¿Pero, Cómo? por @JoseCruz777

Publicado el Octubre 15, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

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Amigos les envío el siguiente cuento-novela.
Autor: José Cruz Pérez Rucobo

Se menciona con insistencia que la realidad supera a la ficción, se repite tanto que se ha convertido en un cliché. Sin embargo tiene mucho de cierto, hoy pude percatarme de ello, al conocer una historia que se antoja fantástica pero es real.

Antonio -nombre supuesto-, es un buen hombre de entre 40 ó 42 años, los hombres en México regularmente no cumplimos 41 años.

Originario del estado mas occidental del país -Jalisco- es un hombre afable y de fácil comunicación, lo que le permite hacer amigos rápidamente -yo entre ellos-, fue deportado de los EUA donde estaba bien instalado a petición de su ex esposa, la que aprovechando su estatus migratorio -ciudadanía-, al tener conflictos de pareja con Antonio -residente, green card-, lo acusó de supuestos malos tratos, lo que provocó que este fuera despojado de su residencia, hijos, posesiones y prácticamente fuera corrido de ese país.

Llega a esta región, sin un centavo en el bolsillo, pero sus muchas cualidades permiten que sea contratado en una empresa local, asiste con regularidad a mi comercio, me cuenta su historia y empieza una buena amistad. Dentro de sus muchas aptitudes, es cocinero de platillos internacionales, oficio aprendido en San Antonio Tx.

Un buen día decide hacer un platillo en base a camarones para sus nuevos amigos del trabajo, no pide ninguna cooperación, el solo carga con los gastos -espléndido el hombre-, bueno hasta yo alcancé, me deleité con un bien presentado platillo que me ofreció.

De esa calidad de persona es Antonio, me olvide de mencionar que su estatura es digamos petit, no creo que pase del 1.60 mts. Antonio consigue un trabajo mejor y cambia su ruta, cuando ocasionalmente pasaba por mi lugar de trabajo invariablemente me saludaba.

Tiempo después, hará cosa de 10 meses lo encontré en un centro comercial, iba acompañado de una horripilante jovencita de alrededor de 22 años, la que me presenta como su futura esposa, me dice que por el mes de mayo se casarán, que pasa luego a dejarme la invitación.

Quedé estupefacto por la fealdad de la futura contrayente, fea, pero como de concurso, fea como pegarle a Dios en viernes santo, la ve alguien a las 3 de la mañana después de una copiosa ingestión de alcohol y… se le quita la borrachera o se le descompensa el azúcar.
Quizá no era tan fea y sólo era, ¡diferente!

Pensarán ustedes, quizá tenga buen cuerpo, no, es extremadamente delgada, sin las protuberancias carnales tan apreciadas por los hedonistas -los que buscan el placer físico- como “el primo de un amigo”. Ah, su estatura es entre 10 y 17 centímetros más que la de Antonio y tiene 2 niños de relaciones anteriores.

Pasan los meses… en los primeros de ellos, cuando pasaban por mi negocio llegaban a saludarme, después espacian las visitas. Luego sólo Antonio pasaba en la camioneta de su trabajo, me pregunté varias veces acerca del paradero de la consorte, suponiendo que ya estaban casados y que me omitieron como asistente a su enlace matrimonial.

Hace pocos días Antonio pasa a píe, me saluda amable como siempre y le pregunto por su esposa, los colores huyen de su rostro y lívido me comenta; “la dejé porque era muy liviana -la encontró con otro- y porque pretendía que la mantuviera a ella, los niños y a su padre, el que encima es muy exigente”, ¡ah caray! Dije sorprendido, ¿ella te engañaba a ti?

¿Y pretendía que también mantuvieras a su padre? En lugar de que él te pagara a ti por hacerte cargo de semejante adefesio, ¿pero, cómo?
Cómo moraleja voy a recomendar el uso exhaustivo de espejos, para de esa manera no perder el piso, la perspectiva, la razón. Es muy sano conocernos a fondo, nos evitaríamos desilusiones y bochornos.

“El carnaval de la vida engaña tanto
Que las vidas son crueles mascaradas
aquí aprendemos a reír con llanto
Y también a llorar con carcajadas”
Párrafo final de la poesía “Reír Llorando” de Juan de Dios Peza

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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