¿Cuánto Das? – Por José Cruz Pérez Rucobo @JoseCruz777

Publicado el Noviembre 23, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

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Autor: José Cruz Pérez Rucobo
Género, cuento.

Chihuahua y sus particularidades, siendo Martín originario de la frontera -Cd. Juárez-, desde muy joven -15 años- tuvo sus primeros automóviles, deben de saber que en esta área geográfica del mundo -sur de los EUA, norte de México- es donde se consiguen los automóviles mas baratos, tijuanenses, sonorenses, coahuilenses y tamaulipecos absténganse de anotarse, porque ustedes reciben unidades de otras entidades de la Unión Americana, los que aunque en mejores condiciones mecánicas, son mas caros.

Martín emigró a la región noroeste de mismo estado, donde se percató -es muy evidente- que los vendedores de autos usados de aquí, son muy voraces y aprovechados. Ellos, ven “natural” ganarle el doble y en ocasiones el triple a las unidades que venden respecto al costo original. Desde su óptica eso es incorrecto, su filosofía personal es; “un buen negocio es el que conviene a ambas partes, no cuando uno de los actores del trato comercial se aprovecha de la candidez del otro”.

En un mercado tan vasto de unidades -regularmente desechadas de EUA- se da mucho el cambio, y cuando un automóvil supera en costo a otro se pide “coleada”, la cual es una especie de compensación para equilibrar el trato.

En este otro sub-mundo de los negocios de compraventa, también se presta a timos o abusos, algunos hasta cómicos. Ejemplo, un individuo tiene una unidad de digamos $20,000.00, otro sujeto con un mugrero de $8,000.00 le propone el cambio, sí adicionalmente el propietario de auto casi chatarra es de esos muy vivos, en forma inverosímil y absurda le pide coleada al propietario del auto con mas valor, precisamente de eso versa esta historia.

Viviendo Martín en la Chona City -Ascensión Chih.- hará cosa de 11 años -2003- uno de sus automóviles era un Montecarlo SS modelo 1985, el cual es considerado un clásico por los conocedores, tenía sus placas nacionales, llantas anchas y casi nuevas, buen sonido y excelente motor., cuyo costo aproximado era de $18,000.00.

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Un cliente ocasional de su negocio, tenía un Chavrolet Cavalier mod. 1986 americano, se notaba en buenas condiciones y además tenía la particularidad de ser convertible, cuyo costo aproximado era de $7,500.00. Un buen día le dice don Tomás -así se llamaba el abusón- “vamos cambiándolos”, a Martín se le hizo mono el convertible y le dice, ¿cómo le haríamos?

Inusitadamente don Tomás le pide coleada, “él a Martín”, Martín contesta “no es posible que me pida dinero debido a que mi auto vale mucho mas que el suyo”, a lo que don Tomás socarronamente repite, ¿cuánto das? y ahí tiene a Martín tratando de razonar con ese imbécil, el que seguía repitiendo con sorna, ¿cuánto das? Esa noche no pudo dormir, en sus pesadillas aparecía con insistencia el ¿cuánto das?

Se aleja don Tomás dejando a Martín enchinchado de rabia, no contra él, sino contra si mismo, no entendía cómo una persona con tan poca inteligencia lo hizo salirse de sus casillas -lo cual no es raro ni difícil dado su carácter explosivo-, clamando venganza idea un plan.

Días después del desaguisado, paseando Martín por el pueblo -town- se lo topa y le dice “no puedo darle mas de 700 dlls de coleada” se emociona don Tomás y le grita, párate ahí, ahora el socarrón es Martín y dócilmente se baja de su auto. Le dice don Tomás cómicamente, de perdida dame 800 dlls.

Martín esboza un sonrisa y responde con saña, nada mas 700 dlls. y eso porque me los van a enviar de “el otro lado”, ¿los quiere en pesos o en dólares? Inocentemente responde don Tomás, en dólares.
Harían el trato una vez que le llegara el “supuesto” dinero.

Esa misma tarde visita don Tomás a Martín e iba acompañado de su esposa, la que encima comentó, las placas están vencidas -debían un año-, Martín estaba muy divertido con ellos, mostrándoles la poderosa máquina, el potente sonido y ponderando el piso/grosor de las llantas.

Los pobres señores ya estaban incluso repartiendo el auto entre sus hijos. Y así los trajo por algunos meses, hasta que don Tomás ya muy desesperado por tan larga espera le dice, vamos cambiándolos así parejos cuero por cuero. Le contesta Martín, no amigo, su vehículo es demasiado valioso, no podría hacer eso.

El inocente y aspirante a aprovechado sujeto, tal vez nunca entendió que todo fue una cruel burla con tintes de venganza de Martín.
Espero que eso le quite lo ¡ventajoso, socarrón y sarro! -Me encanta esa palabra, usada por la clase popular de Juárez para designar a una persona despreciable-.

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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