El Misterio del Refrigerador – Cuento por José Cruz Pérez Rucobo @JoseCruz777

Publicado el Octubre 27, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

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El Misterio del Refrigerador
Autor: José Cruz Pérez Rucobo

En una de tantas empresas maquiladoras de Cd. Juárez se suscitó esta historia que, en honor de la verdad no es de espanto, sino más bien es una comedia de situaciones, malos entendidos, pésima comunicación y desenlace chusco.

Jaime se desempeñaba como supervisor de control de calidad en esa fábrica -así se les llama en forma genérica- donde se elaboraban arneses automotrices -el arnés es el cableado eléctrico de un automóvil- siendo este tan complejo como costoso fuera el auto o camioneta, a más funciones, más cableado.

Tenían por costumbre una reunión de staff los viernes por espacio de dos horas, para abordar asuntos ajenos al trabajo ahí realizado. El staff estaba compuesto por; supervisores, gerentes, superintendentes y personal de ingeniería.

El objetivo era aprovechar las experiencias y conocimientos de cada uno de ellos, debido a que había una amalgama de profesiones entre el referido staff. Ingenieros -mayoría-, administradores, economistas -solo Jaime-, mercadólogos, abogados, químicos etc.

Cada semana les tocaba a alguno de ellos exponer un tema a su elección, luego había una sección de preguntas -si las hubiera-. Les voy a relatar 2 ó 3 de ellas, reservando para el grand finale, la que considero la estelar o más graciosa.

En la primera de ellas, un ingeniero de Oaxaca bastante impreparado, expuso su tema deficientemente, Jaime era -es- intolerante con la cortedad intelectual, sobre todo si el poseedor tenía estudios superiores, con sus empleados era tolerante en extremo. De tal manera que lo empezó a bombardear con un torrente de preguntas a sabiendas de que no iban a ser respondidas.

Cabe hacer notar que Jaime tiene una extraña habilidad para desesperar a la gente que con él disiente-discute. El momento culminante llegó cuando el ingeniero de Oaxaca perdió los estribos y literalmente enloqueció, se alejó gritando como poseso de la sala de juntas. justo castigo a quien entre otras cosas era un barbero redomado -cosa usual, barbero = a inepto-.

Otra ocasión memorable fue cuando un simpático ingeniero del Estado de Guerrero les habló de la gran producción frutícola de su estado, haciendo ofensivo hincapié en que aquí en Chihuahua no se producía nada de fruta. Jaime empezó a notar inconsistencias en su “vasto” conocimiento, merced a que su padre había sido comerciante en frutas y desde pequeño vio crecer, comió y vendió de casi todos los frutos, que si bien no se producían en Chihuahua, si se comercializaban.

En el momento de las preguntas Jaime le inquirió, ¿conoces el árbol que da jícamas, es decir el jícamo? Lo tomó fuera de la base, pero, improvisador y mentiroso como era dijo, “Como no, cuando salía de clases en la secundaria me sentaba a la frondosa sombra de un jícamo, Jaime riéndose le dice, “Si serás mentiroso la jícama es un tubérculo se da bajo tierra como las papas y el camote”.

Lo bueno fue cuando una ingeniera de los Mochis Sin. les explicó con mucho detalle la forma de producir yogur natural -uso de animalitos llamados búlgaros incluidos-, siguió explicando, luego de dar todo el proceso de elaboración, como paso final se mete al refrigerador a 28 grados. A Jaime de inmediato le saltó el dato y le dice, “espérame ingeniera, no puedes meter nada a un refrigerador que esté a 28 grados, ¿estamos hablando de grados centígrados?

Le contesta, “si Jaime a 28 grados centígrados, cómo vas a saber mas tu que yo que lo hice”. Le dice Jaime con el tono doctoral que lo caracteriza, “un refrigerador tiene una temperatura que fluctúa entre los 0 grados y los +4 grados, no 28 grados”.

Algunos paisanos suyos conmovidos le aconsejan, si ingeniera tiene razón Jaime el refrigerador no puede estar a una temperatura de 28 grados, ¡he ahí el gran misterio! Este, tuvo un curioso desenlace, la cuestionada exponente suelta dramáticamente el llanto y entre hipeos les dice ¡es que el refrigerador estaba descompuesto! Ah bueno, siendo así bien pudiste haberlo metido a un ropero, a un trinchador o a la lavadora, siempre y cuando no esté trabajando, ¿qué cosas no?

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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