Una Vida Poco Interesante – Cuento de José Cruz Pérez Rucobo @JoseCruz777

Publicado el agosto 19, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

Pistola Amigos, la truculenta historia presente, no se si encuadre en lo que es un cuento. Podría ser una novela corta. En la vida, no sólo existen historias rosas.

Una Vida Poco Interesante
Autor: José Cruz Pérez Rucobo de Diario19.com

¿Que le cuente mi vida ha dicho? No tendría sentido, nada interesante he hecho, jamás he asesinado a alguien, no he ido a la luna (Por más que muchos piensen que ahí vivo), no tomé parte en ninguna guerra, no participo políticamente ni profeso ninguna religión, nada interesante que valga la pena de ser contado puedo relatarle.

¿Se va, por qué tan pronto? En este desolado pueblo, donde es tan raro encontrar a una persona con quien platicar, no, no puedo permitir que se vaya, más, cuando no ha probado el café que puso en la lumbre mi mujer.

Me dice que es Escritor y que toda persona ha hecho algo relevante en su vida, por anodino e insignificante que se piense. casi me atrevo a contarle de una pasión devoradora entre… una mujer casada y yo, pero, vayamos al estudio, no quiero herir a la buena Matilde, con andanzas pasadas, que desde luego ignora.

Nos instalamos allá, y usted podrá darle forma literaria, a esto que no es mas que una prosaica relación adúltera con ribetes de tragedia.
Todo pasó en la gran ciudad donde tantas historias cotidianas se entrelazan haciendo un gigantesco mosaico de situaciones, pasiones, triunfos y fracasos.

En un club deportivo-social la conocí, desde ese primer instante quedé prendado de su belleza, de su prestancia, de sus turgentes formas… ella, contaba con 30 años de edad, tenía dos hijos y estaba (lo está aún) casada con un tipo un poco menor que ella y padre únicamente de el menor.

El marido era el reverso de la medalla de ella, apocado, gris, insulso. Todo estaba preparado para un tórrido romance con esa impactante mujer. Desde los primeros escarceos amorosos, la mujer intuyó lo que se veía venir, y me dijo, “no me hables tan bonito, porque vas a hacer que me enamore”. ¡la suerte estaba echada! El desenlace fue el más lógico y predecible.

Lo que hacía más sórdida la relación, es que no era el triángulo amoroso acostumbrado (el hombre la mujer y su amante, o, la mujer su marido y el amante). Sino un cuadrado por ser ella casada y yo también con una pareja anterior.

Le hablaba de una pasión desbordante, fuera de lo común, con un ingrediente que la volvía fantástica, la dama es multiorgásmica, extraña condición sexual en las mujeres que las posibilita a experimentar, intensos y sucesivos orgasmos.

Era esa mujer mi complemento idóneo, debido a que me jactaba de poder retener la eyaculación por lapsos inusualmente largos. Era, lo que se dice ¡hecha a mi medida! También la arrojó a mis brazos, la indolencia y el desinterés del marido hacia ese volcán que tenía (tiene) por esposa., con expresiones como esta “es que no me motivas”, la mujer era brasa ardiendo, llama viva, su presencia era motivante en si.

Fueron años de intensas emociones, de celos injustificados de mi hacia él, y de ella hacia mi pareja de entonces., parecía que nada podría saciarnos, nuestros encuentros eran cada vez más intensos, con explosiones de; furia, amor, dolor, ternura… pero todo llevado al límite.

Le dije que nunca he asesinado, lo cual es verdad, sin embargo cuan fácil es llegar a ello cuando se desatan las cuerdas de la pasión doblegan todo acto de conciencia y canon social, la animalidad se apodera de el más cuerdo.

En cierta ocasión quedé de recogerla cerca de su domicilio conyugal, pero sucedió que el marido no fue a trabajar por hallarse enfermo, ella, desesperada no veía la forma de comunicármelo. tuvo la pésima idea de hacerse acompañar por él, e ir a un comercio cercano, con la peregrina idea de que la viera y así comprendiera su no asistencia a la cita.
Su mala decisión y mi locura casi provocaron una tragedia.

Impaciente, la esperaba en mi automóvil, cuando la vi venir del brazo de ese… no reaccioné cómo ella lo esperaba, sentí que una especie de pintura roja empañó mi vista, mi cerebro se embotó y sólo pensé en hacerles daño.

Me fajé la escuadra calibre 45 al cinto ¿Qué por qué usaba armas? La portaba debido a que era propietario de una casa de cambio, la traía sólo como protección. Le decía que me encaminé hacia ellos, ella palideció, su color de cera era impactante, en cambio el inocente esposo iba confiado en lo que pudo ser el último momento de su vida.

Lo empujo, y con felonía me finjo agredido, le aplico un salvaje puñetazo que lo derriba en forma lamentable debido a su estatura (es bastante alto, digamos 10 cms. más que yo), saco la escuadra, corto cartucho y… cuando estaba a punto de accionar el gatillo, un grito desgarrador de ella me hizo volver y darme cuenta de mi villanía, sus palabras aún resuenan en mis oídos, ¡no lo mates maldito!

El hombrón tendido, también balbuceaba suplicante por su vida. No se si supo alguna vez, el verdadero motivo de la agresión o bien no quiso darse cuenta. El ser humano tiende a no querer darse saber de cosas que pueden destruirlo, prefiere ignorarlas.

Tiempo después, cuando aceptó ella de verse de nuevo conmigo, me dijo sollozando, ¿por qué quisiste matarlo, si nosotros somos quienes estamos haciendo el daño? No hallé que contestar, sólo atiné a decir que, una pasión como la nuestra, embota y envenena los sentidos y la razón.

¿Qué pasó con nosotros? seguimos con nuestra relación por un corto tiempo, ya nada fue igual. El casi derramamiento de sangre inocente, nos impidió por suerte que siguiéramos adelante con esa relación perversa, física, animal. Que nos hubiera destruido a ambos.

¿Que hombre puede tener tranquilidad con una hembra codiciada todos cuantos la conocen? Nos alejamos, ella se fue a vivir a otra ciudad, y yo, ya ve, en este apacible lugar.

¿Le gustó la historia? quédese esta noche como nuestro invitado de honor, mañana a primera hora lo llevo a la estación, gracias por escucharme, siento una especie de liberación al relatarlo, ahora puedo estar más tranquilo conmigo mismo, ¿más café?

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