Cuento Quincenal: Eternamente Amelia @JoseCruz777

Publicado el Septiembre 3, 2015, Bajo Cuento, Autor Rucobo.

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Eternamente Amelia
Cuento corto/historia verídica
03 septiembre 2015

Esta es la verídica historia de una impactante mujer, dueña de una excepcional inteligencia, sensibilidad y hermosura. Combinación muy inusual de atributos -y algunos más-, es raro que tantas cualidades se conjuguen en un ser humano, lo que la coloca en una especie de pedestal, eso y las duras experiencias sufridas hace años, la mantienen alejada de su entorno, mismo que es el menos indicado para un alma superior como lo es Amelia, ella es… Maestra.

Si, a la edad de casi medio siglo Amelia es bella, a los 18 años era un cromo. En la ciudad capital -pudiendo ser cualquiera de los 32 estados- Amelia estudia en bellas artes. Hasta ahí su futuro lucía promisorio, ella pretendía llegar muy lejos y tenía amplias posibilidades de lograrlo, además con el talento y la vena artística que posee, bellas artes eran los estudios más indicados.

Su estrella empezó a opacarse cuando a los 21 años consigue -nunca debió de hacerlo- unas horas como Maestra en una tenebrosa secundaria, en un olvidado pueblo, cabecera de su lugar de nacimiento. El director de dicha secundaria era -es- un barbaján de la peor ralea, de nombre Alejandro, cuya importancia en la vida de Amelia fue crucial.

Alejandro es todo un un personaje, en otra ocasión narraré su infecta vida, por lo pronto les adelanto, que pese a su corta inteligencia -o por ello mismo-, él sería el más indicado para suceder a la reclusa Elba Esther Gordillo, ¿por su capacidad sindical? No, porque carece absolutamente de escrúpulos, es hasta difícil de encontrar un espécimen así.

Volvamos a la historia, Alejandro era un redomado galán, y sabedor del teje y maneje de la SEP, “Hacía” maestras sólo a aquellas que eran complacientes, con o sin estudios. ¿Le parece una situación anormal? No, es lo común, una especie de “Usos y costumbres”. Amelia no fue ese caso, ella fue seducida por Alejandro, su posición de poder y su solvencia económica ya que era, es y será un corruptazo de marca mayor.

De ese infortunado romance -para ella-, nació la pequeña Goretti, Alejandro siguió con su vida licenciosa embarazando maestras -sin mayúscula- y estudiantes, pese a estar casado con otra maestra ¡uf! Y tener varios hijos en esa pequeña localidad. Amelia que definitivamente no era como las demás no le permitió su abandono y desinterés en ella y su hija, dejó el trabajo y se alejó de él. Yendo a refugiarse a su pueblo natal, aún más pequeño y distante.

Antes de terminar el capítulo Alejandro, diré que en la actualidad, él y sus hijos concebidos en su primer matrimonio, son líderes educativos prominentes y con altos cargos. Se encuentra casado con Valentina, a quien le lleva varios años y fue una de sus alumnas en la secundaria. Ella también es maestra -no saben otra-.

Amelia ya integrada como Maestra de primaria desde hace muchos años, se encuentra próxima a jubilarse, con su consabida doble plaza. Goretti de 20 años es estudiante universitaria -acertó, en educación- y ya tuvo su traspié, precisamente con uno de sus profesores del que se enamoró, y como producto de ese enamoramiento nació Julián, niño que es la adoración de la madre y de la abuela, ¿el padre de Julián? Seguramente dando cátedra en la misma universidad.

¿Puede una mujer como Amelia, no caer en el acoso sexual, práctica usual del magisterio? Puedo asegurar que si. Y le creo también que desde el costoso error que significó Alejandro, ella se ha conservado célibe. Mi reiterada sugerencia es que no cierre la puerta al amor, aún a sus 47 años puede encontrar a un hombre que pudiera ser su compañero. De preferencia que no pertenezca al sector educativo, que abra sus horizontes. Ojalá encuentre su pareja cósmica.

Me apena que muchas mujeres sientan que su función como madres, anula su derecho a la felicidad. ¿Qué será de Amelia si Goretti y Julián se van? Se quedaría en la más absoluta soledad, ella que fue tan pretendida, ella con tantas cualidades, ella que se mantuvo firme y no cedió a las presiones abyectas de sus compañeros, ella tan honesta en un medio deshonesto, ella tan preparada y culta en un medio aculturizante, ¿es eso justo?

Amelia dejó ir grandes oportunidades, no le vaya a pasar que: “Cuando pudo no quiso, y que cuando quiera no pueda”, suele suceder. Amelia me parece la imagen de la canción “Penélope” ¿la recuerdan con Joan Manuel Serrat? aquella que se quedó esperando al marinero que se hizo a la mar y que cuando volvió no lo reconoció, por recordarlo joven como al momento de su partida. Para ella algunos párrafos iniciales de esa bella canción.
Penélope, con su bolso de piel marrón/ y sus zapatos de tacón/ y su vestido de domingo.
Penélope, se sienta en un banco en el andén/ y espera que llegue el primer tren meneando el abanico.
Dicen en el pueblo que un caminante paró su reloj una tarde de primavera/ adiós amor mio, no me llores volveré…

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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