Bárbaros, tercos, broncos

Publicado el octubre 13, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

Bronco y Peña Qmm

De: Abraham Nuncio, opinión en La Jornada, 13 octubre 2015.

Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, ya es gobernador de Nuevo León. Sin la parafernalia de que se ha rodeado y su léxico antiprotocolario y poblado de superlativos, lo que él protagoniza es, técnicamente, una alternancia en el poder. Las expectativas que ha despertado en el plano local son mayores que las propiciadas por Vicente Fox a su arribo a la Presidencia. Fue el tuerto en tierra de ciegos unipartidistas.

En la crisis de principios de los ochenta aparecieron los bárbaros del norte. Estos bárbaros así se motejaban por desplazar en las urnas al PRI y por llevar al poder a los neopanistas que emergían del mundo empresarial.

El clímax de la barbarie fue el triunfo de Fox.

Él venía de otro mundo, como llegó a decir Jorge Castañeda, y con su gobierno se inauguraría, al decir de su propaganda, el México nuevo que los mexicanos engañados y maltrechos esperaban. Era el México que se anunciaba en el discurso pronunciado por Fox el 5 de febrero de 2001, con motivo del aniversario de la Constitución de 1917.

Los bárbaros, a partir de entonces, se fueron mimetizando con las prácticas que criticaban: fraudes electorales, hábitos mafiosos, negocios sucios, asociación con el crimen organizado, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, autoritarismo, outsourcing de las responsabilidades de gobierno y de la representación política, enajenación de soberanía. Amansados de esta manera, los bárbaros ya no tenían nada nuevo que ofrecer y devolvieron el poder a sus antiguos adversarios ideológicos y próximos aliados en el reparto del botín.

Un intelectual cobijado por uno de los gobiernos priístas de Nuevo León (él se llama Juan Zapata Novoa) escribió un libro titulado Tercos y triunfadores. Ambos calificativos se los tributaba a los empresarios de la región (Torreón y Monterrey). Ya para entonces se habían entercado en deshacerse de empresas y bancos que habían adquirido a precios de remate para luego venderlos a título de pingüe coyotaje. Aun así se mantuvieron como la parte no gubernamental del Estado que manda. La referencia es obligada porque ahora hay un gobierno que no ha dudado en llamar a su independencia de los partidos la segunda independencia de México.

Cabe preguntarse si también es independiente de los grandes empresarios. Uno de sus lemas de campaña fue: La raza paga, la raza manda. Como gobernante electo, Rodríguez Calderón se reunió durante nueve horas con las organizaciones empresariales de Nuevo León y de ese encuentro declaró recoger 75 por ciento de sus propuestas para integrar su programa de gobierno. Cerca de su asunción como nuevo gobernador tuvo otro encuentro con la Coparmex y días antes del evento se reunió con el Grupo de los Diez (la cúpula de cúpulas de la oligarquía regiomontana). De ambas reuniones la prensa infirió acuerdos positivos para el nuevo gobierno.

Si Rodríguez Calderón no se ha reunido con propósitos programáticos con la raza obrera, ni con la raza campesina, ni con la raza magisterial, ni con la raza universitaria, ni con la raza profesional, ni con la raza de los artistas sino única y exclusivamente con la raza empresarial, ¿qué raza es la que paga y manda?

A Rodríguez Calderón no se le puede escamotear, desde luego, el hecho de impedir que fuera premiado con el triunfo electoral el partido que fue copartícipe del peor gobernante que recuerde Nuevo León; ni las características y compromiso que lo tupieron de votos: arrojo, distancia de las televisoras que han venido sustituyendo al poder, decirles bandidos públicamente y a unos centímetros de distancia al gobernador Rodrigo Medina y a quienes con él confundieron el Estado con un negocio sucio, la promesa de enderezar sus finanzas con austeridad, transparencia, honestidad y rendición de cuentas, así como emplear el dinero inútilmente derrochado en imagen televisiva para destinarlo a necesidades básicas de la población.

Pero tampoco se puede pasar por alto sus yerros tempranos: desde prometer la construcción de un estadio para el equipo Tigres (él es religiosamente tigre) en medio de una crisis en la que se halla sumido Nuevo León por la colosal deuda de más de 100 millones de pesos que dejó su antecesor, hasta pensar, si la raza se enterca, en lanzar su candidatura para 2018. ¿Las redes sociales han retemblado demandándole eso? La única raza que se podría entercar es la empresarial si percibe la posibilidad de que un candidato ubicado en la izquierda, así sea la más leve, puede llegar a la Presidencia de la República.

Es tiempo de disipar los estereotipos y marcas de la mercadotecnia al uso. Autoproclamarse independiente, bronco, creyente o bien revolucionario, socialista, demócrata, ciudadanista o miembro de cualquier grupo político o religioso no es garantía de nada. Los valores que se ostentan sólo pueden probarse en la práctica. Y esto aún está por demostrarlo Rodríguez Calderón en el ejercicio de gobierno. Como candidato puede no tener rival, pero lo que la política mexicana necesita es gobernantes probos y leales a las causas que dicen defender. La mejor campaña es la que se hace en la gestión pública. Y desde el puesto de gobernador, el hombre de Galeana es en la que debiera empeñarse.

En el discurso que pronunció después de su toma de protesta, Rodríguez Calderón pidió ayuda a todos para poder gobernar. Los políticos, salvo los estadistas, no suelen considerar a la opinión crítica como ayuda. Pero es una de las mejores maneras de ayudarlos a ellos y de ayudarnos como sociedad.

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