Ni Porfirio Díaz llegó a tales extremos de sadismo contra el pueblo

Publicado el Junio 27, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

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Por: Guillermo Fabela Quiñones

Ilustración: Pe Aguilar / @elesepe1

Quién hubiera dicho hace cien años, cuando murió el dictador Porfirio Díaz, que México estaría peor hoy que entonces, se habría llevado una rechifla monumental. Sin embargo, luego de transcurrida una centuria es un hecho incuestionable que los mexicanos sufrimos una realidad mucho más dramática, bajo un régimen que magnificó la desigualdad social y la violencia contra las clases mayoritarias. Lo asombroso es que el grupo en el poder tenga todavía márgenes de maniobra para seguir actuando de modo antidemocrático y engañando a la población de manera tan cínica y perversa. Esto es consecuencia del alto nivel de despolitización del pueblo y de que las organizaciones progresistas no han sido capaces de formar un Frente Amplio que movilice a la ciudadanía.

Están dadas las condiciones para dar este paso trascendental, como en ningún otro momento de los últimos ochenta años, una vez que el régimen de la Revolución Mexicana llegó a su máximo nivel, en su carácter de recipiendario de la ideología del gran movimiento social del que surgió la Constitución más avanzada de su tiempo en América Latina. Si no fuera por la movilización de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), se diría que en México no hay conflictos que ponen en grave riesgo el futuro de los mexicanos. Esto es lo que quiere hacer creer la propaganda del “gobierno” de Enrique Peña Nieto, sobre todo en el exterior, a fin de afirmar que nuestro país es el preferido por los grandes inversionistas extranjeros.

Como en los peores tiempos del anciano dictador fallecido hace cien años, el grupo en el poder le apuesta todo a la inversión extranjera, con el avieso interés de llevarse una buena tajada por la venta del país. Para ello sostienen a pie juntillas que es la única salida a los problemas estructurales que creó la propia élite oligárquica. Sin embargo, no es así como quedó demostrado en el sexenio del Presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940), cuando los grandes intereses trasnacionales vetaron a México con el fin de ponerlo de rodillas y regresar a seguir depredando el país con mayor vigor. La unidad bien construida entre gobernantes y gobernados, dio al traste con las expectativas que tenían las empresas extranjeras y se pudo construir un país que fue un paradigma para los pueblos latinoamericanos.

En la actualidad podríamos actuar de la misma forma, pero antes se tendría que poner fin a la dictadura de la oligarquía, misma que al paso de los sexenios se ha ido endureciendo, hasta llegar al extremo que hoy vivimos de un neoporfirismo corregido y aumentado. El neoliberalismo en México ya no da para más, como es fácil advertirlo en variados indicadores de la realidad nacional. Ahora viene la decadencia en sus expresiones más salvajes, y también en hechos concretos que dicen más que mil discursos insustanciales del inquilino de Los Pinos. Por ejemplo, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad por sus siglas en inglés), difundió el miércoles su más reciente informe, en el que señala que México retrocedió del lugar 10 al 13 entre los países que más inversiones extranjeras reciben, y también perdió el segundo sitio que tenía en la región en este renglón al ser desplazado por Chile.

No hay nada que festinar, aunque de cualquier manera Peña Nieto se dé sus mañas para tratar de engañar a la población con sus “cuentas alegres” que rápidamente son desmentidas. Hay menos inversiones extranjeras directas, y la situación habrá de empeorar en la misma medida que avance la descomposición del tejido social, como es previsible que ocurra porque las “cuentas alegres” no cuadran con la realidad. La pobreza seguirá aumentando, porque no hay políticas públicas que la combatan en sus causas estructurales. A partir del primero de julio entra en vigor el cobro de 16 por ciento de IVA a los alimentos preparados que se vendan en las llamadas “tiendas de conveniencia”.

Se afectará aún más a las clases mayoritarias, a pesar de que Peña Nieto había prometido que no habría más gravámenes a los impuestos. Automáticamente habrá incremento de precios, pero no lo habrá en los salarios, que seguirán cada día más deprimidos, lo que habrá de generar más pobreza y desmoralización social. Ni Porfirio Díaz llegó a tales extremos de sadismo contra el pueblo.

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