Firmar muchos acuerdos no funciona si no hay una estrategia de Estado para aprovecharlos, y los últimos 25 años de la historia mexicana generan suficiente evidencia.

Publicado el junio 11, 2019, Bajo Opinión, Autor mlucascir.


Carlos Fernández-Vega, La Jornada

Aclarado el punto (No hay pacto secreto, Ebrard dixit), finalmente nada cambia, porque el salvaje de la Casa Blanca mantiene la espada desenvainada y con muchas ganas de aplicarla sobre el cuello mexicano. Cierto es que ayer hubiera sido un día complicadísimo para la economía nacional (y el resto de los días también), pero lo que otorga el acuerdo alcanzado con la pandilla estadunidense sólo da a México un respiro, un poco de oxígeno y algo de tiempo, pues el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene que hacer la tarea migratoria impuesta por Donald Trump y pasar la prueba en 45 días. Caso contrario, no habrá estrellita en la frente.

El problema se complica, pues ¿Quién evaluará los resultados? ¿Quién decidirá si México pasó o no la prueba y si ganó la estrellita en la frente o el paredón?, porque si a Trump no le gusta o decide que no es suficiente, de inmediato aplicará aranceles a las exportaciones mexicanas con destino a Estados Unidos, de tal suerte que lo que se evitó ayer lunes 10 de junio puede tornarse en tétrica realidad el próximo jueves 25 de julio, sin olvidar el crecimiento progresivo de dichas tarifas. Dice el canciller mexicano que un objetivo primordial de la negociación, para nuestra delegación, fue volver a separar las dos esferas; es decir, que la comercial y la relación económica siga su camino y la migratoria siga el suyo, como estábamos hasta antes de la semana pasada.

Dudoso, porque en los hechos nada se separó, dado que ahora la esfera económica depende de los resultados que obtenga el gobierno de AMLO en la esfera migratoria, siempre en los apretados tiempos acordados.

En algo tiene razón Ebrard: en lo que lleva esta administración, este ha sido el momento más difícil en la relación entre México y Estados Unidos, pero, dadas las condiciones impuestas por el esquizofrénico Trump, nadie puede afirmar que no podrían vendrán tiempos peores.

En vía de mientras, el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (de cuyo análisis se toman los siguientes pasajes) advierte que la dura lección ha llegado: comprometer el crecimiento y desarrollo de México a la economía de Estados Unidos tiene un costo elevado, el país se ha debido ajustar a las cambiantes directrices estadunidenses durante los últimos 25 años, a veces por la vía diplomática y otras a través de mecanismos de presión.

México debe estar consciente de que en los meses por venir las presiones continuarán, porque se enfrenta un cambio de época: Trump instrumenta un cambio geoestratégico que tiene como objetivo recapturar parte de los procesos productivos, de innovación y financieros que salieron de su país. Lo ha dicho claramente: hacer a América grande, otra vez. Hoy, como no se veía desde hace décadas, está vigente la aseveración de que Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses.

El gobierno mexicano debe incorporar ese hecho a sus estrategias y evitar que las modificaciones en la relación con Estados Unidos afecten más al país, sobre todo por el entorno de fuerte desaceleración económica que se vive.

Los cambios son profundos y rebasan la agenda doméstica, y la perspectiva limitada al comercio exterior que México ha instrumentado durante los últimos 20 años. Debe quedar claro que el alud de presiones sobre nuestro país no ha cesado a pesar de las concesiones realizadas.

Sin crecimiento económico interno, ¿cómo evitará México las presiones externas? La amenaza de afectar las exportaciones nacionales siempre será una losa para las decisiones del Estado mexicano. Además, México incurrió en un error: la monoglobalización, depender de una sola economía: la estadunidense. Firmar muchos acuerdos no funciona si no hay una estrategia de Estado para aprovecharlos, y los últimos 25 años de la historia mexicana generan suficiente evidencia.

Las rebanadas del pastel

También respiró el tipo de cambio: este lunes, el promedio fue de 19.13 bilimbiques por billete verde.

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK:

Leave a Comment