Historia de un antimonumento que salió de la nada: +43

Publicado el abril 26, 2015, Bajo Nacional, Autor LluviadeCafe.

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POLEMON

26 de abril de 2015. Con el apoyo irrestricto de los padres de los 43 normalistas desaparecidos la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala y gracias al talento y al trabajo de un colectivo de artistas plásticos, una pequeña multitud colocó esta tarde un “antimonumento” en el Paseo de la Reforma.

Compuesto de tres figuras armadas con placa de metal –un signo de más y los números cuatro y tres– la pieza recuerda no sólo a los estudiantes que se llevaron diversos agentes del Estado mexicano aquella noche, siete meses atrás, sino a todas las víctimas de desaparición forzada en México.

Obra planeada durante dos meses en medio de la discreción más absoluta, fundida y soldada en un lugar que nadie conoce, transportada en vehículos colmados de diversas mercancías, el “antimonumento” llegó a la mal denominada “esquina de la información”, donde coexisten los periódicos Excélsior y El Universal, la Lotería Nacional y la Cáscara de Plátano de Sebastián, a las 10 de la mañana de este domingo.

La estrategia consistía en estacionar sobre la calle de Edison un camión modelo Thorton, el último de los vehículos que formaron la cadena de traslado, y dejarlo ahí hasta las dos de la tarde, en espera de que terminara el paseo dominical de los ciclistas para no estorbarlos.

Instalación del Antimonumento +43. Fotos: Alfredo López Casanova e Ivelín Meza
Instalación del Antimonumento +43. Fotos: Ivelín Meza
Sin embargo, por alguna misteriosa razón, la calle Edison, a las 10 de la mañana, estaba repleta de granaderos. Reunidos en un café los padres de los normalistas con los artistas plásticos y la comisión de albañiles voluntarios que iban a anclar la obra, decidieron estacionar el Thornon a espaldas del Frontón México y se distribuyeron responsabilidades.

Acompañado por el subdirector de derechos humanos del Centro Pro, miembros de Serapaz, activistas de la Marabunta, miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas y de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, así como periodistas nacionales e internacionales, el Thorton comenzó a desplazarse rumbo a su destino.

Como parte de la operación había un templete, con micrófonos, equipo de sonido y músicos, delante de la Lotería Nacional, donde en esos momentos hablaba para los padres de los muchachos de Ayotzinapa la actriz, directora escénica y dramaturga Jesusa Rodríguez.

Dos hileras de policías de tránsito aparecieron en Reforma mientras el Thornton se acomodaba junto al camellón y decenas de brazos empezaron a colocar las figuras, cada una de 200 kilogramos en promedio, sobre decenas de espaldas que no se troncharon al llevarlas hasta la jardinera donde ya están plantadas.

Instalación del Antimonumento +43. Fotos: Alfredo López Casanova e Ivelín Meza
Instalación del Antimonumento +43. Fotos: Ivelín Meza
Todo se hizo tan rápido que, una vez cumplida su tarea, el camión se alejó de la escena con la mayor rapidez posible, aunque no llegó muy lejos. Una patrulla de la Policía Judicial capitalina lo detuvo en Insurgentes y Reforma. Mientras el chofer llamaba al subdirector de derechos humanos del Centro Pro, los artistas se acercaron al vehículo porque adentro, con las prisas, habían olvidado una inscripción, hecha también sobre metal, que dice: “Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

El subdirector de derechos humanos del Centro Pro habló por teléfono con el secretario de Gobierno del Distrito Federal y logró que chofer y camión fueran liberados. Pero dos cuadras más adelante, una de las corporaciones policiacas más repudiadas en esta ciudad, la de las grúas de Tránsito, volvió a detener el camión y dos energúmenos golpearon al chofer y lo remitieron al corralón de Tlahuac.

Maestros albañiles y artistas plásticos trabajaron dos horas, derritiéndose bajo el rayo del sol, mientras la gente pasaba y se detenía a observar el antimonumento sin dar crédito a sus ojos. Muchos más se acercaron a verlo de cerca. Una frase comenzó a repetirse aquí y allá con ligeras variaciones: “Qué buena idea”, “Es una magnífica idea”, “Me parece una idea formidable”.

Padres y madres de los normalistas de Ayotzinapa durante la instalación del Antimonumento +43. Fotos: Alfredo López Casanova e Ivelín Meza
Padres y madres de los normalistas de Ayotzinapa durante la instalación del Antimonumento +43. Fotos: Ivelín Meza
No tardaron en aparecer los reporteros motociclistas de los canales de radio que informan sobre el tráfico, alertados por las redes sociales que ya propagaban la noticia. Pronto llegaron fotógrafos de La Jornada y Proceso, una periodista del Expresso de Milán, otra de Milenio, pero ningún representante de los periódicos que están ahí nomás: El Universal y Excélsior.

Una vez que el antimonumento quedó instalado, los padres de los 43 –no todos, porque muchos más estaban en Chilpancingo, en una violenta manifestación que fue salvajemente reprimida– formaron una valla delante de la enorme pieza y tomaron la palabra, sosteniendo cada cual una foto gigante del hijo que buscan, y que sólo el gobierno de Enrique Peña Nieto sabe dónde está.

Cuando terminó la inauguración de lo que el vocero de los padres llamó “el antimonumental”, dos muchachas con vestidos bordados por manos indígenas se tomaron la primera foto “turística”, dando la pauta para que muchas personas más hasta el cierre de esta nota hicieran lo mismo. La gran pregunta es: ¿qué hará el regente capitalino Miguel Ángel Mancera ante esta iniciativa ciudadana? ¿Se atreverá a quitarla?

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