¿Es factible la balcanización de EEUU?

Publicado el junio 19, 2020, Bajo Opinión, Autor LluviadeCafe.

Intelectuales y escritores piden que Alfredo Jalife no se integre ...

SPUTNIK 19 de Junio 2020
Alfredo Jalife-Rahme

Más allá de las revueltas, en concreto, de ‘millennials’ y de la Generación Z, que desencadenaron el homicidio de George Floyd, existen muchos factores yuxtapuestos que se han tejido de forma dinámica desde hace, por lo menos, dos generaciones y que obligan a contemplar en el análisis multidimensional la factibilidad de una balcanización de EEUU.

Con Trump o sin Trump, con o sin Biden, la dinámica demográfica de EEUU exhibe los estertores del supremacismo blanco, encarnado por los WASP (White AngloSaxon Protestants) y que ha derivado en el evangelismo sionista representado por el vicepresidente Mike Pence y el pugnaz secretario de Estado y exdirector de la CIA, Mike Pompeo.

El futuro de EEUU se encuentra escrito en el muro cuando hoy los blancos, subproducto de la generación de baby boomers, ostentan un promedio de edad de 58 años, frente al promedio de 29 años de los asiáticos y a los 27 de los afro, mientras que, en forma asombrosa, los latinos exhiben un promedio de 11 (¡once!) años. Ellos constituirán la primera minoría étnica de EEUU en los próximos 7 años y han superado ya a los afroamericanos como segunda minoría.
Por cierto, la racista Oficina del Censo de EEUU discrimina flagrantemente a los mexicanos: 62% del total del 18,3% de latinos.

Si los blancos en su mayoría son baby boomers, los asiáticos y los afro pertenecen a los millennials (la Generación Y), mientras que los latinos —que en forma aberrante los equiparan a “hispanos”— representan a la Generación Z.

Esta ruptura transgeneracional está llegando a su paroxismo y una salida para los blancos —no se diga los supremacistas que no desean arrodillarse (kneeling) ante los dos conglomerados de Black Life Matters, los grandes vencedores en esta fase, y la guerrilla urbana de Antifa— es la balcanización de EEUU con el fin de perpetuar sus privilegios financieristas y bursátiles, y que alcanzaría al norte de México.

Hoy los blancos exhiben dos incompatibles agendas existenciales que han llegado al borde de una subrepticia guerra civil: entre el grupo globalista, dominado por la dupla de los banqueros esclavistas Rothschild y el megaespeculador George Soros —los Clinton, Obama, y Joe Biden—, y el grupo nacionalista económico de Trump, cuyo ideólogo principal es Steve Bannon, quien opera tras bambalinas.
Vista en forma diacrónica, la Presidencia de Obama —mulato de madre blanca y padre africano—, que muchos califican como el Gorbachov de EEUU, representa la fase inevitable de transición demográfica de EEUU, por extensión a Joe Biden.

Mientras tanto, Trump tiene dos características: es el último presidente supremacista blanco de la Unión, o quien propicie la balcanización para preservar la identidad de los WASP, todavía mayoría, pero seriamente arrinconados.

Se pudiera aducir que la dupla baby de Bush y Dick Cheney fue un modelo de transición fallida de la fauna de los Republicanos neoconservadores straussianos.

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No hay que subestimar la contraofensiva de los Rednecks y sus milicias poderosamente pertrechadas que operan en el cinturón bíblico y en el cinturón industrial (rust belt), curiosamente, zona de la mayoría de los 12 estados volátiles (swing states) donde se decidirán las elecciones.
Ya antes de los disturbios que desencadenó el homicido de Georg Floyd, la venta de armas se había incrementado en forma ominosa en EEUU, lo que denota la angustia de su población.

La balcanización de EEUU y, por extensión, de Norteamérica —concepto geoeconomicista que abarca a EEUU, Canadá y México, las tres economías del T-MEC—, se extiende al norte de México, motivo de un libro de Joel Garreau de hace 39 años donde plantea la subdivisión de EEUU en 9 naciones:

Nueva Inglaterra: con Boston como capital, que incluye provincias de la costa atlántica de Canadá;
The Foundry: capital Detroit; lo equiparan al rust belt, en declive;
Dixie: con Atlanta como capital y con los estados que formaron la Confederación en el Sur;
The Breadbasket: con Kansas City como capital; poderosa región agrícola de las Grandes Planicies;
Las Islas: con Miami como capital; abarca Florida y el Caribe;
Mex-América: su capital es Los Ángeles. En ella se incluyen porciones del sur y del centro de California, del sur de Arizona, de la frontera de Texas con el Rio Bravo, la mayor parte de Nuevo México, la península de Baja California y el norte de México;
Ecotopia: con San Francisco como capital; engloba el noroeste de la costa del Pacífico, Alaska, estados de Washington y Oregon, y British Columbia (Canadá);
The Empy Quarter: capital, Denver.
Quebec: capital, Quebec City; provincia francófona de Canadá.

Hace 12 años el decano diplomático ruso Igor Panarin vaticinó la balcanización de EEUU en seis pedazos en un articulo estrujante publicado en Wall Street Journal, hoy perteneciente al grupo de Fox News, muy cercano a Trump y portavoz de los blancos politicamente correctos:

Costa del Atlántico de EEUU: puede unirse a la Unión Europea;
La República de Texas: será parte de México o estará bajo su influencia;
La Republica de Centro y Norteamérica: será parte de Canadá o bajo la influencia de Canadá;
La República de California: será parte de China o estará bajo la influencia de China;
Alaska: regresará a Rusia;
Hawái: será parte de Japón o de China.

Posteriormente en 2011, el galardonado autor Colin Woodard se abocó a expurgar la historia de las Once Regiones Culturales Rivales de EEUU:

Yankeedom: parte entera del noroeste al norte de la ciudad de Nueva York y alcanza Michigan, Wisconsin y Minnesota; valora la educación, el logro intelectual, el empoderamiento comunitario y la participación ciudadana; admite la regulación gubernamental;
La Nueva Holanda: aliado natural del Yankeedom. Abarca la ciudad de Nueva York y el norte de New Jersey; cultura muy comercial, materialista con tolerancia a la diversidad étnica y religiosa; comprometida a la libertad de investigación y conciencia;
Los Midlands: se localizan ampliamente en el Medio Oeste, con una cultura de clase media; de opinión política moderada donde no gusta mucho la regulación gubernamental; considerada como la gran región volátil (swing);
Tidewater: región de Chesapeake Bay y Carolina del Norte. De orígenes feudales que favorecieron la esclavitud y encarnan el respeto a la autoridad y a la tradición;
Los Grandes Apalaches: abarcan partes de Kentucky, Tennessee, West Virginia y Texas, donde abundan los rednecks; valoran la soberanía personal y la libertad individual;
El Sur Profundo: Alabama, Florida, Mississippi, Georgia y Carolina del Sur; estructura social muy rígida contra la regulación gubernamental que amenaza la libertad individual;
El Norte: partes de Texas, Arizona, Nuevo México y California, donde domina la cultura latina que valora la independencia, la autosuficiencia y el trabajo duro;
La Costa Izquierda: engloba la costa de California; incluye Juneau (Alaska);
El Lejano Oeste: Estados del centro; incluyen Montana, Wyoming y Utah; muy conservador y abocado a la industria,que resienten sea controlada por Wall Street;
La Nueva Francia: alrededor de Nueva Orleans en Luisiana, a la que se agrega la provincia de Quebec (Canadá); de tendencia liberal. Aceptan la participación del gobierno en la economía;
First Nation: viven en la parte norte del país; representados por los nativos estadunidenses que gozan de soberanía tribal.

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Por su parte, Pat Buchanan —jefe de prensa de tres expresidentes republicanos, Nixon, Ford y Reagan—, perteneciente al núcleo paleoconservador, analiza la revuelta y la furia iconoclasta en casi 40 ciudades de EEUU, curiosamente gobernadas por los demócratas, y se pregunta si el “próximo monumento a ser derrumbado será el de Churchill”.
Cabe señalar que Buchanan es autor del quizá libro premonitorio Las guerras de Nixon en la Casa Blanca: las batallas que hicieron y quebraron a un presidente y dividieron EEUU para siempre.

En forma perturbadora, el católico Pat Buchanan, a sus 81 años, se cuestiona lúgubremente: “Se me escapa cómo concluirá esto sin una división permanente del país”.

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