Bajo la lupa

Publicado el octubre 4, 2015, Bajo Columna de opinión, Internacional, Autor Soquito.

Por: Alfredo Jalife-Rahme.

Agua de Israel: “milagro tecnológico” con apartheid a palestinos y despojo a sus vecinos.

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“Israel se aprovecha de la implosión en Siria para colonizar en forma masiva el Golán y así controlar las varias fuentes que nutren al mar de Galilea…” En la imagen, una niña siria juega en un campamento para refugiados en Hungría, el 10 de septiembre pasado.

Der Spiegel aborda el “milagro acuífero de Israel en el desierto” y señala a la planta Sorek, en Rishon LeZion, como “la mayor instalación de desalinización en el mundo (http://goo.gl/iniuLb).

El agua salada “es bombeada del mar Mediterráneo a la planta donde las algas y las criaturas marinas son removidas” para luego ser conducida a una “construcción de membrana” que constituye el núcleo de la planta, a través de “ductos equipados con miles de membranas plásticas” que usan la ósmosis inversa, que produce 26 millones de litros de agua por hora, “suficiente para abastecer el área metropolitana de Tel Aviv”.

La tecnología de ósmosis inversa consume menos energía, hasta 40 por ciento, que la “desalinización térmica”.

Diez por ciento de la producción eléctrica de Israel es usada por la desalinización y Der Spiegel considera que no existen estudios para evaluar la “carga ambiental” cuando el “concentrado de sal es bombeado de nuevo al mar ­Mediterráneo”.

El portal alemán apunta que Israel “ha invertido fuertemente en investigación”, lo cual le ha propulsado a colocarse como “un líder global en varias tecnologías acuíferas”, ya que ningún país recicla tanta agua de desecho para su agricultura.

Israel ha construido “cuatro plantas de desalinización” que “producen 600 millones de metros cúbicos de agua” que “satisfacen cerca de la tercera parte de sus necesidades acuíferas”.

El problema radica en el apartheid acuífero del estado de Israel cuando el “agua es accesible solamente una vez por semana (¡supersic!) a los hogares palestinos en Cisjordania”.

En el acuerdo asimétrico Oslo II de 1995, “Israel se lleva 80 por ciento (¡supersic!) del agua extraída en Cisjordania”, mientras los “palestinos solamente tienen derecho a 20 por ciento, una solución injusta que supuestamente debía ser transitoria”.

No faltan críticos, como los afectados palestinos, que fustigan que el “acuerdo histórico (sic) entre Israel y Jordania” constituye un “robo hidráulico por Israel (http://goo.gl/wua8XS). ¿Cuál es la ­novedad?

La situación en Gaza, donde varios gobiernos de Israel han perpetrado infanticidios, “es aún más desesperada que en Cisjordania” cuando “alrededor de 96 de todos los pozos en Gaza están contaminados con agua salada y agua de desecho”. ¿Contaminación ­deliberada?

Gaza es el basurero de las “milagrosas” plantas desalinizadoras de Israel: ostenta una “carestía de agua bebible y la calidad del agua es terrible (¡supersic!), pese a que Israel duplicó la cantidad de agua desalinizada que envía a Gaza”.

Aquí cabe rememorar el apotegma humanista del Renacimiento: “La ciencia sin conciencia es nesciencia (Nota: ignorancia)”.

Joe Stork –vicedirector de Human Rights Watch para el Medio Oriente y Noráfrica– aborda el “agua y la estrategia de ocupación de Israel (http://goo.gl/wZ0qoB) y la “centralidad del agua para la estrategia de Israel con sus vecinos árabes: Palestina, Líbano y Siria”.

Juzga que su enorme (sic) consumo de “varias centenas de millones de metros cúbicos al año” han sido bombeadas a Israel “desde un extenso acuífero que subyace en su mayor parte bajo la parte norte y occidental de Cisjordania”.

La Cisjordania palestina es el territorio ocupado por el ejército de Israel y sus zelotes colonos que expolian el agua ajena.

Según Stork, Israel ostenta la mayor proporción de explotación de los recursos acuíferos disponibles en el mundo: 95 por ciento, que “incluye los recursos acuíferos de los territorios ocupados de Cisjordania, el Golán y Gaza”, así como el “agua que se origina de los ríos en Siria, Jordania y Líbano”.

Aunque el estudio de Stork fue elaborado en 1983, el despojo acuífero de Israel a sus vecinos árabes no ha variado mucho, con la salvedad del acuerdo para el reparto del río Jordán con Jordania, del que nos instruyó el entonces príncipe heredero jordano Hassan a un grupo de “misión de hallazgo de hechos”, bajo los auspicios de la ONU en 1997, del que formé parte.

El problema del acuerdo entre Israel y Jordania es que perjudica a los otros tres países ribereños del río Jordán: Líbano, Palestina y Siria, cuando a los palestinos se les niega el acceso (http://goo.gl/r09B8m). ¡Todo lo que aguantan los palestinos!

Stork consagra un apartado a las “aguas de Líbano”, cuyo “río Litani es la mayor fuente potencial de nueva agua para Israel en los años venideros”.

Gran parte del “involucramiento de Israel en el sur de Líbano desde 1976” y su ocupación militar (¡la enésima ocupación!) del sur desde 1982 –cuando la guerrilla chiíta de Hezbolá obtuvo un triunfo resonante al expulsar al ejército israelí– forman parte de la paleobíblica codicia acuífera de Israel que tiene también la mira puesta en los ríos Nilo (Egipto) y Éufrates (Turquía/Siria/Irak).

Mediante sus paleobíblicos mitos racistas, Israel justifica su despojo militar de territorios, agua y gas a los países árabes y hasta se adueña en forma aberrante del término “semita (http://goo.gl/9WVhns)”.

Según Stork, el “básico esquema ingenieril para el desvío del río Litani en Líbano fue diseñado para Israel por el ingeniero estadunidense John Cotton”, lo que “requeriría el control físico de la mitad sureña del valle de la Bekaa” (nota: su zona mas fértil) y la “mayor parte del sur de Líbano abajo del río Zahrani”.

Stork cita a David Karmeli, ingeniero de Technion de Israel (hiperactivo en México), quien proclamó que el “desvío del agua de Líbano a Israel estaría bajo control y secreto (¡supersic!) militares”.

Se ignora si estos esquemas de despojo neocolonial y racista de Israel, todo un “ apartheid acuífero”, sean aún vigentes cuando su agenda se trasladó a sus pletóricas reservas de gas que posee: limítrofes con las costas de Líbano y Gaza (http://goo.gl/UfV98a).

Las guerras de Israel contra todos sus vecinos –Egipto, Gaza, Líbano, Siria, etcétera– son multifactoriales: desde los territorios pasando por el agua hasta el gas (http://goo.gl/H44lXh), sin contar la hollywoodense “guerra lingüística” para despojar el término “semita” a los árabes, cuando hoy la mayoría israelí, los jázaros ashkenazis de origen mongol centroasiático, no lo es, a diferencia de los discriminados misrajíes y sefarditas que sí lo son, si hacemos caso a Shlomo Sand, historiador israelí de la Universidad de Tel Aviv (http://goo.gl/7XBvsD). ¡Puro mito!

Una de las causas de la anexión de Israel de las Alturas del Golán (Siria), es que contiene algunas de las fuentes de agua del mar de Galilea: el mayor lago de agua fresca de Israel y la principal fuente del río Jordán.

El transportador nacional de agua de Israel canaliza el líquido del mar de Galilea, que constituye gran parte del caudal potable de Israel.

Israel se aprovecha de la implosión en Siria para colonizar en forma masiva el Golán y así controlar las varias fuentes que nutren al mar de Galilea desde el suelo sirio (http://goo.gl/bml9JN).

La irredentista codicia acuífera de Israel no se detiene al “gran Medio Oriente” y ha incursionado negativamente en Argentina y en el “México neoliberal itamita” mediante la fétida ley Korenfeld de la Conagua que parece operar aún como una sucursal hidráulica de Tel Aviv (http://goo.gl/ysZ26w).

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Fuente: La Jornada.
Foto Ap.

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