Los militares lo vieron todo (Parte III)

Publicado el diciembre 28, 2015, Bajo Video, Autor LluviadeCafe.

 

ARISTEGUINOTICIAS

La versión oficial o “verdad histórica” de la PGR estableció que los policías de Iguala y Cocula entregaron a los normalistas de Ayotzinapa a integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos, quienes llevaron a los jóvenes al basurero de este último municipio guerrerense, donde los quemaron para desaparecer las evidencias del crimen.

Sin embargo, la presunta incineración de los estudiantes en ese lugar, en las condiciones descritas por los presuntos criminales, fue refutada en septiembre pasado por el grupo de expertos de la CIDH, apoyados por un peritaje de José Torero, quien tiene experiencia internacional, pues ha atendido casos como el atentado contra las Torres Gemelas. 

“La llama se habría tenido que inclinar hacia el basurero, encendiendo todo el plástico, que sigue existiendo, es un basurero más bien seco, y por lo tanto ahí se tendría que haber generado un incendio forestal, un incendio que hubiese quemado toda esa zona, por todas estas razones, el GIEI se ha formado la convicción de que los muchachos no fueron incinerados en el basurero de Cocula”, dijo el experto Francisco Javier Cox Vial:

Entonces se derrumbó la llamada “verdad histórica”. Una madre de Ayotzinapa dijo, tras enterarse del informe de los expertos, que la de la PGR era -más bien- una “mentira histórica”.

Las investigaciones oficiales -cuyas deficiencias se vienen exponiendo desde la primera ysegunda parte de este reportaje- tienen otra flaqueza: los militares que vieron todo la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre en Iguala, no han podido ser interrogados por los expertos independientes de la Comisión Interamericana. Su actuación en las horas en que los estudiantes eran desaparecidos -primero negada y después minimizada- sólo ha sido indagada por medio de preguntas en el Ministerio Público, a donde fueron citados a declarar casi 50 soldados. Empero, debido a las contradicciones o testimonios difusos, algunos de ellos volvieron ante el MP hasta 4 veces.

Por ejemplo, el capitán José Martínez Crespo declaró, entre otras cosas, que la madrugada del 27 –después de haber ido a buscar a los normalistas en la comandancia de la policía municipal de Iguala, donde no los encontró- llegó al Hospital Cristina, donde, según él, “hablé con los jóvenes, (les dije) que estábamos para darles seguridad, no les pedí los nombres ni les hicimos revisión alguna”. Además, refirió que un teniente coronel le ordenó que respetara “los derechos” de los estudiantes. 

Testigos de aquella noche -estudiantes normalistas e incluso un maestro- niegan el supuesto “buen trato” que declaró Crespo.

Entre las primeras denuncias que hicieron los normalistas sobrevivientes o testigos de los ataques y las desapariciones, fue la relacionada con que el Ejército no los quiso auxiliar la madrugada del 27 de septiembre, tras haber sido atacados a balazos y algunos de sus compañeros fueron sometidos (los 43 que están hoy desaparecidos).

Gracias al informe de los expertos de la CIDH se puede establecer que el Ejército tuvo ojos por todos lados aquella noche:

-Supo de la llegada de los normalistas a Iguala desde que uno de los camiones en los que iban los estudiantes -preparados para tomar autobuses que los transportaran a la marcha del 2 de octubre en el DF- estaba parado a unos pasos de la caseta de la ciudad, a donde envió al menos a un soldado que mantuvo al tanto al batallón 27.

-Supo del “informe” (festejo) que encabezaba la esposa de José Luis Abarca, María de los Ángeles Pineda -a donde envío un representante del Ejército y al menos a un soldado encubierto. El acto político -no así el baile- concluyó antes de que los normalistas llegaran a la central de autobuses de Iguala, contrario a establecido en la versión oficial de los hechos, sobre que se pensó que los estudiantes iban a sabotear el informe de Pineda Villa.

-El Ejército supo también de los principales ataques contra los estudiantes (en los que desaparecieron los 43) por parte de la policía municipal y de sujetos armados vestidos de negro que aún no se aclara si eran los policías de Cocula.

 

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