Cuento Quincenal: Una Madre Excepcional @JoseCruz777

Publicado el Mayo 30, 2015, Bajo Cuento, Autor Rucobo.

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Una Madre Excepcional
Cuento
30 mayo 2015

Creo coincidir con muchos mexicanos al considerar al amor de la madre hacia sus hijos, como la manifestación más sublime de ese sentimiento. Quién mejor que una madre para reflejar el desprendimiento y devoción de un ser humano, en aras del florecimiento y triunfo de otros -hijos-.

Quise a propósito, hacer este cuento -historia verídica- no precisamente el 10 de mayo, porque considero que a ese ser extraordinario que es la madre, se le debe, primero respetar y luego festejar todo el año, es hasta ofensivo que sólo se haga en una fecha elegida comercialmente. Ellas, nos atendieron los 365 días del año, cuando debido a nuestra edad, estábamos indefensos a todo tipo de acechanzas y peligros, y estaban prestas como leonas a defendernos con su vida si fuese necesario.

Así que, invito a los que se sienten que no le deben nada a nadie, a los duros, a los self-made man -los que se hacen a sí mismos-. Que no somos generación espontanea, que fuimos albergados por un lapso de nueve meses en un vientre materno que compartió su espacio y nos dio además de la vida, su protección, amor y enseñanzas.

Todo lo anterior es en forma general para las abnegadas madres mexicanas… y de todo el mundo, como me puedo olvidar de mi hermosa nuera argentina, madre de mis queridas nietas. En lo particular, y respondiendo al título -Una Madre Excepcional-, adentrémonos en la historia de Chelo -Consuelo-.

Chelo, fue la mayor de una numerosa familia radicada en la colonial ciudad de Zacatecas, fueron un total de cinco mujeres y tres hombres. Su padre Ramón era taxista, sin embargo al tener otra familia, no les dio la atención necesaria, salvo proveerles de lo indispensable en la cuestión económica. Chelo, pasó algunos años de su adolescencia radicando en ciudad Juárez, con su bondadosa tía -Elsa- que le dio generosa cuanto desinteresada ayuda.

Entre los 16 y 17 años, Chelo regresa a Zacatecas para ayudar a su madre con su cada vez creciente familia. Es precisamente con el nacimiento del pequeño -César- que la madre -Licha- deja de existir, dejando a Chelo de sólo 17 años al frente de la familia. Sobrevivían con la poca ayuda financiera de su padre y gracias también al apoyo de una tía abuela, que, con un pequeño comercio de abarrotes les proporcionaba.

En una sucesión de eventos desafortunados, y en un corto lapso de tiempo, fallece el marido de la tía abuela y posteriormente ella misma. Chelo de tan sólo 18 años, se queda sola, aunque no completamente, su eterno enamorado Pepe -tres años mayor que ella- le pide que se casen y afronten juntos la responsabilidad que conlleva alimentar a siete pequeños y a si mismos. Acto casi heroico de ambos.

Mi querida Chelo y mi admirado Pepe unen sus vidas. Imaginen ustedes a un par de jóvenes, por esos insondables misterios de la vida, convertidos en padres de una numerosa prole y… a trabajar se ha dicho, incluso Laura -que le seguía en edad a Chelo- con sólo 13 años de edad, entra a trabajar en una oficina, y Pepe con dos trabajos ante la imposibilidad de tener tres de ellos.

Chelo, convertida en una madre excepcional, le toca ahora saber lo que es ser una madre biológica, con gran algarabía recibe la noticia de que en su cuerpo se gesta el advenimiento de un nuevo ser, el que vendrá a colmar de dicha su hogar. Felicidad que si se logró, pero que también significó una dura prueba para el admirable matrimonio.

Nació una bella niña, a la que pusieron por nombre Alicia -Lichita, en honor de la madre de Chelo- sólo que… la niña es una niña especial, es un ángel si, pero jamás podrá valerse por si misma. Posteriormente se conoce la noticia de que Chelo quedó imposibilitada para ser madre de nuevo, son cosas incomprensibles de la naturaleza ¿por qué a ellos tan dotados para la crianza de niños, se les impide tener una numerosa familia de ambos?

Chelo y Pepe, se sobrepusieron al hecho, rodeando a su hija -hoy de 44 años- de toda suerte de cuidados y mimos, Lichita es feliz al saberse querida por sus padres y tíos, que en realidad son sus hermanos. Hace algunos años, Chelo se convirtió en entrenadora de básquetbol de la escuela donde estudiaba Lichita, equipo patrocinado generosamente por el gobierno del estado de Zacatecas. Tienen además una gran cantidad de medallas y reconocimientos ganadas en torneos de esa disciplina.

Hoy, a casi 50 años de su unión, Chelo y Pepe disfrutan de una apacible, próspera y merecida vejez, Pepe aunque jubilado y por ende pensionado, trabaja en un taller de reparación de aparatos eléctricos de su propiedad. Chelo atiende a sus huéspedes, jovencitas que viven en su cómoda casa debido a que estudian en la espléndida universidad de Zacatecas. Y… sus hermanos-hijos, varios de ellos con carrera profesional terminada, son buenos profesionistas y ayudan a los que en justicia llaman como “Sus padres”.

El más pequeño -Cesar-, dueño de una inteligencia asombrosa, vive en Long Beach Cal. y tiene importantes ingresos económicos, pero no se olvida de esos viejos que pese a todas las adversidades lo sacaron adelante. Laura, seis años menor que Chelo, vive cerca de otra gran ciudad californiana, disfruta de una holgada situación económica, pero seguido viaja para visitar a la familia y a su entrañable Zacatecas.

Este, es un pequeño pero sentido homenaje a Chelo, mujer cuya capacidad de ser madre, está más allá de toda duda, que ha sabido hacer de la maternidad un apostolado y que ahora cosecha lo que con tanto amor sembró, que sepan sus muchos nietos, que tienen ¡mucha abuela!

Autor José Cruz Pérez Rucobo

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