Cuento Quincenal: El País que no Supo ser Libre @JoseCruz777

Publicado el junio 27, 2015, Bajo Cuento, Autor Rucobo.

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El País que no Supo ser Libre
Cuento futurista
27 junio 2015

Cuenta la historia acerca de un extraño país, el que pese a las bondades de la madre naturaleza que lo dotó de todo tipo de recursos naturales, como; extensos y ricos litorales, fabulosas minas en metales preciosos, tierras cultivables de excelente calidad, vastedad en maderas finas -cedro, nogal, caoba-, sorprendente y variada flora y fauna, diversidad de climas, abundante petróleo -primitivo material usado como carburante hace siglos-, hermosas playas, ríos caudalosos… e innumerables atributos mas.

¿Cómo es posible que haya desaparecido de la faz de la tierra un lugar con tan portentosos dones? Hay dos explicaciones, un factor exógeno y otro endógeno, analicemos el primero de ellos. Tenían de vecino a la nación más malvada de que se tenga registro -hoy por fortuna también desaparecida-, era una nación de facinerosos de la peor calaña, enfermamente violentos, conquistadores, adictos a las drogas… y muchas mas lindezas.

Los que desde su arribo al continente llamado antiguamente América, actuaron como verdaderos depredadores invadieron a su indefenso y débil vecino del sur, al que despojaron de más de la mitad de su territorio con el peregrino argumento de que era “El destino manifiesto” -no deja de tener su gracia esa mafufada-. Lo peor, un siglo y medio después lo engulleron.

Su espíritu esclavista no había desaparecido del todo, sin embargo ese país no era invencible, medio siglo atrás había sido derrotado en toda la linea por un diminuto país enclavado en la conchinchina, un pueblo digno y combativo que humilló a sus aparentemente poderosos rivales, quienes con todo su poderío militar, hubieron de emprender la infamante retirada.

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Analicemos ahora los factores endógenos -internos- que lo hicieron desaparecer como nación independiente. Un país tan bendecido por la naturaleza tenía una gran deficiencia, esa era su ciudadanía -habitantes-, aquí, algunas de sus características y rasgos más pronunciados: a) eran poco dados al trabajo creador, el ocio era lo suyo, b) sus habitantes eran ambiciosos pero lerdos, c) eran valientes, sólo con sus mujeres, d) eran mayoritariamente corruptos, e) políticamente eran unos borregos, f) la lectura parecía haberles sido negada genéticamente, g) tenían un tacto especial para elegir a los peores, a los más asnos. Quizá esa característica fue lo que finalmente los extinguió.

Es una historia deprimente porque sus antecesores habían sido culturas formidables, versados en astronomía y matemáticas en el sur y guerreros altivos y conquistadores en el centro. Poseían; historia, cultura, arte, folclor… además de las riquezas naturales antes mencionadas. El principio del fin lo marcó su adhesión al peor partido político -rupestre asociación de acémilas con un burro que las guiaba- de que se tenga memoria.

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Partido que los despojó de: identidad nacional, orgullo, dignidad, valentía e hizo cera y pabilo con su concepto de libertad. Dicho partido se atrevió a, emulando a Calígula -personaje prehistórico que nombró primer ministro a su caballo- a imponer en la presidencia a un asno, con la colaboración de una nefasta televisora -rudimentaria y estulta forma de entretener a las masas-. Esa fue la gota que derramó el vaso, las demás naciones le perdieron el respeto a ese país, se burlaban de él, lo menospreciaban y finalmente se negaron a comerciar con ellos.

No les quedó mas camino que pasar a ser vasallos de su enloquecido vecino del norte, el que se dio el lujo de no otorgarles ni el derecho a ser una estrella más en su bandera, se adhirieron en calidad de… esclavos.
Triste destino para un país que no supo ser libre, que no tuvo el coraje de sacudirse las cadenas, que no tuvo la convicción de ser un país soberano y dueño de su destino.

¡Cambiemos la historia! ¡No al vasallaje! ¡No somos un pueblo de cobardes! ¡Amemos y reconquistemos la dignidad! ¡Docientos años de historia no deben de ser echados a la basura! ¡La libertad no es un derecho, es una conquista! ¿Ubicaron la apocalíptica historia? ¿Estamos a tiempo? ¿Quién se atreve?

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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