Reflexiones de un Utópico: Ley seca cotorrona @JoseCruz777

Publicado el junio 2, 2016, Bajo Cuento, cultura, Política, Autor Rucobo.

LEY-SECA

Ley seca cotorrona
De la serie, “Reflexiones de un Utópico”
02 junio 2016

Ay, caray, caray, que bonita es mi tierra que bonita ¡que linda es! Sí, nuestro país es mágico, inconsciente, fiestero, gracioso, e incomprensible muchas veces. Este domingo habrá ley seca en los doce estados que tienen elecciones y para evitar que el pópolo ande; beodo, briago, incrospito, sarazo, borracho, en estado inconveniente…

Nuestras autoridades que tanto se preocupan por la felicidad, salud, y sana convivencia de la familia, han implementado una popular -la gente la vitorea- ley seca. Con el el loable fin de que el juicio no se halle obnubilado el día de la elección y pueda así emitir su sufragio con toda corrección y atingencia, prohibiendo todo tipo de comercio con bebidas espirituosas -alcohol-. ¡Ay de aquel desgraciado que haga caso omiso de la terminante veda! Su capital pecuniario habrá de ser quebrantado con toda severidad, vía una ejemplificante y elevada multa. En México se respeta la ley, ¡faltaba más!

Para ello, los comercios en ese giro, sugieren, invitan, aconsejan a su numerosa, fina y exquisita clientela, a prepararse ¿a no tomar? No que va, a surtir su alacena con bebidas alcohólicas lo más abundantemente posible, recuerden que “Hombre precavido vale por dos”. Que en algunos casos se tome el dinero destinado a la leche de los niños u otros fines igual de ingentes y prosaicos ¡que importa! Es hasta benéfico que ayunen un par de días, no se van a morir por eso ¿o si?

Eso de prepararse -surtirse dicen algunos- me lleva a una reflexión y surge la malintencionada -como mi ser mismo- pregunta, ¿entonces está prohibida la venta más no el consumo? ¡Que ternura! Permítame que me sonría, ría y carcajee. Hablo con el director de seguridad pública de la localidad, quien es un sorprendente funcionario policial con alto grado académico -es tal vez la excepción que confirma la regla- el que me explica que cuando hay ley seca, el consumo se dispara por el fenómeno de la psicología inversa, esto es, entre más grande sea la prohibición, es más grande el deseo de beber y con ello quebrantar la ley, sabemos que el adverbio o morfema de negación en español, “NO”, incita a cometer lo que se le está negando.

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Por ese motivo tenemos que el viernes anterior al domingo en restricción, hay filas enormes de sedientos clientes y cuando son atendidas y colmadas sus peticiones, jocosamente transportan el preciado líquido con un dejo de devoción bastante vacilón.
Entonces me pregunto, ¿y la crisis económica? ¿Y el bajo salario? ¿Y las elevadas cuotas de inscripción y colegiaturas en las escuelas? ¿Y el dólar cerca de los $20.00? ¿Y el precio de la gasolina? ¿Cómo tizno verdad? Eso puede esperar, la gente tiene derecho a vivir su vida como mejor le plazca, no está para ver que opina un amarguetas como yo, total, “Cada quien hace de su vida un papalote y lo echa a volar”, o como dice la canción norteña, “Mi gusto es, y quién me lo quitará”.

Viva pues la mexicana alegría, entendida esta como beber hasta perder el sentido, aunque, me asalta una duda, ¿no se estará mejor bajo los influjos etílicos y así estar adormecido cuando emerja un ganador de los comicios? Y así, en un estado de inconsciencia no darse cuenta de lo truculento del mundo político, donde se exhiben obscenamente los peores seres humanos en una pasarela de oropel, y luego son votados en un demencial proceso, y ungidos como los hombres que habrán de dirigir el destino de miles o millones de personas, sin tener los merecimientos ni la preparación para hacerlo. Sí, quizá es necesario estar en un sopor alcohólico para tolerarlo.

México es un país lacerado por una pésima clase política y gobernante, la población no se da cuenta de que con su voto puede cambiar su realidad y lo desaprovecha miserablemente. Aquellos que medianamente pensamos, nos sentimos impotentes ante una masa maleable, dúctil, que baila lastimosamente al son que le ordenan y al ritmo que le marcan. Los que no lo hacemos, somos tildados de locos, ¡así las cosas!

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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