Cuento Quincenal: Una Dudosa Alegría @JoseCruz777

Publicado el Agosto 22, 2015, Bajo Cuento, Autor Rucobo.

Borracho_con_michelada

Una Dudosa Alegría
Cuento corto
21 agosto 2015

Empezaré esta historia cuestionando un mito muy acendrado en nuestra sociedad, el que dice que la ingesta de alcohol y consumo de drogas producen, alegría y felicidad, ¿recuerdan lo de la “Mexicana alegría”? Nada más alejado de la realidad. Han sido, son y serán motivos de: desgracias, accidentes, crímenes, ruinas económicas y morales, derrumbe de gobiernos, disolución de familias, aniquilamiento de individuos, son… la lepra de la humanidad.

Un conglomerado humano presa de ese flagelo -alcohol y drogas- llega incluso a crear un mundo paralelo, donde los abstemios -raras criaturas que se mantienen alejadas de todo vicio-, son los malos de la película, atribuyéndoseles las siguientes características: peligrosos, poco confiables, cobardes, amargados, deshonestos, resentidos, ocultadores de vicios aún peores y un largo etcétera. El clásico mundo del revés.

La historia siguiente, es de lo más común, de lo más previsible, una historia como tantas. Mauricio era el hijo mayor de una familia de clase alta -sólo en cuanto recursos económicos se refiere-, inscrito primero en una primaria y posteriormente en una secundaria para niños bien, con clase, con prosapia y apellido ilustre. Sus compañeros, al igual que el, tenían todo cuanto pudiesen necesitar, su única e importante carencia, no era material, era el amor e interés de sus padres, la unión familiar, la enseñanza de valores.

Mauricio en su adolescencia, intuyó que la única forma de ser admitido en el grupo escolar dominante, era comportándose como ellos. Con proclividad a la violencia, a la deshumanización, al bullying sobre los débiles, al sexo, al alcohol y a las drogas.
Para Cifrián padre de Mauricio, fue motivo de orgullo la primer gran borrachera del hijo, lo miró perdido en la etílica inconsciencia y dijo para sus adentros, “Ya se está haciendo hombre”.

Con trabajos concluyó la secundaria, para ingresar luego a la preparatoria, su consumo de alcohol iba en aumento, y de la popular hierba verde, pasó al consumo de drogas más sofisticadas. El nivel de peligrosidad de sus nuevos amigos llegaba a tal punto que algunos incluso portaban armas de fuego. El estudio, los deportes y actividades culturales eran motivo de burla para él, toda su atención estaba concentrada en divertirse.

Inexplicablemente, como regularmente sucede, sin tener un mínimo de conocimientos seguía avanzando de grado escolar, hasta llegar a la educación universitaria. El dinero de papá lo mantenía en la cresta de la ola. Se unió al grupo del rector en turno y un pervertido grupo de maestros, con funciones de porro y promotor ante las jovencitas de fiestas/orgías donde había de “Todo”.
Mauricio era el encargado -entre otros- de contactarlas y posteriormente engancharlas, para que sirvieran de carne fresca de las fiestas antes referidas. Ofreciéndoles calificaciones, promociones y todo tipo de beneficios de la institución.

Aquí un paréntesis, ¿cree usted que las universidades son únicamente “templos del saber” y que desvarío? Si así piensa, no conoce la vida. Escuche hablar a un grupo de universitarios de clase acomodada -sin que ellos sepan que lo hace-, se va a horrorizar, usan el lenguaje más escatológico y vulgar que se pueda imaginar, ¿los maestros dijo? Son igual o peor. Aquí cabe otra pregunta, ¿cree usted que lo que se vive en las cárceles es igual a lo que se recreaba en las películas de Pedro Infante? Donde invariablemente salía un trío -Los Calaveras- y acompañaba musicalmente al héroe. De ser nuevamente así, está usted completamente perdido. Lo que se pasa en las las cárceles -sin haber estado ahí- es… el infierno.

Las bacanales mencionadas, al no ser los participantes sólo heterosexuales, empujaron a Mauricio a la bisexualidad, es decir dando y recibiendo. He aquí otro efecto de los estimulantes, desinhiben al ser humano, derriban barreras morales e inciden en conductas inapropiadas difíciles de alcanzar sin esas sustancias estupefacientes.

Mauricio, sin tener los conocimientos requeridos, se gradúa, obtiene título universitario y cédula profesional. Muchos jóvenes realmente valiosos se quedan en el camino sin lograr esa meta. Algunos porque ni cupo consiguieron en una universidad pública, otros debido a que su pobreza material no les permitió seguir adelante con sus sueños y finalmente los que eran tan buenos estudiantes que no participaban en la degradación generalizada y fueron mal vistos por las autoridades escolares.

Siguen los sinsentidos en la vida de Mauricio, pese a su impreparación manifiesta, consigue un importante cargo en la administración pública -gobierno-. El trabajo técnico lo hacen sus subalternos y asesores, Mauricio sirve sólo para las fotos y los reflectores. Se casa con una distinguida damita de sociedad y rápidamente tienen a dos preciosos hijos, al parecer la historia tiende a repetirse, pero…

La vida cobra finalmente la factura a su disipado actuar, Mauricio y Yamilé -tal es el nombre de la esposa- empiezan a tener serias desavenencias, ella también era aficionada a consumir grandes cantidades de alcohol y ante el alejamiento de Mauricio en su lecho matrimonial, decide buscar en otros lados el placer que no tiene en casa. Su conducta se vuelve escandalosa y cada vez menos precavida. Mauricio contrata a una agencia investigadora en casos de infidelidad, quienes con facilidad recaban todo tipo de pruebas de la actuación licenciosa de Yamilé.

Mauricio también la engañaba, con un ingrediente adicional debido a que lo hacía con mujeres y hombres. Las discusiones e insultos entre los cónyuges se tornan cada vez más violentas. Un mal día, Mauricio le dispara dos balazos a la infortunada mujer con la intención de asesinarla, no logra su cometido, pero si la incapacita para el resto de su vida, uno de los proyectiles se alojó en la columna vertebral, haciendo de Yamilé una inválida.

Ni todo el dinero de su familia pudo salvarlo de ir a la cárcel, con un agravante más. Se descubrió que Mauricio desde tiempo atrás cometía peculado con los dineros públicos. Hurtó grandes cantidades y cosa rara en el país, se le fincaron cargos por sus malos manejos y desfalcos. Si así se actuara siempre, no habría prisiones suficientes para albergar a tanto ladrón “Oficial”. Mauricio fue sentenciado -porque además influyó la poderosa familia de la víctima- a 30 años de cárcel, está enfermo y se duda salga con vida de su enclaustramiento.

¿Le parece conocida la historia? Le advertí que era de lo más común, algunos detalles aún más escabrosos los omití para no escandalizar a algunas almas sensibles, a las que Carlos Fuentes calificó como “Las buenas conciencias”.
¿Dónde quedaron pues la alegría y el glamour que proporciona el alcohol? Les repito lo que les decía a mis estudiantes de preparatoria, “Atrévanse a ser diferentes” y “El alcohol y las drogas son para mediocres”.

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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