Cuento Quincenal: “Hijo, con esto te pago” @JoseCruz777

Publicado el Abril 15, 2016, Bajo Cuento, cultura, Autor Rucobo.

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“Hijo, con esto te pago”
Cuento corto
14 abril 2016

Esta es una historia amarga, de gusto ácido, de derrota. Quienes gusten de historias con final feliz, personajes simples e historias rosas, están leyendo el texto equivocado y muy a tiempo de dejar de hacerlo. La vida de Abel no es edificante, ni bonita, ni ejemplar, tiene un final adecuado a toda una vida de desatinos y malas decisiones, coronada con una vejez solitaria y lúgubre.

Abel fue un joven solitario, su padre un tipo autoritario que le hacía trabajar jornadas extenuantes -16, 18 hrs.- en los negocios de su propiedad. De tal manera que cuando Abel le mencionó su deseo de estudiar en la secundaria nocturna a la edad de 17 años, su padre montó en cólera. Era de esos padres que aunque quieren a sus hijos los consideran de su propiedad y les interesa muy poco lo que piensan o desean, son castrantes emocionalmente.

Por otro lado Abel debería trabajar con su padre para con ello velar por la manutención de su madre y hermanas -todas (4) menores que él-, a quienes su padre había abandonado y amenazaba con dejar de dar el gasto. Su madre que veía en Abel la figura del hombre que la abandonó, le propinaba severas golpizas, en ese contexto creció el niño-adolescente.

Todo en la vida evoluciona, la madre de Abel se empleó como sirvienta en El Paso Tx. y las hermanas desde muy pequeñas empiezan a trabajar, en donde sea, en donde se pueda, donde las ocupen. Abel entra a trabajar en la industria maquiladora como operador de producción a la edad de 19 años. Su primer gran equivocación fue casarse a los 20 años con una joven que no amaba, dos años menor que él.

De esa unión nace Néstor cuando Abel aún no cumplía los 22 años. Año preciso de su entrada a la universidad, debido al arduo entrenamiento en los negocios paternos, el ritmo de trabajo de Abel era febril, destacando de sus compañeros y ascendiendo de manera vertiginosa en la empresa. La pareja sentimental de Abel, le era bastante dispareja, no compartía sus sueños, sus planes y veía la vida desde una perspectiva muy diferente.

Casi cinco años después del nacimiento de Néstor, nace Diana, una apacible e inteligente niña. Abel fue excesivamente duro con Néstor de quien esperaba demasiado. los padres no entendemos que los hijos son como son, no como quisiéramos que sean. Abel toda su vida ha sido un hombre de extremos, cuando Néstor era muy pequeño, abel y su esposa compraban alimentos para el niño en El Paso Tx. -carne, leche, huevo, frutas- y en Cd. Juárez para él y la esposa, situación contraria a la mayoría de los hogares donde lo mejor es para el padre.

La gran tragedia en la vida de Abel, es haber dado una vida miserable al pequeño Néstor y a su esposa, con golpes al menor y maltrato verbal a la esposa. Hoy, 30 años después y debido al clima de violencia en todo el territorio nacional, Abel está mas que dispuesto a expiar su culpa por los malos tratos a Néstor, hoy de casi 39 años. Tiene incluso unas palabras preparadas por si le toca una muerte violenta que implique mucho dolor físico, diría; “Hijo, con esto te pago”. En sus desvaríos ha deseado llegar a esa situación y así acabar con su arrepentimiento.

Siguiendo la pauta de su padre, Abel se separa de su esposa cuando sus hijos tienen 11 y 6 años respectivamente. Desde entonces la vida se ha encargado de cobrarle la factura, sobreviniéndole varias y recurrentes recaídas económicas, debiendo emigrar al interior del estado. Con su nueva esposa ha engendrado tres hijos mas, ahora de 24, 22 y 13 años.

Néstor y Diana, terminaron sus estudios superiores e incluso Maestrías, no tienen buena relación con su padre a quien no invitaron a su graduación universitaria, causándole un gran dolor por, a su manera amarlos y sentirse muy orgulloso de ellos. ¿Es esto injusto? No, la vida le da a las personas, justo lo que merecen, sea para bien o para mal.

Si bien Abel tiene un futuro bastante incierto debido a que carece de todo tipo de protección social, no tiene la forma de acceder a ningún tipo de pensión aunque haya trabajado duramente durante toda su vida. Por iniciar negocios particulares, tiene 29 años que no cotiza para el IMSS y el dinero aportado ha desaparecido como por arte de magia.

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A sus casi 61 años, cuando Abel pueda trabajar comerá, cuando esté impedido para hacerlo, un negro panorama se avizora en su quiza corto futuro. Hay un detalle mas que viene a agravar todo, el orgullo enfermizo de Abel quien prefiere morir de hambre, antes de pedirle un mendrugo de pan a nadie, a sus hijos ¡mucho menos! Tal es su condición, así lo hizo la vida. No se ve a si mismo implorando ayuda, fue un hombre fuerte y según sus palabras, “Morirá de pie”, ¡como los robles!

Moraleja, si es que hay algo rescatable de esta historia. “Traten bien a sus hijos, ustedes que son padres jóvenes, de otra manera cargarán con esa culpa lo que les reste de vida y les faltarán años para arrepentirse”.

Aclaración, la historia y moraleja expuestas son para seres humanos con conciencia. Hay padres y madres mucho mas desalmados que Abel, a los que tienen sin cuidado sus hijos. Curiosamente muchos de ellos tienen la suerte excepcional de tener hijos amorosos y gozan de una vejez tranquila. Tal vez Abel esté mal aspectado y todo sea ¡cuestión de karma!

Si usted que leyó esta historia, ha tratado mal a un hijo y le dan ganas de llorar, llore, llore hasta saciarse, las lágrimas suelen limpiar el alma, su gusto salobre disuelve la pena, la ahoga.

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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