México construye con obreros casi desechables su propio camino hacia la modernidad

Publicado el Agosto 16, 2015, Bajo Nacional, Autor LluviadeCafe.

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SINEMBARGO
Se acerca la hora del final de la comida y el Sol avisa que el mediodía quedó dos horas atrás. Es jueves 13 de agosto y un hombre descansa junto a otros de sus compañeros bajo un árbol. El grupo luce sus grandes cascos amarillos y se dirige a terminar una jornada laboral más. Aunque están rodeados por hombres trajeados y mujeres que lucen sus piernas de las rodillas hacia abajo para finalizar en unos delicados tacones, para ellos la vestimenta adecuada son las botas con casquillo, gafas y chalecos. Pero lo primordial son el arnés y la cuerda.“Estamos ‘envidriando’ los módulos. Somos vidrieros. Nos encargamos de sellarlos y acarreamos nuestro material”, explica Pablo Alberto Luna, de 22 años de edad, quien se prepara para arriesgar su vida una vez más al borde de uno de las modernas construcciones que conformarán el panorama de una las ciudades más importantes del mundo.

En el corazón de México, donde habitan 20 millones 843 mil personas, se levantan cuatro torres  sobre avenida Paseo de la Reforma que prometen ser las edificaciones más innovadoras o los rascacielos “chiquitos” al estilo Nueva York que se podrán ver en la Ciudad de México en al menos un año: Torre Diana, Torre Ángel, Torre BBVA Bancomer y la Torre Reforma. Ésta última pretende ser  el edificio más alto del Distrito Federal con 244 metros de altura y con una inversión de 180 millones de dólares.

Torre Reforma es “el único edificio corporativo mexicano de clase mundial y alta sustentabilidad, cuyas soluciones innovadoras y ubicación estratégica ofrecen condiciones inmejorables para una alta calidad de vida y éxito empresarial”, indica la página del corporativo para el que Pablo trabaja 8 diarias de forma indirecta, tras haber sido contratado por otra compañía que le paga mil 200 pesos semanales y le otorga un seguro del que no está muy seguro de contar.

“Sí estamos asegurados, cualquier accidente ellos pagan”, dice con un cierto tono de duda.

–Y si te llega a suceder algo más grave, ¿tu esposa cuenta con garantías?

–No creo–, responde el trabajador que hace un año se casó con Julia, una asistente educativo con quien planea tener hijos “cuando se dé la oportunidad”.

Pablo firmó un contrato con una compañía que recluta jóvenes como él y Javier, su amigo de 24 años que le enseñó a montar vidrios. Ambos forman parte del 16.6 por ciento de los 29 millones 642 mil 421 personas ocupadas en el país que está bajo el esquema de subcontratación o “outsourcing”, según cifras expuestas a finales del mes pasado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

“Estamos trabajando aquí desde hace cuatro meses, lo más peligroso es colgarse, ahorita andamos con los módulos del piso 39 de los 57 que son. No me da miedo, me gusta mi trabajo”, asegura.

La Población Económicamente Activa (PEA) del país se ubicó en 52.6 millones de personas al primer semestre de 2015, significa el 59.7 por ciento de la población de 15 años y más que trabaja, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), pero no todos gozan de grandes beneficios.

Para el joven de 22 años, las prestaciones que por ley debería recibir no son tan importantes porque “lo que se busca es seguir estable y cuando esto acabe voy a seguir aquí, siempre hay más”, comenta.

Desconoce que en diez años el outsourcing creció 48 por ciento, pero que este modelo de subcontratación no son siempre ofrece las mejores condiciones para los trabajadores.

María Fonseca Paredes, directora de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México, dijo a SinEmbargo que esta práctica empresarial “genera más empleos. Para el trabajador es una oportunidad, pero a su vez lo vuelve vulnerable”.

“Soy vidriero, nuestro trabajo implica todo lo que es la fachada, lo que está a la vista a Reforma”, dice el hombre que vive en Nezahualcóyotl, Estado de México, mientras se ventila con una hoja de papel para restarse el calor y el polvo que emana de la obra.

Han pasado más de seis horas que salió de casa para ir a trabajar, pero su semblante luce cansado.

“El tráfico es un dolor de cabeza. Muchos venimos corriendo de que llegamos tarde. Las líneas del Metro están atoradas e incluso hasta ponen rejas por la gente que llega de en balde que lo hayan subido”, cuenta el joven que ha visto reducir su ingreso al mismo tiempo que su gasto en transporte crece tras el aumento de tres pesos al precio del boleto del Metro que impuso el Jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera Espinosa, hace ya más de 18 meses.

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One Reply to "México construye con obreros casi desechables su propio camino hacia la modernidad"

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GV5  on Agosto 17, 2015

DESGRACIADAMENTE EL FUTURO DE TODOS LOS MÉXICANOS ES NEGRO, Y LO MAS TRISTE ES DE QUE PARECE QUE A NADIE LE IMPORTA. ¡ YA BASTA !