La pesadilla por @abeloseguera

Publicado el Julio 28, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

pena
POR: ABEL OSEGUERA KERNION

Las imágenes son de pesadilla en Ostula, como lo fueron en Apatzingán, Iguala, Tlatlaya y seguirán mientras el gobierno siga con su política de atacar todo aquel movimiento que se oponga a sus medidas neoliberales. Muertes de inocentes, desapariciones forzosas, ataques contra quienes se oponen a un sistema económico que sólo beneficia a los muy ricos, incluso, solo a los países ricos.

El sometimiento del pueblo será cada día mayor pues como bien señala la Coneval; la pobreza en México está creciendo de manera alarmante, provocando cada día más frustración y violencia entre los ciudadanos a quienes se les cierran las oportunidades de vivir con el fruto de su esfuerzo y trabajo.

Bien sabemos que el comunismo es un sistema inútil para combatir la pobreza, de hecho es, como el neoliberalismo un sistema totalitario de control de las masas que atenta contra las bases elementales de la democracia, sin embargo en su libro “El Capital” de Karl Marx hace notar como principal síntoma de la acumulación desmedida del capital, la migración de la población desde al campo hacia las ciudades. Él a esto lo llama “Ejércitos de mano de obra de reserva”. De tal manera la producción de los grandes corporativos tienen acceso a millones de personas hundidos en la pobreza y que están dispuestos a trabajar por ínfimos salarios.

Ahora en México podemos claramente ver esa tendencia migratoria del campo a las ciudades, y sería más grave si no fuese por nuestra vecindad con los EU, quienes reciben miles de trabajadores mexicanos que buscan una manera honrada de sobrevivir.  Por eso no debe extrañarnos que el pueblo se sienta cada día más desesperado. Pero esto el pueblo debe entender, no se trata solo del PRI, del Presidente y sus colaboradores, sino de un sistema económico diseñado desde los EU por 1989, en lo que se conoció como el Concilio de Washington. Ahí el FMI, el BM y la Reserva Federal de los EU planearon un nuevo sistema donde los mercados mandataran las políticas económicas. El resultado de este nuevo orden mundial derivó en lo que hoy conocemos como neoliberalismo. El Presidente Salinas fue uno de los primeros en asumir su responsabilidad para hacer valer esta política mundial. Con ella vinieron las privatizaciones de miles de empresas paraestatales, muchas de ellas quedando en manos estratégicas, porque el neoliberalismo implica el fortalecimiento de los grandes capitales que a la postre servirán a las naciones para enfrentar una mordaz competencia internacional para colocar sus productos.

Al erigir estos grandes capitales hay que irles facilitando acceso a mano de obra barata, condonación de impuestos, acceso a los espacios políticos y sobre todo un apoyo constante desde el gobierno para facilitarles su función económica. Para esto los bancos y las bolsas de valores son fundamentales, por eso cuando hay crisis, los gobiernos salen presurosos a rescatar a los banqueros. Esto lo vivimos en México durante el gobierno del Presidente Zedillo, también ocurrió en España y los EU. Son los síntomas de un sistema que poco a poco va asfixiando a la clase media. Misma es la principal fuente de consumo mundial, por eso al largo plazo el sistema neoliberal cavará su propia tumba.

Si usted no me cree, amigo lector, solo basta echar un vistazo a lo ocurrido últimamente en México. Los salarios no suben y el Banco de México asume el papel regulador para mantener el sistema económico, por eso sale a rasgarse las vestiduras el señor Carstens cuando se habla de elevar el salario mínimo. Desde su perspectiva, elevar los salarios implica que las grandes empresas mexicanas pierdan competitividad contra las extranjeras. Y eso en el actual sistema económico sería una gran tragedia.

Ahora, porque le digo que lo ocurrido en México no solo es responsabilidad del gobierno; pues porque el sistema económico neoliberal ha tomado completamente el control de la nación. Este sistema ha creado verdaderos monstruos económicos que manejan a las masas por medio de los grandes consorcios televisivos, controlan los mercados de valores y son capaces de obligar al mismo gobierno a seguir por el camino del régimen del neoliberalismo.

Amigo lector, cuando los líderes de los noventas decidieron que los mercados se impusieran sobre el sistema político republicano y nacionalista vendieron su alma al dinero. El dinero se convirtió en el amo sobre los principios demócratas y republicanos. Las grandes corporaciones se encargaron de asumir el control de la política de los países, y ya con ese control han ido legislando para hacer más fuerte su presencia. Por eso percibimos a muchos líderes mundiales haciendo el trabajo sucio de los grandes corporativos, como la Canciller alemana, Ángela Merkel entre otros.  A su vez estas pequeñas mafias empresariales, digo pequeñas porque en relación con la demografía son ínfimas partes de la población, imponen electoralmente a sus políticos afines a sus necesidades empresariales. El Presidente EPN al igual que sus últimos antecesores desde Salinas, obedecen a la expresión de estos grupos. Ya no existe, como en viejos tiempos del PRI, aquello del dedazo y un sistema político unipartidario, dónde cada uno de los diversos intereses políticos de la nación eran tomados en cuenta para alcanzar una estabilidad política y económica. La democracia es un sistema político imperfecto y muy fácil de manipular cuando, como con el neoliberalismo se imponen grandes gastos de dinero para poder tener acceso electoralmente al poder político.

El caso de EU es muy claro; durante los gobiernos posteriores a la gran depresión, sobre todo el de Franklin D. Roosevelt, las leyes fueron adaptadas para que los contribuyentes económicos a las campañas fuesen limitadas. De tal manera si un candidato recibía dinero, éste tuviese que venir de tantas manos que no tuviese que verse obligado a cuidar los intereses de una sola persona o grupo. Con el Concilio de Washington esto se acabó y se eliminó esta norma de límites de financiamiento. Por eso hoy vemos a los representantes camarales prestando sus servicios a los grandes capitales haciendo a un lado el sentimiento popular.

El final del neoliberalismo está muy cerca, algunos analistas económicos y políticos lo saben bien. Lo que está ocurriendo en México con el crecimiento de la pobreza y la violencia, se está repitiendo en gran parte de Latinoamérica, la crisis griega y sus consecuencias en Europa, junto a la intentona Alemana de hacerse del mercado ruso de Ucrania, la injerencia cada día mayor de China y las desesperadas medidas del Presidente Obama por bajar el gasto militar bajo la gran presión de los grandes fabricantes de armas, van dando muestras de que el final está muy cerca. Pero el neoliberalismo no morirá pacíficamente como lo hizo el comunismo. La avaricia es un gran depredador, que será capaz de cualquier mezquindad para ejercerse a sí misma. La muerte del neoliberalismo podrá desencadenar nuevas revoluciones, así como ocurrió en el siglo XIX, cuando el liberalismo económico desencadenó las revoluciones mexicana y la rusa, la primera guerra mundial y la segunda.

Cuando se arremete un cambio contra la gran acumulación de riqueza, en la historia contemporánea, las salidas han sido bélicas, mortales. Por eso mientras el neoliberalismo muere va dejando un rastro de muertes inocentes como las de Ostula, Ayotzinapa, Tlataya, San Fernando, Apatzingán y próximamente quizá Oaxaca.

En los noventas bajo la euforia del fin de la guerra fría y el abatimiento del muro de Berlín, cobijamos la esperanza de un mundo pacífico, sin guerras, sin miedo del cataclismo nuclear. Muchos somos hijos de aquella guerra fría, despertábamos cada mañana con el reloj muy cerca de las doce. Por eso quizá no prestamos atención al nuevo demonio que se estaba gestando en la mente del avaricioso mundo de las finanzas y el corporativismo. Nos cegaron los millones de artículos que los mercados ponían a nuestra disposición, nos metieron en nuestras cabezas el consumismo y fincaron en nuestro corazón la insatisfacción constante por lo novedoso. Así, de esa manera, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en consumidores, dejamos de ser republicanos y nacionalistas para convertirnos en ejércitos activos o reservas de mano de obra. Los medianos y pequeños negocios desaparecieron para incorporar a sus propietarios en empleados de los grandes capitales. El dinero ahora es cada vez más escaso, está en menos manos, para quienes somos máquinas de consumo, esto empuja a un caos civil y pronto estallará. El fin del neoliberalismo será su propia disfuncionalidad, por eso la pesadilla está presente. Por eso EPN parece no controlar su propio gobierno, menos a la nación, porque él fue producto del sistema neoliberal que agoniza.

abeloseguerakernion

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