El reality show para jodidos

Publicado el octubre 23, 2017, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.


LA JORNADA
Carlos Fazio
El mito de la niña Frida en el Rébs… amen. En medio de la confusión y la zozobra, los dos días que siguieron al terremoto del 19 de septiembre, los medios electrónicos, en particular Televisa como instrumento del oligopolio mediático de la plutocracia Forbes, se montaron sobre las ruinas del colegio Enrique Rébsamen, desplazando y casi invisibilizando otros edificios colapsados en la megaurbe capitalina y (por razones clasistas) las miles de viviendas destruidas en pueblos de Xochimilco, Iztapalapa, Tláhuac y en los estados de México, Morelos, Puebla y Tlaxcala −además de los del sureste del país−, donde presuntamente estaba atrapada, entre los escombros, una menor de 12 años.

Hacia las 9:40 de la mañana del 20 de septiembre, coincidiendo con la presencia en el lugar del secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, Televisa comenzó su transmisión desde el semiderruido colegio, convertido en el epicentro icónico de la desgracia (Carlos Loret de Mola dixit). Dada su relación privilegiada con el gobierno federal, el puesto de trasmisión de Televisa se instaló en el mismísimo centro de mando de la Secretaría de Marina (Semar), improvisado sobre un techo enclavado en la zona de riesgo; en un área exclusiva y con acceso directo a la información que emanaba de los responsables del operativo de rescate.

Bajo la conducción en los estudios de Denise Maerker, Carlos Loret de Mola y Joaquín López-Dóriga (que se alternaron a lo largo de una extensa transmisión en vivo), la reportera Danielle Dithurbide estuvo durante 30 horas en el primer círculo del operativo diversionista y de sedación mediático, junto al almirante José Luis Vergara −número cuatro en la jerarquía de la Semar y a la postre actor-villano protagónico del llamado canal de las estrellas−, y acompañada por el secretario de la SEP, Aurelio Nuño, uno de los delfines de Peña Nieto de cara a la sucesión presidencial.

Según el testimonio de Joaquín López-Dóriga, la noche de la tragedia llegó al colegio Rébsamen, caminó por la construcción colapsada y en un escenario caótico con 500 personas que daban órdenes y gritaban, se topó al presidente Peña Nieto en medio de la oscuridad. Dos maestras le informaron que bajo los escombros había 30 niños y ocho adultos atrapados y mostraron una lista de muertos y heridos. Pero el miércoles a media mañana la información había cambiado: ya nadie hablaba de los 30 niños y los ocho adultos: Desaparecieron. La atención se centró en una niña sobreviviente bajo las losas, a la que la Marina intentaba rescatar.

Evacuados de la zona de riesgo los otros medios de difusión (relegados a un corral, describió Carmen Aristegui), instaladas sus cámaras en el escenario idílico para melodramatizar la tragedia con la (des)información exclusiva del almirante Vergara, Televisa se adueñó de la historia e hizo girar el desastre en torno al rescate de la niña. Su fuente, el susodicho Vergara, afirmó: Hay una niña que aún escuchamos con vida. Y es ahí donde realizamos el mayor esfuerzo porque está muy complicado el rescate. Otro marino (del que nunca se supo su nombre) dijo que la niña movió la mano y pidió agua. Fue el mismo que presuntamente bautizó como Frida a la menor.

Poco después, Aurelio Nuño Mayer declaraba a López-Dóriga: “Está plenamente acreditado que hay una niña con vida […] con la que se está en comunicación […] a la que se le ha hecho llegar agua […] el operativo de rescate cada vez está más cerca de ella”. (Para entonces, la Marina −involucrada en probables crímenes de lesa humanidad− llevaba un par de horas simulando movilizar ambulancias militares y volaba camillas con oxígeno y suero conectados listos para auxiliar… a la niña.)

La transmisión de Televisa citó en extenso esas versiones y se fue construyendo una trama cuya narrativa se viralizó mundialmente. El clímax de la transmisión fue hacia las 22:30, justo en el horario del noticiario estelar de Televisa que dirige Denise Maerker, que rompió índices de audiencia. El rating del show de Televisa provocó que otras cadenas electrónicas se enlazaran para observar el milagro del rescate de la niña de los escombros, cuyo nombre, Frida Sofía, había sido mencionado sin confirmar por la reportera Dithurbide desde las 18:19 horas. El almirante Vergara confirmó el dato y el nombre de la niña se volvió trending topic en Twitter y Televisa.

A las 22:45 el mando militar corroboró a El Financiero Tv lo que había declarado a Televisa. Es decir, la niña hablaba, se comunicaba, movía la manita, bebía agua. A las 23:30 horas, el secretario de Educación, Nuño, quien supervisaba el operativo de salvamento, informó que ninguna persona se había identificado como familiar de la menor. Declaró a Televisa: Llevamos muchas horas intentando contactar a los familiares y no hemos tenido éxito.

El dato generó dudas y suspicacias. Y poco después el show televisivo comenzaría a derrumbarse. ¿Por qué el mito Frida? ¿El padre Estado consideró peligrosa y se aterró ante la súbita, eficaz y colectivamente organizada solidaridad (sin visos de corrupción) de los millennials? ¿Temió una reacción en cadena? ¿Por eso encapsuló militarmente edificios siniestrados de la capital, quiso acelerar su demolición y como parte de una operación de guerra sicológica fabricó el mito Frida para quitar a los jóvenes de la calle y retomar el control?

¿Los expertos en relaciones públicas (propaganda) y el arte de la decepción (engaño) de la Marina, fabricaron a la niña Frida para hipnotizar y narcotizar a una audiencia traumatizada (presa del shock y el pavor) mediante sofisticadas técnicas de la manipulación afectiva (Mausfeld) con la finalidad de redireccionar (o desviar) la atención y/o generar cierta apatía moral en un sector de la población? ¿El hilo de vida simbolizado en la niña de los escombros, fue manufacturado para manipular y administrar la potencial indignación de la gente ante los encapsulamientos militares?

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK:

Leave a Comment