Daniel Serrano: Apoyar no es aplaudir y disentir no es traicionar (Parte III)

Publicado el junio 2, 2020, Bajo AMLO, Nacional, Opinión, Política, Autor @Sociologuito.

En las pasadas entregas reflexionamos sobre la importancia de no confundir a cualquiera que haya llegado a un encargo de elección popular a partir de la coalición Juntos Haremos Historia con un militante de Morena o incluso como alguien comprometido con la 4T, y la semana pasada reflexionamos sobre las diferencias entre la cuarta transformación y Morena. Teniendo en cuenta que AMLO no puede responder por Morena, vale la pena detenernos a valorar el estado que guarda el partido más importante del país.

Todas y todos recordamos en mayor o menor medida la importante labor del primer Comité Ejecutivo Nacional de Morena y de sus 32 comités estatales, de tener el gran reto de la fundación del partido.Fue la etapa de transición entre la asociación civil y la obtención del registro para participar en elecciones. Cuesta arriba, muy pocas y pocos le apostaban a la viabilidad del proyecto. Algunos decidieron permanecer en sus partidos de origen e incluso desde ahí contender contra Morena, personajes de ese tipo son quienes plantean hoy para el CEN una dirección colegiada.

La peculiar condición de Morena inicia justamente cuando AMLO fue el presidente nacional y tomó la decisión de que la única vía institucional posible para el partido era al mismo tiempo una estrategia organizativa con un objetivo único: ganar la presidencia de la República. Esa fue la razón por la que las y los integrantes del CEN no pudieron desarrollar a profundidad el trabajo temático de sus secretarías.

¿La estrategia fue la correcta? Los resultados están a la vista, el recién creado Morena ganó la presidencia de México en su primer intento, sin embargo, ello trajo nuevos retos a la organización; una suerte de parálisis se apoderó del partido puesto que el objetivo para el que se había creado se consiguió. El movimiento que convenció a la mayoría del pueblo sobre la necesidad de un cambio ahora asumía el gobierno sin que su partido estuviera preparado para el reto.

La etapa que siguió en Morena es tan oscura que lo mejor es olvidarla, un encargo de despacho que con un tono despótico y soberbio ocasionó o profundizó las diferencias que son naturales en un partido tan heterogéneo como este, acompañado de señalamientos de malos manejos financieros que a la fecha ponen a la organización en las primeras planas y finalmente el ataque de los adversarios desde dentro; lo mismo suplentes de senadores que litigan con los tribunales electorales que opinólogos que incitan al odio contra el actual CEN.

La militancia y las dirigencias siguen confiando en Morena, sin embargo, como el resto de la sociedad ellas ya no son las mismas; la primera está cansada de tanto escándalo mediático y las segundas no olvidan que el tiempo prudente que les pidieron de paciencia para discutir el modelo de partido a seguir, terminó.

La actual dirigencia fue emanada de un Congreso Nacional que ni los adversarios de dentro pudieron echar abajo, por más gestiones que hicieron en los tribunales y su mandato es claro: sacar adelante el proceso de renovación para que Morena elija de forma estatutaria a un nuevo Comité Ejecutivo Nacional. La vida institucional de Morena está por comenzar.

Fuente: heraldodemexico.com

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