Cuento de la serie: “Juegos de Poder”, La traición @JoseCruz777

Publicado el abril 21, 2016, Bajo Cuento, cultura, Autor Rucobo.

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La traición
Cuento de la serie: “Juegos de Poder”
21 abril 2016

En esta serie de cuentos políticos, no podía faltar el tema de la traición, de la deslealtad, de la puñalada trapera -por la espalda es decir a traición-. Recordemos las últimas palabras del Emperador romano Julio César al ser asesinado por quien menos lo esperaba, “¿También tu Bruto, hijo mio?” ¿Qué me dicen de la traición de Judas y su hilarante ¿acaso yo Maestro? Tenemos pues que la traición es inherente al ser humano, pero se recrudece, magnifica en el ámbito político, ahí se cocina el caldo de cultivo que favorece el surgimiento de esa contumaz bacteria.

Dionisio estaba mas que dotado para la política era; desleal, sin principios, deshonesto, ignorantote, mentiroso compulsivo, megalómano, cobarde, mitómano, falso, tramposo, intrigante… y un largo etcétera. El hombre fuerte de la región al percatarse de las portentosas e innatas “Cualidades” de Dionisio lo empezó a capacitar políticamente, ¿en qué consistía esa capacitación? En depurar y fortalecer los atributos naturales de Dionisio, quien desde niño hacía gala de ellas.

La primer gran traición de Dionisio -digo gran porque ya llevaba cientos, miles- fue dejar a su esposa e hijos, para ir a enamorar a la hija de su benefactor, quien había sido abandonada por varios maridos por su empecinada costumbre de engañarlos de forma cínica, teniendo hijos con ellos o… no se sabe con quien. De tal manera que Dionisio deja a sus dos hijos pequeños para ir a atender a cinco de su facilita nueva esposa, ¿usted lo entiende? Yo no.

Ya sintiéndolo de la familia, Nicolás lo lanza a la presidencia municipal del poblado, le contrata asesores y estrategas políticos que logran posicionar al redomado pillo en el gusto del electorado, ¿habrá tenido que ver los dionisiacos -Dionisio dios griego del placer sensual- ágapes, las generosas despensas y el regalo de utensilios tales como, camisetas, útiles escolares y algunos electrodomésticos menores? En última instancia había también amenazas de los pistoleros de Nicolás para “Convencer” al pueblo de las bondades de su yerno.

Como era de esperarse, las elecciones se ganaron de manera abrumadora ¿dónde he escuchado ese mal chiste? La gente en su ingenuidad, esperaba que cumpliera las múltiples y disparatadas promesas de campaña tales como; subir el agua del río que corría 200 mts. abajo del poblado y construir una represa para almacenar la supuesta agua -el torrente de los ríos sólo es aprovechable si el hilo de plata está sobre el pueblo no debajo, por la necia “Ley de la gravedad-.

También pretendía criar ganado, sin contar con los pastizales necesarios -depende del terreno, una res necesita de entre una hectárea (cuando hay mucha vegetación), hasta 20 hectáreas (semi desierto) para su alimentación-. Quería traer grandes industrias sin tener la infraestructura indispensable , el personal técnico capacitado y el número suficiente de operarios. Quería… ¡puras estupideces pues!

Dionisio -como muchos- lo que tenía de torpe lo tenía de ladrón, eso si se le daba y se dedico alegremente a robar a veinte uñas, pavimentó mucho eso si, pero era tan delgado y de mala calidad el asfalto que aún el peso de las bicicletas lo quebraban, era del peligroso grupo de los “Pendejos con iniciativa”. Dionisio tenía una inconmensurable mala suerte, era de esos pobres infelices que ¡todo les sale mal!

En fin, como pudo terminó su trienio y tal vez por lo mismo tonto le cayó en gracia al gobernador de su estado y le dio acomodo en el gobierno estatal, ¿es necesario decir que fracasó en todo? Primero lo ubicó el el sector salud -no se asombre lector, en México somos todólogos- y se desataron varias epidemias, viruela, rabia, sida, fiebre aviar. Luego a un organismo controlador del agua, y en ese año se dio la sequía más drástica en los últimos 50 años, muriendo el 80% del hato ganadero. desesperado el gobernador lo envió a Educación, logrando que los estudiantes quedaran en el último lugar de los 18 estados -no se sorprenda, nunca mencioné que la historia se desarrollaba en México-.

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Su traición postrera fue cuando se les volteó al gobernador y a su suegro, yéndose a otro partido. Aquí la historia; lenguas viperinas le susurraron al oído que tenía muchas mas posibilidades de éxito si los traicionaba y así accedería a la ambicionada silla estatal, que sus grandes dotes políticas se estaban desperdiciando miserablemente. Que incluso podría aspirar a la primer magistratura y… Dionisio se cambió de partido.

En este punto es donde el destino le jugó una mala pasada, sin sus asesores -ellos ahí seguían sólo que ahora operaban en contra- y estrategas, Dionisio se dio cuenta de su real estatura política, era un pigmeo. El resultado electoral fue desastroso, su nuevo partido perdió hasta el registro, la sensual esposa encontró un nuevo amante, se le declaró la diabetes, su casa se incendió, le hackearon su abultada cuenta bancaria dejándolo en la miseria y… adivinó, los perros lo orinaban en la calle.

¿Le suena conocida esta historia? ¿Pululan los Dionisios? ¿Necesitamos cambiar la historia? Creo que si, la política no es, pero, debería de ser ejercida por los mas preparados, por los mas honestos, por los mas dignos. De seguir como vamos, habremos de dejar un país en ruinas a nuestros descendientes, un país donde no lo habiten hombres sino cucarachas.

Estoy cierto de que muchos políticos actuales que están en boga, si leyeran este manuscrito no lo entenderían o me juzgarían loco, quizá lo estoy, pero, esa posible locura me permite visualizar un mundo mas humano, con valores, con futuro, y no la cloaca en que habitamos.

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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