberca La Imperial o a La Enramada, todos nadadores consumados.

Recuerdo que en el año 1960 se inauguró el parque de La Altavista, mismo que contaba con una piscina olímpica, con sus respectivos trampolines de 3 y 5 mts. además de la plataforma de 10 mts.

Para evitar un accidente con los mirones que nunca faltaban, antes de subir la escalera de la plataforma había un letrero en que exigía tirarse al agua si se subía hasta esa instancia, mi tío que como mencioné era un auténtico tritón, además no acostumbrado a que se le prohibiera nada ¿de dónde saqué ese rasgo? Ignoró el aviso y subió en forma chirindonga hasta lo más elevado (plataforma).

El salvavidas (escuálido joven de 60 kgs. aprox.) se fue tras de mi tío, y al ver que no se decidió lanzarse al agua, lo increpó y trató de hacerle entender que estaba obligado a tirarse, merced al letrero muy claro al respecto.

Se enfurece mi tío y le espeta ¿quién me va a obligar a hacerlo, tu? ¿Y si le erro pendejo? Exagerado como era, nos comentó poco después que; de arriba la alberca se veía como de 5 mts. cuadrados y había el riesgo según él de caer fuera del agua. Hubo de pagar una multa económica y ¡san se acabó!

Foto – CNN

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