#Ayotzinapa: Versiones extrañas y contradictorias

Publicado el Noviembre 13, 2014, Bajo Noticias, Política, Autor Gloriamlo.

Desde los primeros minutos del 27 de septiembre y hasta las tres de la tarde una pira fúnebre provocada por la combustión de llantas, plásticos, leños, botellas, latas y basura, y alimentada por diésel y gasolina, redujo a cenizas “a un amplio número de personas” en el basurero de Cocula. Eso, según la versión del titular de la PGR, Jesús Murillo Karam.

Ayotzinapa-normalistas desaparecidos

Marcela Turati
Violencia Social

Los asesinos –unas 14 personas, tres de ellas confesas– presuntamente quemaron y requemaron los huesos hasta pulverizarlos. Esperaron a que se enfriaran para fracturarlos en piezas pequeñas, luego los depositaron en bolsas de plástico negras y los esparcieron en el río Cocula. Todo un operativo, dijo el funcionario, para borrar evidencias; el nivel de degradación de los huesos hará difícil su identificación genética.

Como muestra, Murillo Karam exhibió fotos de los supuestos hallazgos en el fondo del basurero conocido como El Hoyo del Papayo (casquillos de bala, pedazos de tierra quemada, dientes y fragmentos de huesos). Las tomas se hicieron en el sitio que, el 28 de septiembre, captó el grupo de fotógrafos que él mismo invitó a conocer: al fondo de un cráter al que los peritos sólo pudieron bajar a rapel.

La tortura de los normalistas no fue detectada porque, según indicó, el basurero está lejos de la población (que seguramente vive atemorizada) y se hizo debajo de una barranca; no entró más el camión de la basura.

Las preguntas se multiplican: ¿Acaso no llamó la atención una quema de tal magnitud? ¿No se detectó el humo o los olores? ¿Realmente El Papayo era un lugar abandonado? ¿Nadie entró durante un mes a tirar basura? Si los cuerpos fueron quemados en el fondo del barranco, ¿cómo subieron los supuestos despojos si el terreno es imposible? ¿Dónde queda el río al que fueron echados?

El procurador señaló que dos empleados que conducían el camión de la basura 01 fueron interceptados (Murillo Karam no indicó la fecha) por dos de los asesinos confesos, quienes les impidieron el paso y les ordenaron que regresaran.

“Esta versión fue en un primer momento narrada por dos de los detenidos y posteriormente confirmada por los propios empleados del municipio de Cocula, quienes además reconocieron a los detenidos como los mismos que les impidieron el paso, señalando que no se habían acercado a declarar motu proprio en razón de tener temor a represalias; viendo todo esto entiende uno ese temor”, dijo.

Esa versión es distinta a la que Proceso encontró al hablar con el alcalde de Cocula y los trabajadores que usan los tres camiones de basura que dan servicio al municipio.

El 28 de octubre, día que se anunció el operativo en el basurero El Papayo, los empleados del Departamento de Limpia no se mostraron nerviosos. Dijeron que ese camino es transitado por bastantes personas que van a sus milpas; uno de ellos incluso llevó a un grupo de reporteros a las casas de sus colegas. Ninguno parecía asustado.

Otros testimonios

El señor Rosí Millán, quien maneja el camión que sube a El Papayo, manifestó que el miércoles anterior –el 22 de octubre– tropas del Ejército le cerraron el paso para que no subiera.

“Ya la última vez no (subimos). El miércoles de la semana (ante)pasada nos dijeron que no subiéramos pa’rriba ahorita. Registraron las camionetas…Que si no hemos topado personas sospechosas –nos preguntaron –. Dijimos que no”, comentó Millán. Se encontraba en su casa, acompañado por su madre. Se mostraba tranquilo, aunque sorprendido por la noticia del hallazgo de cuerpos.

“Yo iba a pasar el día que encontraron los cuerpos. Ellos dijeron que iba a haber paso hasta que se esclareciera esto”, agrega.

–¿Por qué cree que le bloquearon el paso –se le pregunta.

–Yo creo que ya sabían.

No le permitieron vaciar la basura que llevaba. Le dijeron que se fuera a algún otro de los basureros que hay en el municipio, y así lo hizo. Los otros dos camiones recolectores, por ser más nuevos, evitaban subir a El Papayo, un lugar muy empinado donde fácilmente se ponchan las llantas.

El señor Millán, quien lleva siete años trabajando en la recolección de basura, dice que en el cráter que mostraron ese día los noticieros y donde habrían sido asesinados los estudiantes –según dijo la procuraduría 12 días después de la entrevista–, es un hoyo donde a veces se tira basura orgánica y donde un pepenador anciano quema plásticos.

“Nunca hemos topado nada: gente campesina que va con su burrito y leña. La verdad no hemos visto nada”, reitera. Y añade que algunos pepenadores entran a juntar plástico o a quemar su basura. Es un lugar donde existe movimiento.

El señor Teófilo Quesada, chofer de otro camión, señala que por ese lugar mucha gente sube con camionetas o camina en busca de leña. Él ya no sube porque el regidor se enoja si el camión se atasca o sufre una ponchadura.

Wenceslao Rifas Ochoa, quien acompaña a Rosí Millán en todos sus viajes, reitera la versión. El día de la entrevista festejaba con la comunidad a San Judas Tadeo. En el cielo se escuchaban los sonidos de los cohetones que se entrelazaban con los de los helicópteros que se estacionaban en un campo deportivo.

En una de las naves viajaba Tomás Zerón, el director de la Agencia de Investigación Criminal y encargado del operativo, a quien los fotógrafos captaron junto al supuesto asesino confeso apodado Chereje, Agustín García Reyes. Custodiado por un hombre armado, éste condujo a los investigadores a la orilla del río donde supuestamente fueron tirados los restos.

“Andan todo alrededor –dice Rosí–, ya tienen días que ya llegaron ahí”.

Proceso consultó con forenses locales sobre qué tan común es la quema de cadáveres con diésel y gasolina en la zona de Iguala. El doctor Édgar Lemus Delgado, asesor de medicina legal y forense en el estado, comenta que en los más de 20 años que lleva vinculado al Semefo de Chilpancingo no ha recibido restos de personas ultimadas con esa técnica “de uso de acelerantes” para quemarlos rápido.

El director de panteones de Iguala, Ernesto Lome Quezada, quien se encarga de dar sepultura a los restos encontrados en fosas de su municipio y de los alrededores, se muestra sorprendido por la técnica utilizada por los sicarios: “Es sorprendente que digan que fueron calcinados. En dos años no he visto nada así. He visto más de restos óseos pero no que los hubieran quemado”.

Fuente: Proceso

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