Cuento corto por: Rosy Chumacero: LA TÍA LULA. @RosyChumacero

Publicado el agosto 13, 2016, Bajo Cuento, cultura, Autor Rucobo.

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LA TÍA LULA
Género: Cuento corto
13 agosto 2016

Estaba sentada en la barra del lugar luciendo esa mezcla de recato y sensualidad, algo así como mírame pero no me toques, que confundía a muchos hombres y neutralizaba a todas las mujeres.
Era bella y lo sabía, así que conseguir compañía masculina nunca fue problema, pero la tía Lula disfrutaba salir sola y estar sola en el lugar que le dictara el antojo, y esa noche el antojo le dictó la disco.

Mi tribulada abuela ya había recurrido a todos los sermones moralistas a fin de convencer a mi tía de que una mujer decente no va a lugares de baile sin pareja, pero a sus treinta y tres años la tía Lula ya había escuchado todo lo que había que saber sobre moralidad, así que solo contestó con desenfado: “Pues hasta donde yo sé, las cosas más indecentes se hacen en pareja.” – y siguió poniéndose bella ante el espejo. Entonces, recordando las pocas pulgas de todas las mujeres de su familia, su madre se resignó a despedirla en la puerta con una letanía de recomendaciones y tres bendiciones seguidas.

Al verla llegar a la disco, los hombres miraban detrás de ella buscando a su acompañante. Algunos se le acercaban como moscas a la miel y otros le huían por instinto de conservación. Los primeros daban por hecho que la tía quería ligar, y ni tardos ni perezosos se le acercaban para hacer el intento correspondiente. Los más inseguros se limitaban a verla de lejos y a hacer conjeturas. “Si anda sola siendo tan bonita, por algo ha de ser”. – “Si no es lesbiana, seguramente ha de ser totalmente insufrible”. “Lo más seguro es que espera a alguien así que más vale verla de lejos y conservar mis facciones en su lugar”.

La tía Lula era más temperamental que una cantante de ópera y no cualquiera le llenaba el ojo. Cualquier movimiento en falso, como una mirada fuera de lugar, algún error en la vestimenta, inclusive la loción equivocada, eran motivos de descalificación cuando se trataba de evaluar a un novio potencial, y ni hablar de alguna falta de modales o de respeto. Pero de un tiempo a la fecha pensaba mucho en volver a enamorarse, tenía el presentimiento de que el amor ya la andaba rondando muy de cerca… y no se equivocaba.

Desde el otro lado de la enorme barra, Santiago Arzola, apuesto, exitoso y conocedor de las féminas, había estado observándola sin perder detalle desde que ella había llegado. Divertido la vio despachar uno tras otro a los hombres que la invitaban a bailar, quienes se retiraban con cara de derrota unos y con cara de susto otros, mientras la tía Lula seguía sorbiendo su Pink Lady lentamente y sin remordimiento alguno.

Poco a poco se fue acercando hasta quedar a unos tres metros de distancia justo cuando Lula le decía al aspirante en turno, obviamente ebrio y que insistía en invitarle una copa: “Gracias. Ya te dije que no, pero si insistes puedes dejarle el dinero al cantinero y yo me la tomo a tu salud. Sola.” El hombre entonces murmuró algo entre dientes y se retiró tambaleándose hasta su lugar.
Sí que es brava. – pensó Santiago un poco inquieto pero resuelto. Luego, con aire desenfadado y amigable se acercó a la tía y le dijo.
“Hola, ¿De casualidad no traerá usted una aspirina?”
La tía Lula volteó a verlo con tremendo gesto de incredulidad. -¿Qué si traigo Qué?
“Una aspirina”, – repitió Santiago con esa sonrisa que ponen los hombres cuando están tratando de hacerse los valientes.
“Y yo que pensaba que ya me sabía todas las frases que usan los hombres para tratar de ligar”. Éste de plano se pasó de original. – pensó sin dejar de mirarlo con total rareza.
-Vaya, pues no me lo va a creer, pero yo siempre cargo aspirinas. – le dijo- aprovechando su cercanía para aplicarle la escaneada de rigor. -No está mal, Nada mal.- admitió para sí.

“Ya sabia yo que no podía estar equivocado” – le dijo él.
Un adivino, lo único que me faltaba esta noche. -pensó la tía.
Y se puede saber qué es lo que le duele, Señor Merlin?
Absolutamente nada, gracias a Dios. -contestó Santiago extendiéndole su mano, satisfecho de haber logrado el efecto esperado en Lula.
Mecánicamente y sin dejar de mirarlo, la tía Lula se disponía a sacar un par de aspirinas de su bolso, cuando Santiago le dijo:
“¿Bailamos?”
¿Y las aspirinas? – intentó decir la tía. Pero antes de que alcanzara a reaccionar ya estaban en la pista bailando, con los cuerpos perfectamente embonados como si lo hubieran ensayado durante todo un año.

Me llamo Santiago Arzola pero todos me dicen Chago. -dijo- mientras le posaba la mano muy suavemente en la espalda, en la parte más baja del bajísimo escote de la tía Lula.
Ella sintió que un fulminante escalofrío le recorrió desde el chakra del Yo Tengo hasta el chakra del Yo Soy. Fue como si Santiago hubiera estado estudiando el mapa de la piel de la tía Lula para tocarla justo en el lugar que la hacía llegar a la iluminación por la vía exprés.
A mí me dicen Lula, – le dijo cuando recuperó el aliento. -Pero tú me vas a tener que decir Lourdes.
¿Y eso? – preguntó él, divertido.
Acabas de ganarte el derecho, no sé si por accidente o porque eres mago de verdad. -Contestó la tía.
¡Soy mago! -Exclamó Santiago en tono triunfal.

Esa noche después de bailar se hicieron magia hasta que amaneció y al despedirse Santiago le dijo entre serio y en broma. – “Espero que ya no se te antoje volver a ir a la disco sola”.
“Y yo espero que a ti no se te ocurra querer sacar otra coneja de tu sombrero”. – contestó la tía, con la sonrisa más prometedora que tenía en su repertorio.

Autor: Rosy Chumacero 13615332_10206866276597063_3651593971030839722_n

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