Cuento político de la serie: “Juegos de Poder”, El apenitas @JoseCruz777

Publicado el mayo 19, 2016, Bajo Cuento, Política, Autor Rucobo.

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El apenitas
Cuento político de la serie: “Juegos de Poder”
19 mayo 2016

El título corresponde a una película mexicana de los años 80’s. En el caso del personaje hoy relatado y el del film -Luis de Alba-, hay una compenetración muy estrecha, motivo por el cual me atrevo a tomar prestado el título y enjaretarlo aquí.

Esta es pues, la increíble y triste historia de Víctor Mariano “El apenitas” o “El ser que nació para sufrir”. Así como Manoella Torres nació para cantar, este infortunado lo hizo para sufrir. La madre naturaleza suele ser cruel y despiadada, Pero con Víctor Mariano exageró, lo dotó de exiguas capacidades mentales, una rotunda mala suerte, y lo atormentó la mayor parte de su vida con desprecios y toda clase de calamidades.

Su cerebro no le dio para estudios mas allá de secundaria, sin embargo aprendió -como Dios le dio a entender- la hoy anacrónica taquimecanografía y en uno de sus contados golpes de suerte de su vida, logró una plaza de profesor en esa materia. También se comedía en una pequeña estación de televisión, realizando todo tipo de trabajos, siendo su especialidad el ser “Ejecutivo B” ¿qué significa eso? A aquel que se le ordena, ve por las tortas, ve por los recuerdos, ve por los cigarros etc.

Tenemos pues que desde muy joven, descubrió su verdadera vocación de mandadero. Tiempo después, se alzó como propietario de la escuela donde laboraba, cuenta la historia que sedujo y tuvo amoríos con la sexagenaria propietaria original y la despojó asaz y gandallescamente. En la televisora y merced a su buena memoria en todo lo concerniente al fútbol -alguna cualidad habría de tener-, logro ser cronista deportivo y ahí empezó a emerger su torcida personalidad, tornándose en un verdadero pillo que no pagaba sus crecidas deudas, se volvió prepotente y autoritario con sus acreedores a los que amenazaba con exhibirlos en los noticieros en que participaba.

Merced a ser director y propietario de su escuela, consiguió un importante puesto en una institución bancaria, empleo que terminó de mala manera. Fue encontrado culpable de un fraude, detenido y conducido a la gran ciudad cercana. Con la suerte que acompaña a los bribones lo soltaron al poco tiempo, regresando a su ciudad a seguir haciendo de las suyas.

Increíblemente fue ascendido a jefe de noticias, y más altanero y topillero se volvió. Los que tienen el estigma de haber sido humillados, cuando la vida les da la oportunidad, humillan a su vez a quien pueden. Víctor Mariano tenía -tiene- otra característica, es un redomado cobarde, cuando se presenta en el noticiero un asunto de injusticia en contra de los humildes, el jamás los apoya. Ha sido cobarde, lo es y morirá siéndolo.

A últimas fechas se ha vuelto inescrupuloso con la elección de sus víctimas, uno de sus más fieles televidentes y también aficionado y conocedor del fútbol, el Sr. Blanco Moreno, pasó de ser su amigo a ser uno de sus defraudados. Víctor Mariano le pidió dinero prestado y al mencionarle Blanco Moreno que no disponía de esa cantidad, lo convenció para que se lo pidiera a un prestamista que cobra altos intereses. ¿Adivina que fue lo que pasó? No ha pagado un sólo cinco, condenando con ello a su amigo a que se haga cargo de la deuda.

La última, un alto empleado de gobierno quiere la presidencia de la ciudad y con mucho dinero se apresta a comprarla, para ello está invirtiendo cantidades inmoderadas de dinero. Para complementar su fórmula de gobierno, invitó a Víctor Mariano para que lo ayude a conseguir su objetivo dada su popularidad lograda en la televisión.

Se apoya en que la mayoría de la población desconoce la clase de ficha que es el tal “periodista y profesor”, el entrecomillado es porque no es ni lo uno ni lo otro. Hace unos días me topé con su comitiva de campaña, saludé al candidato a presidente, a Víctor Mariano no, porque no me agrada la gente retorcida, que no ve de frente cuando habla y menos sostiene la mirada.

Le noté una personalidad muy dañada, como de alguien a quien han humillado mucho. En base a su inmerecida popularidad es muy posible y gane para el cargo postulado, de esa manera le compensará la vida, toda una existencia de indignidades. Quizá sólo sea cuestión de karma. ¿Conoce usted a un apenitas? Fíjese bien, están por todos lados.

Autor José Cruz Pérez Rucobo

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