Porque todos los días debían ser días del trabajador de buena voluntad

Publicado el julio 26, 2017, Bajo RELATO, Autor Gargamela.

(En el día internacional del trabajador, la historia real de alguien que todos los días, durante más de dos décadas, martilló una piedra. Y creyó en lo imposible. Lo imposible. Lo imposible…)

EL HOMBRE DE LA MONTAÑA

El 17 de agosto de 2007, Dashrath Manjhi dio su último respiro. La gente de Gehlour, un pueblito situado al noroeste de la India, despidió a su héroe con aplausos y ovaciones.

Manhji, analfabeto de abecedarios pero alfabeto de todo lo demás, había conseguido lo que nadie.

Un día de 1960, mientras labraba los campos de unos vecinos, su esposa tropezó en la colina que bordeaba al pueblo y se lastimó una de sus piernas. Accidentada, pidió un médico. El hospital más cercano residía en la ciudad de Wazirganj, a 75 kilómetros de distancia. Incapaz de caminar el trayecto, ella y sus heridas murieron al poco tiempo.

Manhji se vació de lágrimas y después se llenó de valor: vendió tres de sus cabras para comprar una palanca, un martillo y un cincel. Con aquellas herramientas se juró atravesar la montaña para que quedara un camino en el medio. Así, el recorrido entre Gehlour y Wazirganj ya no sería de 75 kilómetros, sino de 5, y los sanatorios y las escuelas estarían al alcance de los pies.

Todos, hasta su propio hermano, lo creyeron un loco.

Manjhi estuvo 22 años picando piedras y ensuciándose con tierra, hasta que en 1982 la montaña comenzó a tragarse gente.

Hoy, camiones, autos y motos recorren el camino que él moldeó como si fuera un carpintero.

Dicen que “la fe mueve montañas”.

Algo sabía Manjhi de eso.

ESCRITO POR SANTIAGO CAPRIATA

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