PAN: 1992-2017

Publicado el octubre 16, 2017, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.


LA JORNADA
Bernardo Bátiz V.
En 1992 renunciamos al Partido Acción Nacional (PAN) un grupo de militantes del Foro Democrático; 25 años después se separa del partido la abogada de la Escuela Libre de Derecho Margarita Zavala Gómez del Campo y no sólo, sino que también se inscribe como aspirante independiente a la Presidencia para las elecciones del año próximo. En este largo cuarto de siglo ha corrido mucha agua bajo los puentes, tanto en el partido como en el país.

Entre ambas escisiones hay diferencias; en la del Foro Democrático, salieron dos ex presidentes nacionales, José González Torres y Pablo Emilio Madero, ambos también candidatos a la Pre­sidencia de la República; el primero contendió contra Gustavo Díaz Ordaz y el segundo contra Miguel de la Madrid Hurtado; salimos también, el empresario Alfonso Méndez Ramírez y el escritor Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, amigo de don Manuel Gómez Morín, ambos fundadores del partido; los abogados Jesús González Schmal, Abel Martínez Martínez y Gaudencio Vera Vera; Arturo Ocampo y quien esto escribe. Todos fuimos dirigentes y algunos también legisladores. Nos separamos mediante una carta de renuncia presentada en las oficinas de Acción Nacional y leída en una rueda de prensa.

Las razones fundamentales de la separación fueron la llegada masiva de empresarios que, asustados por la expropiación de la banca y por el rompimiento de su gremio con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), buscaron cobijo en el PAN, para defender sus intereses de sector; también porque reprobamos la complicidad de la dirigencia de entonces con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari y porque el partido empezó a recibir mucho dinero del sistema a través de las prerrogativas de ley, pero también de fondos de la Cámara de Diputados.

Denunciamos entonces el pragmatismo que se inoculó en la sangre del partido y provocó el abandono o postergación de los principios doctrinarios.

Visto a la distancia, entiendo que quienes nos separamos, militamos en las filas del partido durante una etapa intermedia entre el liberalismo inicial y el neoliberalismo actual, éste, iniciado con la alianza PAN-Salinas y el arribo de los empresarios.

La etapa intermedia va aproximadamente de 1965, cuando era dirigente del partido Adolfo Christlieb Ibarrola y se aprobó la Proyección de los Principios de Doctrina en la 28 Convencional Nacional y hasta, poco después de la expropiación de la banca y el acercamiento con el presidente Salinas. En esa época tuvieron fuerza y aceptación dentro del pensamiento panista, los principios sociales derivados de la doctrina que la Iglesia católica había desarrollado en las encíclicas sociales, Rerum novarum, Quadragesimo anno, Pacem in terris, Mater et magistra y otras.

Entonces leíamos a Maritain, a Delos, a Mounier y a otros autores críticos del capitalismo y defensores de principios de humanismo cristiano y de justicia social; por aquellas épocas propusimos la participación de los trabajadores en la propiedad y en la dirección de las empresas, el cooperativismo, la libertad de los campesinos y la protección de sus tierras, así como un sindicalismo autónomo del control estatal. Desde luego, manteníamos los principios democráticos que dieron origen al primer partido autónomo de oposición, reconocido legalmente.

La primera etapa puso su acento en la democracia y en la formación de ciudadanos. El fundador, Gómez Morín, en una frase lapidaria definió a la democracia como la coincidencia entre pueblo y gobierno; en la segunda época, en la que participamos los foristas que nos separamos en 1992, se incorporó la doctrina del solidarismo, propuesta por Efraín González Morfín y la lucha por una mejor distribución de la riqueza. Cuando abandonamos el PAN, los empresarios que llegaron, archivaron esas ideas y se afiliaron abiertamente al neoliberalismo que despuntaba por entonces y que era promovido desde los gobiernos de origen priísta de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas; surgió así el PRIAN.

La separación de Margarita Zavala hasta este momento no se ha justificado en principios doctrinarios, se trata, hasta donde se ve, de una cruda lucha por el poder. Cuando compitieron por la candidatura del partido el empresario Manuel Clouthier y el abogado González Schmal, Felipe Calderón, fue orador de este último y criticó del advenimiento del neopanismo y de los llamados bárbaros del norte; sin embargo, su gobierno se significó por actitudes entreguistas como el Plan Mérida y la guerra declarada al crimen organizado en lugar de defender la soberanía y atacar las causas del trafico de drogas y de la violencia, que son la pobreza, la marginación y la ignorancia.

Desde 1992, el PAN desciende por un tobogán de pragmatismo, corrupción y complicidad con el sistema. Nuestra separación y la de Margarita Zavala son un rechazo a la dirección del partido, pero diferentes en cuanto a motivaciones. En un caso de trató de principios y valores, en el otro aún no se aclara lo suficiente, parece sólo un forcejeo por las preferencias del sistema.

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