A 5 años del desplazamiento triqui, siguen exigiendo justicia y “sufriendo por el odio de un Estado asesino y indolente”

Publicado el agosto 8, 2015, Bajo Nacional, Autor LluviadeCafe.

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REVOLUCION 3.0
El ataque ocurrió aproximadamente a las dos de la tarde con cincuenta y cinco minutos cuando decenas de personas encapuchadas y armadas con fusiles AK-47 (cuernos de chivo) dispararon contra los ocupantes de los vehículos que se detuvieron al encontrar el camino de terracería bloqueado con piedras a la altura del paraje Los Pinos,perteneciente a la comunidad de La Sabana, ese fue el primer ataque conocido a nivel nacional e internacional en contra de activistas, periodistas y población triqui en 2010.
La lucha por la autonomía y los derechos de los Triquis de Copala “pasó de moda”, comenta a Revolución TRESPUNTOCERO Marcos Albino Ortiz, dirigente de los desplazados de San Juan Copala, “hasta la fecha la situación de las 25 familias que fueron forzadas a abandonar sus hogares, sigue sin solución y con el tiempo ha empeorado, muchos han abandonado al grupo y se han dispersado a sitios donde las rentas son más económicas, porque su situación es cada vez más precaria”.

Actualmente en México las cifras de desplazamiento forzado interno están en aumento y no se detienen. Miles de adultos, ancianos, jóvenes, niños y niñas salen a diario de manera forzada y violenta de sus comunidades. Las principales causas son: la presencia y agresión por parte del crimen organizado, la imposición de megaproyectos de muerte y/o el control político de los territorios indígenas, por medio de grupos paramilitares o el ejército mismo. Todos estos despojan a los pueblos de sus tierras y de los recursos que de ella obtienen, así como de sus modos de vida y su autonomía.

Desde 20o8 familias indígenas de San Juan Copala, Oaxaca, quienes conformaron un municipio autónomo fueron desplazados de su comunidad por grupos paramilitares, después de nueve meses de resistencia, de negarse a abandonar sus casas y comunidad, decenas de triquis huyeron de su pueblo pues era la única manera de salvar sus vidas de la excesiva violencia que se ejerció en su contra. A cinco años del desplazamiento forzoso los triquis siguen exigiendo justicia, siguen tocando puertas en las dependencias de gobierno a nivel estatal y federal, pero el bloqueo en su contra se mantiene constante.

Ortiz asegura que pertenecen a ese gigantezco grupo de perseguidos por paramilitares que bajo las órdenes del Estado se han unido para erradicarlos de la forma más violenta y sangrienta; “en septiembre de 2010 salimos de nuestros hogares, la lucha era fuerte, teníamos hombres valientes que estaban dispuestos a dar la cara por su pueblo, pero nos los mataron año con año, en cinco años torturaron y asesinaron a diez activistas, cuyas muertes quedaron impunes, la gran mayoría del país nunca se enteraron, y la otra parte lo olvidó”.

Así fue como el desgaste físico y psicológico mermó la resistencia, además de los grupos de infiltrados que se anexó al movimiento y quienes documentaron y dieron a conocer al Estado todas las estrategias que golpearon al movimiento y sus encomiendas.

“En la actualidad ya no existe una resistencia clara, sin embargo las 25 familias seguimos buscando nuestra autonomía, respeto y derechos, porque ya es imposible que podamos retornar a nuestros hogares, los paramilitares se apropiararon de nuestras tierras, nuestras casas y lo poco o mucho que teniamos, la única manera de entrar es para morir…

Yo reitero que el tema Copala pasó de moda, porque los organismos civiles, los activistas y las pocas autoridades que nos apoyaban se les olvidó con el tiempo nuestra resistencia, tal vez se dieron cuenta que esto sería más difícil, al lucha contra gobiernos represores, los que aseguraban estar de nuestro lado ahora están atentos a los nuevos movimientos, cada vez que surge uno, otro se deja de lado, como si no valiéramos, como si no fuéramos también seres humanos sufriendo por el odio de un Estado asesino y indolente”.

Por su parte Antonio Matínez, quien también forma parte del movimiento asegura que “la fuerza se perdió por la falta de solidaridad, los colectivos nos dejaron en la indefensión a merced de las organizaciones gubernamentales que nos han hecho invisibles, recientemente hemos vuelto a insistir en una reubicación temporal, en tiempos electorales nos prometieron hasta casas, pero después todo se disolvió, al saber que nosotros no mantenemos una ideología apegada a partidos políticos, por el contrario buscamos ser independientes”.

A decir por el movimiento triqui, su “gran pesadilla” es el MULT, ellos aseguran que aun cuando se autonombra como un grupo de izquierda, ha estado a favor de medidas gubernamentales, por lo cual se les ha permitido permanecer en sus tierras, “la gente que conforma al MULT sabotearon en muchas ocasiones a las 25 familias que luchamos por nuestra autonomía, nos culparon de delincuentes y revoltosos, cuando antepusimos una demanda, dijeron que nosotros no eramos de lucha y que nadie de la comunidad nos reconocía”, asegura Ortiz.

También agrega, “nos aplastaron, hablaron en nuestra contra, aun cuando sabían que sólo buscábamos el bienestar y progreso para nuestras familias, nosotros fuimos víctimas de la violencia y el paramilitarismo, los del grupo del MULT lo presenciaron, y aunque denunciamos y creímos en el gobierno, las humillaciones y vejaciones siguieron por parte de los paramilitares”.

Marcos y Antonio coinciden en que el desplazamiento a cargo de fuerzas paramilitares, fue una encomienda del Estado, así como la prohibición para que las familias vuelvan, ya que a decir por ellos, “el gobierno federal busca desmantelar la comunidad, porque es una región rica en recursos naturales y alrededor de San Juan Copala existe gran cantidad de minas que aún no han sido del todo explotadas por empresas transnacionales, la zona maderera sí ha comenzado a verse afectada, la tala de árboles ha comenzado a ser indiscriminada, por todo ello nos neutralizaron, para no poder defender a la naturaleza”.

Por Oaxaca se identifica en la actualidad a las familias dispersas que para ayudarse venden artesanias, se dedican al comercio informal, no reciben apoyo de ninguna organización y se organizan para una que otra manifestación “cuando hay tiempo”, no pueden descuidar el trabajo del cual viven y comen.

El aislamiento del conflicto y la retirada de las instituciones sociales permitieron la imposición de una verdadera dictadura del MULT-PUP y de la Ubisort-PRI. En las comunidades controladas por cada una de estas organizaciones armadas, todos los habitantes son considerados como “bases” de apoyo y obligados –bajo amenazas de multas, golpes o asesinatos– a participar en las movilizaciones e incluso en los choques armados.

Una difícil barrera que no podrían sortear solas las familias que lo han perdido todo. A decir por Antonio, hoy ni el gobierno puede con las agrupaciones de la zona triqui, ya que están armadas en extremo y constantemente son dotadas de municiones y nuevo armamento.

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