Arresto de lujo, pero arresto . Keiser Report

Publicado el noviembre 11, 2017, Bajo Video, Autor LluviadeCafe.


El príncipe saudí Alwaleed Bin Talal ha sido una de las víctimas de la lucha contra la corrupción (o purga) del heredero al trono de Arabia Saudita, Mohamed bin Salman. Max y Stacy recuerdan que Bin Talal fue detenido “días después de que criticara al bitcóin, calificándolo de fraude”.
No obstante, Max señala que el príncipe se mostró contrario a la criptodivisa, “argumentando que no hay ningún Gobierno ni ningún banco central detrás, y tan solo una semana después, el banco central y el Gobierno de su país le arrebatan todo su patrimonio”. Eso no le habría ocurrido “si lo hubiera tenido invertido en el bitcóin”, apunta.

Más allá de este punto, Stacy cuestiona cómo la mayoría de los medios de comunicación occidentales están ignorando el tema o quieren hacer ver que “todas estas detenciones por parte del nuevo príncipe heredero y esos sucesos extraños, como las muertes en accidentes de helicóptero o como consecuencia de tiroteos, obedecen a su intención reformista dirigida a acabar con la corrupción”.

“La hipocresía de algunos en lo que a sus principios se refiere a la hora de juzgar a los distintos países” se debe a que “todo depende de si ese país es una fuente de dinero o no”, resalta.

La primera ciudad trotskista

En la segunda parte, Max continua su entrevista con Michael Hudson, autor de varios libros, entre ellos ‘Superimperialismo’. A partir de la historia de su propio padre, Hudson relata la vida en la Minneapolis de los años 1930 y su importante movimiento obrero.

La ciudad era “la capital del mundo obrero” en aquella década, y en 1934 y 1936 “se produjeron sendas huelgas generales”. Tras aquellas jornadas, “Minneapolis se convirtió en la única ciudad trotskista del mundo”. Tanto que el entonces gobernador Floyd B. Olson, “tras afirmar que ojalá el capitalismo se pudriera, fue reelegido para el cargo”, recuerda.

Sin embargo, todo eso acabó a partir de la pelea del presidente Franlkin D. Roosevelt contra la organización obrera. Desde su perspectiva, “la única alternativa para que los socialistas no organizaran los sindicatos era que estos estuvieran organizados por la mafia”, que fue la vía elegida por el Gobierno estadounidense para acabar con el movimiento, explica Hudson.

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