Reflexiones de un Utópico: Folclor Electoral @JoseCruz777

Publicado el Mayo 6, 2016, Bajo Cuento, Política, Autor Rucobo.

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Folclor Electoral
De la serie, “Reflexiones de un Utópico”
05 mayo 2016

He de comenzar estas reflexiones con un agradecimiento hacia la vida, que a estas alturas de mi existencia -ocaso-, me da la oportunidad de asimilar nuevas experiencias. Algunas tristes, estremecedoras otras, pero casi la totalidad graciosas, con una comicidad involuntaria -que es la que causa mas risa-, muy propia de un pueblo chapucero y ocurrente como el nuestro, el que al combinarse con la clase política y su tradicional sordidez hacen una mezcla explosiva.

Empecemos diciendo que la política es para tiburones, aquellos pececillos que beben y beben y vuelven a beber, para lo único que sirven es para alimento de los primeros. Aquí no hay lealtad y la mayoría -salvo contadas excepciones- venderían hasta su madre si le encuentran cliente. La política es un juego de luces que engaña la vista, una cueva de bandidos, una agencia de empleos, una escuela del crimen donde los mas torvos y feroces, son los directores.

En lo particular me apasiona el funcionamiento de la maquinaria electoral, la que con el mismo truco, engaña al pueblo una vez y otra también. Decía Mark Twain, “Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados”. Es decir, tenemos una predisposición genética a ser engañados. En las ferias de pueblo, existe el juego llamado “Dónde quedó la bolita” -no se confunda no esconden a ninguna dama pasada de carnes-, ¿sabe cuándo va a ganar en él? NUNCA. El truco estriba en que el estafador es un hábil prestidigitador -dedos rápidos-, y de las tres opciones, ninguna tiene la bolita -la conserva el pillo en su poder- ¿y los incautos? Dormidotes, cual electores.

Al día siguiente, los rancheros que han sido esquilmados, y ya disipándose los efectos etílicos, tienen una extraña sensación de placer al recordar, ¡como se divirtieron la noche anterior! Y se declaran listos para ir nuevamente por la revancha, dígame usted, ¿qué se puede hacer con un pueblo así? Lo mismo pasa con las elecciones, se engaña una y otra vez, lo mas extraño, ¡con la complicidad de la víctima!

El ritual de ir casa por casa a solicitar el voto o bien adueñarse de céntrico crucero vial con el mismo fin, nos ubican en la pre historia de la democracia, no le veo gran efectividad, pero sobreviene aquí un engaño de ida y vuelta. Expliquémoslo, el político engaña al elector bajándole literalmente “El cielo y las estrellas”, lo falso de sus promesas es que son la mar de fantasiosas e irrealizables -ambos lo saben-. Por el lado del visitado, también se cuecen habas, les hace sentir su apoyo familiar, su lealtad aún después de su muerte, le presenta a la familia, y le expone sus carencias y necesidad de apoyo… finalmente vota por otro candidato, o bien ni acude a votar.

Países desarrollados ven perplejos -dije perplejos, luego algunos se sienten ofendidos porque según ellos soy muy ofensivo- toda la parafernalia que rodea nuestro ritual electoral. Les parecemos chistosos, ya que después de tener el aparato electoral mas caro del mundo, escogemos a una risionada de gobernantes. Imagino la sorna con la que posiblemente comenten “Tanto que gastaron y escogen a esos mugreros mmhh”, claro está, en el idioma que hablen.

¿Hay algo bueno en todo esto? Claro que lo hay, la noble profesión de la política, es un mundo de oportunidades para todos aquellos infortunados seres que: a) la naturaleza los dotó con una inteligencia baja, b) tengan un largo historial delictivo, c) los vicios se hayan apoderado de él -ella-, d) nunca hayan dado golpe en su vida, f) tengan problemas mentales o de auto estima, g) tengan compulsión maniática por el hurto, h) no les guste el trabajo y sí el dinero fácil, i) les guste el lujo y opulencia… justa y necesaria aclaración, hay hombres buenos, justos y bien intencionados en ese mundo, pero, no se preocupe, esos hombres y mujeres raramente ganan un puesto de elección popular, no gustan, caen mal, son muy sangrones, ¡gulp!

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Equipo necesario para hacer campaña: brigada humana -cuanto más numerosa, mejor-, unidades motoras -se sugieren camionetas equipadas con clima-, equipos de sonido de gran potencia -entre mas se aturda al elector mejor, ¿el mensaje? A quien le importa-, mantas promocionales mostrando una beatífica sonrisa del candidato, gran dotación de trípticos, engomados, volantes, camisetas, pins, cachuchas y objetos varios, alimento y agua para el contingente -se sugieren tortas de queso de puerco y frutsis-. Todo eso y entusiasmo, mucho entusiasmo, que contagie al objetivo-elector y le proyecte una sensación de fuerza, unidad y confianza.

Es tal la locura, que los candidatos aún sin esta logística, cándidamente sienten en su pechito la posibilidad del triunfo, aunque la terca realidad les indique que no. Esta es la tragicomedia en que nos encontramos cada tres años -a nivel municipal-. Una de sus mas funestas consecuencias, es que actúa como una verdadera fábrica de locos. ¿Cómo está eso? Lo explico, vamos a suponer que en un municipio haya sólo cuatro partidos y que cada uno de ellos tenga a 30 candidatos para la diputación, presidencia, sindicatura, regidurías, todos con sus respectivos suplentes. Competirían 120 personas pero sólo 30 de ellas serían electas. Quedarían 90 personas que si no son fuertes emocionalmente -regularmente no lo son-, quedarán seriamente afectados en su salud mental, abatidos moralmente, resentidos con la vida, con diferentes disfunciones -incluida la que está pensando-.

Así pues, tomemos este período electoral con humor, divirtámonos, recordemos la canción del sureste mexicano en voz de Mono Blanco, “El mundo se va a acabar”. La prueba palpable de mi aserto -gente demente en la política-, es la frase recontra hiper super célebre de un político juarense hace sólo unos días -él ha sido presidente municipal dos veces y va por la tercera (ocasión, no base)-. Increíblemente -para ripley- dijo: “Chingo a mi madre si no llego a ser gobernador”. ¡Ah, carbón!

Autor José Cruz Pérez Rucobo

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