Sobre “El maestro ignorante “ de Jacques Ranciere.

Publicado el mayo 31, 2016, Bajo Columna de opinión, cultura, Autor ChavaLobo.

Autor: El Chava Lobo, 31 mayo 2016

maestro ignorante

Caminamos como entre la niebla,  entre las brumas  aparecen y desaparecen  paisajes, nos dice Milan Kundera en su libro“Los testamentos traicionados”. El libro de “El maestro ignorante”  de Jaques se nos aparece como uno de esos paisajes que estuvieron perdidos entre la bruma. Jacques Ranciere, el autor del libro, nos presenta a un recuento de ideas, obras y sucesos biográficos del pedagogo francés Joseph Jocotot, quien vivió entre los siglos XVIII y XIX, y que por diversas razones, tanto él como su propuesta, permanecieron olvidados, ocultos, desacreditados, censurados.

Vayamos al punto. La propuesta educativa de Joseph Jocotot surgió fruto de una casualidad. Se encontró dando en la universidad de Lovaina (Bélgica) y ante la imposibilidad de una comunicación con sus alumnos, ellos no sabían francés y él no sabía holandés, optó por primero aprender-enseñar el idioma, para ello recurrió al libro “Las aventura de Telémaco” de Fénelon y sin explicación alguna les hizo repetir una y otra vez, en forma aglutinante lo que iban aprendiendo: Calipso, Calipso no, Calipso no podía... Luego les pidió que escribieran en francés lo que pensaban de lo que iban leyendo. Jocotot se sorprendió al ver  los resultados: lo habían hecho como muchos franceses.

Qué evidencia este suceso. Existe un orden explicador, por esa razón, que a menudo es una sinrazón,  todo lo queremos explicar, pero ¿para qué explicar lo explicado? Los niños aprenden sin explicaciones, “ellos oyen y retienen, imitan y repiten, se equivocan y se corrigen, tienen éxito por suerte y vuelven a empezar por método…”. Por eso la explicación es el arte de la distancia entre el que comprende (inteligencia superior) y el que no (inteligencia inferior), el mito de la pedagogía. El maestro explicador es también el maestro atontador: primero te hace creer que eres tonto, luego él te va a explicar cómo salir de ese estado de atontamiento. Cuando una inteligencia somete a otra inteligencia se vuelve atontadora. La explicación es el progreso del atontamiento ad infinitum. Maestro explicador, ¡Cállate y deja que la obra me hable! Cállate, deja que la obra se me revele, permite   perderme y entender por mí mismo sus misterios. Emancipación se llama a éste acto de rebeldía.

“¿Usted qué opina estudio teoría musical o simplemente me centro en tocar?”.  Recuerdo que me decía un estudiante. Le contesté con la idea de que algo de teoría no hacía daño y que podría  abrirle puertas. Él me replicó que  temía contaminarse. A días de ese diálogo recordé un grupo de jovenzuelas (The shaggs) que allá por el año 1968 grabaran un disco llamado “Philosophy of the world”. Una primera escucha de cualquiera de las piezas el escucha promedió dirá que no saben tocar, que suena feo, desafinado, fuera de tiempo…  pero no aceleremos el juicio. Si volvemos a escuchar pudiéramos  comenzar a entender  lo que la música de The shaggs nos quiere decir. Probablemente las chicas no tienen ninguna preparación musical, pero hacen su música. Sí, una música que suena feo (¿Qué es lo feo, quién nos ha explicado lo que es lo feo?), desafinado (¿Qué es la afinación, ha sido siempre la misma afinación? ¿Acaso no existe la música atonal?,  fuera de tiempo (¿Es necesario que la música sea en un solo tiempo-pulso? ¿Acaso  no hay música polirítmica o con poli-pulso?). Quizás algún experto nos diga que ellas no están haciéndolo conscientemente, que todo es involuntario. No lo sabemos, pero esa es la música que hacían ellas y el resultado es único. Hay una enseñanza universal que se aprende sin ser enseñada. Age quod agis: Hagas lo que hagas hazlo bien.  Mi respuesta a aquel joven estudiante ahora sería: Emancipados del  maestro explicador estamos obligados a utilizar su propia inteligencia. Los resultados pueden ser entendidos o no, pero basta con que hayamos solucionado nuestro propio problema para sentirnos contentos. Quizás eso fue lo que hicieron The Shaggs.

Abreviemos. Las propuestas  didácticas de Jocotot son cuatro principios: Todas las inteligencias son iguales;     Todo está en todo; Un individuo puede todo lo que quiere;     Se puede enseñar lo que se ignora.

La idea de que “Todas las inteligencias son iguales” quiere decir que no hay inteligencias superiores e inferiores. La inteligencia no está vedada para nadie como se  ha intentado convencernos desde la antigüedad.

“Todo está en todo y todo está en Telémaco” nos remitió a dos pensamientos: la enseñanza oriental del budismo Zen y a la Pedagogía del oprimido de Paulo Freire.

En torno al budismo zen nos remite al siguiente Koan:

Un monje le preguntó a Kazan, un viejo maestro de Zen. “¿Cuál es la condición de un hombre enteramente iluminado?” Kazan dijo: “Tocar tambor”. El monje preguntó otra vez: “¿Cuál es la verdadera enseñanza del buda?” Kazan contestó: “Tocar tambor”. Dijo el monje de nuevo: “No voy a preguntar qué significa `La propia mente del buda´ sino qué quiere decir `No mente, no Buda´.” Kazan dijo: “Tocar tambor”. El monje continuó preguntando: “Cuando llega un hombre trascendente, ¿Cómo le recibe usted?” Kazan dijo: “Tocando el tambor.”

Basta con enfocarnos en aprender una cosa (Un libro como “Las aventuras de Telémaco”) y hacerla bien para saber qué hacer, no perder el sentido en otros ámbitos de la vida. Es bien sabido que la sociedad mexicana está desmoronándose producto de que las instituciones sociales, educativas, culturales artísticas, políticas… están corrompidas y esa corrupción genera un círculo vicioso. ¿No bastaría con hacer una cosa bien, para que las demás cosas se nivelaran? Quizás se dirá. “Bueno, nos hemos enfocado en la economía, y se están teniendo resultados positivos” , pero si analizamos esos “resultados positivos” nos damos  cuenta que nos encontramos ante una falacia y sobre todo en una simple propaganda para la continuidad del sistema.

En la pedagogía del oprimido de Freire se plantea la idea de que los individuos se pueden educar a través de acciones de la vida cotidiana. Basta con saber  una cosa para  encontrar un sentido y el aprendizaje en el mundo: dialogar.  “Toda la práctica de la enseñanza universal se resume en la pregunta: ¿qué piensas tu?” Diría Jocotot.

En el tercer principio (Un individuo puede todo lo que quiere) se entiende que mientras el estudiante quiera puede hacer cualquier cosa; por el contrario, todos los obstáculos se levantarán ante él mientras esté con la idea del “No puedo”. Mediante el “No puedo” es que funciona la creencia en la desigualdad y por lo tanto la educación atontadora. Sin embargo, como ya se mencionó, no hay inteligencia desigual, lo único que hay es atención desigual. El “No puedo” no es sino la manifestación de la falta de atención. “No puedo” es no quiero, no deseo, no me interesa, no soporto, no tengo la voluntad de  poner atención. En cuanto se pone atención todas las cosas parecen ser tan sencillas. Como se ve la falta de atención es una carencia de voluntad: “El hombre es una voluntad servida por una inteligencia”. La inteligencia es atención. El ejercicio de la inteligencia es la repetición. El gran defecto es la pereza. Hacer las cosas a medias, poner luegos…

En torno al cuarto principio (Se puede enseñar lo que se ignora) nos instalamos ante una educación entre iguales. Ambos, estudiante y maestro ignoran, pero ambos tienen inteligencia y voluntad por aprender y eso hace la diferencia con la educación vieja, atontadora.     La visión atontadora siempre quiere ver desigualdad y superioridad. En este sentido, la educación tradicional se centra en la retorica, para convencernos de cualquier cosa, por eso, muchos hombres se convencen y se alienan a una ficción desigualitaria.

En otro sentido Jocotot propone la pantecástica como un método La pantecástica. -Maestro retórico y explicador… ¡Cállate y deja que la obra me hable! ¡Mejor muéstrame tu obra y déjame hacer la mía! ¡Yo también soy pintor, yo también soy músico, yo también soy poeta! ¡Dime lo que sientes y escucha lo que pienso y lo que siento!

No la explicaremos, mejor le invitamos a practicarla. Para ello trate de seguir las siguientes fases:

1.- Piense una palabra, sugerimos  qué sea un sustantivo, aunque puede ser la que ud. quiera.

2.- Anótela aquí: ­­­­­­­­­­­­­­­­­______________

3.-Ahora cuéntenos “Por qué ______________ se llama _____________”.

Quiere usted un ejemplo, por acá lo tiene:

“Por qué el elefante se llama elefante”  de Walter Benjamin.

Esto ocurrió una vez. Había un hombre que se llamaba Elefante. Esto fue hace miles de años, cuando no se conocían aún los elefantes que hay ahora. Pero de pronto, para sorpresa de toda la gente, llegó un animal que no tenía ningún nombre, y el hombre lo vio, y como tenía una nariz corta y se parecía mucho a una persona, lo adoptó, y el animal se quedó con él.

Estando con él tomó un pedazo de madera,no muy largo, aunque pesado, y lo arrojó, a fin de que el animal lo buscase. Como el animal no tenía manos con las que pudiera agarrar el pedazo de madera, intentó tomarlo con la nariz.

pero la nariz era demasiado corta y al animal le costó mucho esfuerzo. Probó hacerlo una vez, y otra, y otra (¡Y eso demoraba mucho tiempo!), hasta que de tanto probar, la naríz se le fue haciendo más y más y más larga.  

Lo del nombre fue antes, cuando la nariz era todavía corta. Como el animal vivía en lo del hombre que se llamaba Elefante, la gente lo llamó también Elefante.

Y ahora la nariz era tan larga que podía tomar la madera con toda facilidad. Le iba bien, y se hacía cada vez más grande. Y hoy es grande y gordo y con una gran narizmano: precisamente como nuestro elefante. Esa es la historia.

Si usted ya hizo su historia, entonces ya sabe lo que es la pantecástica.

Dejemos caer el telón a este textito. El maestro ignorante (Joseph Jocotot) de Jacques Ranciere, como ya mencionamos, nos muestra un paisaje que surge de entre las brumas. El viejo (la educación tradicional) y los buenos (Los explicadores, los retóricos) han hecho de todo para mantenerlo oculto, para desaparecerlo; sin embargo, ante una tendencia mundial educativa hacia el desigualdad intelectual, el atontamiento o la falta de atención se hace necesaria voltear a ver directamente la obra y las ideas de Joseph Jocotot, no para convencerse de ellas, sino para desconfiar en lo que tanto confiamos.

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