ROSARIO – Novela corta por José Cruz Pérez Rucobo @JoseCruz777

Publicado el septiembre 13, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

19730_mujer_rural
Autor: José Cruz Pérez Rucobo

Por la región centro-sur del estado, cerca de una modesta ciudad que es cabecera, existe una pequeña ranchería. En donde vivían los Álvarez, el padre jornalero con un sueldo marcadamente insuficiente para alimentar a su numerosa familia, haciendo verdaderos malabares para medio comer, medio vestir, medio vivir.

La particularidad de los Álvarez es que sólo tenían hijas, bonitas si, pero con esa seña marcada a fuego que es el hambre pocas veces saciada. Una de ellas, Rosario, la segunda luego de la mayor, destacaba por su buena presencia, notable pese a la ropa de bajo costo que usaba, mucha de ella confeccionada en la antigua y destartalada máquina Singer de la madre.

Su distinción, y el verse asediada por los hombres la hicieron un tanto coqueta lo que marcaría su vida. A los 16 años conoce a un joven del pueblo, el cual era conocido como, el Olmos, al que sin muchos preámbulos le entregó su cuerpo, su virginidad y sus ilusiones.

Resulta embarazada y el seductor como es común en estos casos huye precipitadamente, dejando a Rosario con su preciosa aunque inoportuna carga. En esas comunidades rurales no hay un disfrute a cabalidad de la niñez ni de la adolescencia, debido a que desde muy pequeños ayudan a sus padres con diferentes actividades; limpieza de la tierra (escarda), siembra de la misma, recolección de los frutos (cosecha-pizca), alimentación de las aves de corral, ordeña de vacas y chivas, trabajos de construcción…

Rosario no fue una buena estudiante en su breve paso por la escuela, terminando a duras penas con la secundaria.
Después de nueve meses de solitaria espera nace Julián, como el vivo retrato del padre fugitivo.

La joven madre atendiendo al llamado de su fogosa naturaleza, tiene varios encuentros sexuales con vecinos de la comunidad, sin el imponderable de un nuevo estado de preñez, Julián es un niño habilidoso y simpático, que si bien no tiene padre, tiene una madre que se basta y sobra.

Los primeros años de Julián la colman de dicha, sigue trabajando en el campo sin muchas expectativas de un futuro halagüeño. Cuando el niño tiene 5 años y ella 22, llega a la comunidad un joven médico proveniente de la capital del estado para llevar a cabo su año de internado.

El Dr. Antonio Viguería, de 25 años es un anodino personaje, poco agraciado físicamente, miembro de una tradicional familia capitalina. Debido a la ley de la física que dice; -polos opuestos se atraen- conoce a Rosario y se enamora de ella, en él es amor sin duda, en ella, incluye una dosis de agradecimiento y otra de interés.

El júbilo de la familia de la novia es manifiesto, sin embargo en la del novio no hay la misma algarabía, los que hubieran preferido que la elección recayera en una muchacha “bien”, de “buena” familia y profesionista para su hijo.

El Dr. Viguería y la ahora Sra. Viguería, se instalan en la cabecera municipal, donde él con ayuda de su familia instala un pequeño consultorio, posteriormente al paso de poco tiempo, edifica una modesta clínica.

Al año de su matrimonio, nace una hermosa niña a la que nombran Lupita, fortaleciendo con ello su sagrado vínculo. El único, aunque importante inconveniente, es que el apetito sexual de uno y otro cónyuge difiere en intensidad. Ella tenía necesidades que el marido no tenía con que saciarlas.

La vida sigue su curso y en ese devenir, ellos se consolidan económicamente, amplían la clínica, le anexan una farmacia y construyen una bonita, moderna y funcional casa. aquí sería ideal que terminara la historia, sin embargo la vida obedece a otra lógica, que la mayoría no comprendemos.

Julián de 19 años y con una apostura sobresaliente, cursa su carrera de ingeniería en el tecnológico de un municipio aledaño, donde sostiene una relación de noviazgo con una simpática jovencita, hija de un prominente hombre de negocios, lícitos e ilícitos, el que no ve con buenos ojos esa relación, con la esperanza que no llegue muy lejos -se equivocó y por mucho-.

Su hija Alejandra y Julián, desoyendo consejos, ruegos, prohibiciones y advertencias, se casan a pesar de todo. Con el vigor que sus 19 y 17 años les proveen -a cierta edad no se miden consecuencias- lo que rige es el deseo.

Julián es integrado a las empresas de su peligroso y temido suegro, adquieren automóvil del año y estrenan casa nueva, todo parece perfecto pero, ¡no lo es! Tienen problemas de violencia intrafamiliar, Julián golpea a Alejandra, y como todo tiende a degenerar las golpizas se repiten y agravan.

Ella lo trató de ocultar, hasta que las huellas del maltrato no se lo permitieron. Al enterarse Don Erasmo, padre de Alejandra, que su adorada hija es tundida por quien debía amarla y protegerla. Loco de rabia, ordena a unos matones a su servicio, que destierren de inmediato al yerno y a toda la familia del poblado.

Estos, se presentan alrededor de las 11;00 p.m y les dan el siguiente ultimátum; “tienen 48 horas para largarse del pueblo, sí no lo hacen, se mueren”, la orden es perentoria y de inmediato acatamiento.

Dejan todo; propiedades, negocios, su vida misma y emigran a la capital del estado con la familia del doctor, ¿ahí terminan las desgracias? No, algo pasó en el nuevo lugar de residencia, el pueblo comenta muchas cosas, la más recurrente es que; en la capital, Rosario engaño al Dr. Viguería (comportamiento común en las mujeres originarias de poblaciones semi rurales, las que al llegar a la gran ciudad, esta las absorbe, las deslumbra y las impregna fácilmente con sus vicios y degradación).

Rosario ha regresado al pueblo, sin hijos, sin dinero, sin marido, avejentada, triste, sin esa coquetería que la hacía tan especial. La gente ignora en realidad la tragedia que la embarga y que ella oculta. Se le ve de nuevo en los campos agrícolas, trabajando, como en un principio, como un espectro, ¡cuestión de suerte!

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: