EPN: México mágico. Panegírico de la nada. Y cuando despertó…

Publicado el Septiembre 3, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor Ocelotl.

Verde, blanco y rojo sangre

Verde, blanco y rojo sangre

El Fisgón

La Jornada / México SA / Carlos Fernández-Vega

Inenarrable resulta la placidez de los mexicanos tras escuchar el mensaje del inquilino de Los Pinos. Del previo cuan manifiesto nerviosismo existente entre ellos, y la desesperación en no pocos casos, los habitantes de esta República de discursos pasaron a la serenidad y la plena satisfacción luego de asimilar que su percepción sobre el deplorable estado que guarda la nación era totalmente errónea.

Del micrófono oficial brotaron mágicas cifras, progreso a borbotones, y un titipuchal de logros nunca registrados por la lerda mexicanada, la cual por fin entendió a cabalidad que el México real que cotidianamente padecen nada tiene que ver con el descrito ayer por el inquilino de Los Pinos durante el faraónico acto en Palacio Nacional, en el que de la chistera presidencial en todo momento salieron conejos, palomas y cintas multicolores. Peñalandia, pues.

Como el gobierno de la República está decidido a demostrar que se aprieta el cinturón y que la austeridad es su norma, ayer en Palacio Nacional sólo hubo cupo para mil 500 invitados, quienes desquitaron la cortesía mediante apoteósicos aplausos para cada frase de ocasión, sobre todo en momentos determinantes del discurso peñanietista, como el siguiente: es un hecho que la economía mundial va a mejorar y, cuando esto suceda, México será el país que tenga las mejores condiciones para convertirse en una potencia, algo que por lo demás viene prometiéndose desde hace tres décadas.

Así es, mexicanos pacientes, mientras la economía mexicana se zarandea un día sí y el siguiente también, y en tanto se materializa la maravillosa oferta del inquilino de Los Pinos, la opción es comprar un mullido sillón (algo que estimularía el mercado interno) y un litro de Pasiflorine para esperar cómodamente el advenimiento del paraíso. No pueden desaprovechar esa oportunidad de oro.

Con la claridad y la decisión de un estadista, Enrique Peña Nieto descubrió que hoy México enfrenta una situación de desconfianza en lo interno y de incertidumbre en lo externo por la economía internacional, pero, grandilocuente, no sólo describió el hallazgo, sino que de inmediato encontró la solución: ¿qué vamos a hacer como país ante los retos y dificultades que enfrenta México? Nuestra respuesta es contundente: vamos a enfrentar los desafíos, con claridad de rumbo y absoluta determinación.

Pero fue más allá: vamos a ir hacia adelante, comprometidos con la ley, con la justicia, con el respeto a los derechos humanos y la integridad en el servicio público. Vamos a seguir transformando a México, con las nuevas instituciones de transparencia y combate a la corrupción. ¡Listo! Con eso y un jarrito de atole esta República de discursos va que vuela al primer mundo.

Otra reflexión del susodicho maravilló a los habitantes de esta nación: “quiero hablarles de lo que nos molesta y perturba como sociedad, de lo que nos afecta y preocupa como mexicanos. El último año ha sido difícil para México. Nuestro país se vio profundamente lastimado por una serie de casos y sucesos lamentables. Los hechos ocurridos en Iguala (léase la barbarie contra los muchachos de Ayotzinapa) o la fuga de un penal de alta seguridad (la de El Chapo, es de suponer) nos recuerdan situaciones de violencia, crimen o debilidad del estado de derecho”.

Y fue más allá: “señalamientos de conflictos de interés –que incluso involucraron al titular del Ejecutivo– (y al ministro del (d) año, aunque no se preocupen que para eso está Virgilio), así como denuncias de corrupción en los órdenes municipal, estatal y federal –y en algunos casos en el ámbito privado–, han generado molestia e indignación en la sociedad mexicana. Estas situaciones son muy distintas entre sí, pero todas lastiman el ánimo de los mexicanos y la confianza ciudadana en las instituciones. A este ambiente se suma ahora la preocupación de las familias por el futuro de la economía. Hoy los mexicanos escuchan en los medios de comunicación que bajan los precios del petróleo y sube el dólar. Y si bien esta situación responde a fenómenos del exterior, temen que su economía pueda verse afectada”.

Pero como estadista que es, el susodicho inmediatamente desenmascaró a quienes, con una percepción obviamente equivocada, exigen un golpe de timón y un cambio de ruta (algunos más apremian a un cambio de inquilino de Los Pinos). Dijo: en todas las naciones surgen dudas y se enfrentan dilemas sobre cuál es el mejor camino a seguir. En este ambiente de incertidumbre el riesgo es que en su afán de encontrar salidas rápidas, las sociedades opten por salidas falsas. Me refiero al riesgo de creer que la intolerancia, la demagogia o el populismo (autogol) son verdaderas soluciones. Esto no es nuevo. Es una amenaza recurrente que ha acechado a las naciones en el pasado.

De allí pasó a detallar el cúmulo de logros, los borbotones de bienestar, el progreso a manos llenas y, modestamente, la perfección de sus acciones de gobierno, de su gabinetazo y, obviamente, de su maravillosa familia –republicanamente austera– a la que, al mejor estilo foxista, incorporó a su discurso y sentó en primera fila, por mucho que sus integrantes no sean funcionarios (Gaviota dixit).

Habló y habló de lo bien que ha hecho las cosas, pero algo llama la atención: si, como dijo, se registraron espectaculares logros en turismo, educación, desarrollo social, medio ambiente, desarrollo agrario y demás, entonces ¿por qué cambió a los titulares de las respectivas secretarías? Por ejemplo, si Rosario Robles hizo la hazaña de sacar de la pobreza extrema a 87 mil mexicanos (a cambio de sumar a 3.5 millones a la pobreza a secas), y si, en fin, la Cruzada Nacional Contra el Hambre ha demostrado ser una estrategia efectiva para combatir la pobreza extrema y el hambre, ¿cuál fue la motivación presidencial para mandarla a la Sedatu?

En el mismo tenor, si con Claudia Ruiz Massieu México se está consolidando como una de las principales potencias turísticas del mundo y en 2014 se logró un récord histórico: 29.3 millones de turistas internacionales llegaron a nuestro país, 25.4 por ciento más que en 2012, entonces, ¿para qué la mandó a Relaciones Exteriores?

De igual manera, si con el todólogo José Antonio Meade México ha dado un paso trascendente para enriquecer su tradición diplomática, fortaleció nuestra presencia internacional y veló por los intereses de nuestra nación en el extranjero, entonces, ¿cuál fue la razón para enviarlo a la Sedesol?

Pero sin duda alguna el autocomplaciente estadista mexiquense tendrá las respuestas adecuadas.

Las rebanadas del pastel

Y cuando el inquilino de Los Pinos despertó, el México real seguía allí.

Twitter: @cafevega

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