Recuérdame por @abeloseguera

Publicado el mayo 28, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

Protestas USA vs Peña Nieto

      No sabes quién soy, es más mi nombre nada te dice, un desconocido más en este enjambre de gente que de prisa va, unos al trabajo, otros de compras, muchos hundidos en sus propias preocupaciones. Me ven, su mirada está llena de desprecio, soy un estorbo, una molestia, un rijoso, una calamidad. Parece no tengo futuro, ni siquiera esperanza, les aturde mi grito, les molesta mi discurso, mi bandera les opaca su bella ciudad.

     Por eso me tomo el tiempo, hoy hago un alto en mi andar, hoy te digo que busco, quien soy, de donde vienen mis sueños, mi locura, mi intolerancia, mi grito desesperado. Sé, parezco revoltoso, te lo concedo, no hay otra forma de hacerme notar. Cuando andabas por las calles o en tu auto ahí estaba yo, siempre, con una mochila al hombro, en la parada del colectivo, con sueños de grandeza, pensando en estudiar, en formar una familia. Tú pasabas, yo ni siquiera era parte del paisaje de tu ciudad, era una sombra, era invisible.

     Te acostumbraste tanto a mi presencia sin verme que jamás pensaste existiera, no me hacías en este mundo, tu mundo, el de las fiestas en sociedad, el de las finanzas, la especulación, los negocios millonarios, los viajes a las playas, al extranjero. Fuiste de tu casa a la oficina, luego alguna comida de negocios, yo simplemente te veía, en un principio quería ser como tú, me agradaba la idea de estudiar, superarme, trabajar arduamente y luego llevar tu vida.

      Lo que son las cosas, yo quería ser como tú, pero tú ni siquiera me mirabas, pasabas por un lado como si no existiera, alguna vez fuiste mi sueño, mi meta, mi futuro, pero todo comenzó a cambiar. Era invisible para ti, luego para mi gobierno, para mis políticos, ellos también te estaban observando como yo, también quisieron ser como tú. Querían tu vida, tus negocios, fue cuando todo cambió. Antes éramos su causa, su razón de poder, ahora el poder era el dinero, las comodidades, las inversiones extranjeras. Eso lo cambió todo, mis sueños comenzaron a extinguirse poco a poco, como vela que encuentra los últimos alientos de la cera. Ya no podía aspirar a nada, el mundo me parecía más grande, mi país era de otros, de unos pocos. Primero pensé ahora era todo tuyo, pero no era así, era de unos cuantos encumbrados, de unos cuantos que todo lo tienen y el tiempo les sirve para ir erosionándolo todo.

      Yo, mi gente, mi clase, los pobres, fuimos los primeros en entenderlo, cuando mi padre perdió su empleo, su jefe, alguien como tú, ya no pudo sostener su fábrica, no podía competir contra los productos chinos. Tuve que trabajar en la tienda de un vecino y estudiar al mismo tiempo. Mi padre ya no cargaba consigo ese orgullo de antaño, ese solo portan aquellos que resuelven las necesidades de su familia. Debió dedicarse junto a mi madre al comercio informal, ese también desprecias.

      Nuestro mundo fue sucumbiendo, fue convirtiéndose nuestro cielo antes soleado en nuboso porvenir, el miedo llegó bien pronto, los asaltos, las muertes de nuestros primos en el norte del país, de mis amigos en aquellas carreteras dónde eran carne de cañón para los coyotes y narcotraficantes. Todo está oscuro, no hay luz al final del túnel, el asombro a las tragedias se hizo cotidiano.

     Para mí y mis compañeros ya no había rumbo, menos metas. Todo era un maremoto de tragedias, de desilusión, de frustración. Había dos caminos; el unirse a la delincuencia, el de tomar el poder por las armas y con violencia, sometiendo a gente como tú y al gobierno o las marchas, los plantones, las protestas. Yo decidí por lo segundo, soy nacionalista, soy responsable de mi nación, no puedo ser delincuente, no quiero ser delincuente aunque tú me señales como tal, aunque el gobierno y sus publicistas paleros así lo hagan ver. No importa no me creas, pero en cada paso de mis marchas, en cada grito, en cada bandera te estoy defendiendo a ti, estoy luchando por tus fábricas, por tus restaurantes, por tu comercio, estoy en la calle por mí, es cierto, pero también grito por ti. Grito, corro, me arriesgo a ser torturado, exhibido como delincuente porque quiero una mejor nación para todos.

      Quizá no tengo nombre, quizá nunca tenga un futuro asegurado, es más en cada marcha corro el mismo riesgo que mis compañeros de Ayotzinapa, de que mis padres no tengan siquiera un cuerpo al cual llorarle. Hay días en que mi garganta está afónica, el frio cala, los huesos duelen, las cicatrices de los toletazos son cada vez más. Cuando me ves, piensas soy huevón, no tengo otra cosa que hacer, pero cualquier cosa es mejor que gritar sin ser escuchado, marchar sin llegar a lugar alguno, arriesgarme sin motivo aparente. Estoy aquí cada día porque escogí hacer lo correcto sobre lo conveniente. Porque el hambre de mi hermana me duele más que lo toletazos, porque la fábrica de mi papá debe reabrir para que recupere su orgullo, para que las riquezas de nuestro suelo sirvan para reducir la pobreza de nuestro pueblo, de mi pueblo, de tu pueblo.

     Mi rostro es moreno, ya comienza a curtirse con esos trazos que las angustias surcan cada día. Mis manos son ásperas, han tocado muchas puertas, han escrito miles de solicitudes, de ideas, mis ojos están llenos de rabia, de coraje, porque ya se cansaron de llorar, ya se bebieron todo mi dolor, ese mismo era tan invisible para ti como yo mismo. Ya enterré a mis amigos, no encuentro a mis compañeros, ya recorrí calles, avenidas, carreteras, mi andar no cesa, mi lucha no claudica, pero sigues sordo, ciego, solo hablas para acusarme de ser un parásito. Déjame decirte; parásitos son aquellos que tienen la responsabilidad de velar por el pueblo, de cuidar nuestros recursos naturales, nuestros recursos humanos, tecnológicos, educativos, laborales, judiciales, sin embargo se dan la gran vida, viajan, disfrutan, saquean nuestro futuro, se lo llevan cada día. Esos son los parásitos, esos son quienes nos tienen en las calles, ellos son los culpables de no poder tener una vida digna. Qué más quisiera volver a la escuela, dejar de marchar, dejar de protestar, eso también lo quiero yo. Pero esos parásitos vuelven a hacer de las suyas, no nos dejan otra opción, entiende; nos están robando el futuro, nuestras esperanzas, mientras ellos se ostentan como los todos poderosos.

      Cuando salgas cada mañana, no te pedimos marches con nosotros, es más si quieres sácanos la vuelta, siempre hay rutas alternativas, tomate tu tiempo, son solo unos minutos lo que a ti te cuesta, porque al construir esta nación a mí y a mis compañeros nos está costando la salud, la vida de algunos, la libertad de muchos. Estamos dándolo todo, estamos pariendo una nueva nación dónde los ciudadanos tomamos con seriedad nuestra responsabilidad cívica, y todo parto es doloroso, sangriento. Pero no te preocupes, no es tu sangre, es la nuestra, de todos modos ya éramos invisibles, ya éramos inservibles desde tu opinión y la de tus amigos. Somos esa lacra social deplorable que opaca la bella ciudad, pero ésta lacra vive, respira, llora, se lame las heridas y vuelve a su batalla por sobrevivir.

      Si estas contra nosotros, no nos importa, si eres imparcial, tampoco, nosotros tenemos una agenda; una nación más justa, llena de oportunidades, dónde los ciudadanos encuentren la paz, la armonía, la alegría de vivir. Vamos a pasar sobre quien sea, tal vez, quizá, encontremos la muerte antes o la cárcel. Pero somos muchos, somos semilla que ya brotó y está siendo abonada con la prepotencia de los gobernantes y regada con la sangre de nuestros hermanos

      Mi nombre, ese no importa, simplemente puedes llamarme; Generación 2014. Con nosotros nació una nueva era, la de los ciudadanos con responsabilidad cívica, somos el resultado de la pobreza, fuimos orillados por el crimen, somos tú, yo, aquel. Somos víctimas de un sistema corrupto y criminal escudado en una falsa democracia que solo sirve a unos cuantos, el problema es que no me entiendes, no me crees porque piensas que tú eres parte del poder y déjame decirte; estas muy equivocado, el fuego está por alcanzarte, a quienes ya nos llegó nos está devorando, por eso nuestro grito desgarrador. Como tú, creímos nada de esto ocurriría, sin embargo ya ves, la vida nos arrojó a las calles. Cuando la tragedia te alcance, entonces, y solo entonces entenderás mi discurso, mis lamentos, mi dolor. Será por fin cuando me tomes en cuenta, cuando descubras el infierno que sufrimos muchos mexicanos, será cuando alguien escriba de nosotros, seremos recordados, estaremos en los libros de historia, quizá no estén nuestros nombres, pero nuestra generación será recordada por siglos y talvez hasta entonces nuestro dolor encuentre la sanación manada de la reivindicación histórica.

 

Contacto: abeloseguerakernion@gmail.com

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