El Derecho a No Pagar – Por el Dr. Fernando @FBuenAbad

Publicado el agosto 6, 2020, Bajo Internacional, Opinión, Autor MonaLisa.

El Derecho a No Pagar: la “deuda externa” es una mercancía (también) de mala calidad.
Dossier / Por Fernando Buen Abad Domínguez

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos debería aparecer una cláusula, suprema y explícita, capaz de proteger el presente y el futuro de los pueblos amenazados por el endeudamiento, inconsulto e irracional, al que es sometido el mundo entero.

El modo de producción de endeudamiento y las relaciones de producción en las deudas deberían tipificarse como “delito de lesa humanidad”. Problemas ético-financieros de nuestro tiempo.

Según se ha visto, la historia reciente del endeudamiento planetario es (después de la Segunda Guerra Mundial) principalmente, un repertorio de amarguras y despojos contra la clase trabajadora.

Desnutrición, desatención educativa, falta de vivienda, desempleo, insalubridad… el conjunto de los derechos fundamentales congelados a cambio de dar prioridad al pago de endeudamientos que, mayormente, conllevan corrupción, sobreprecio, tráfico de influencias, explotación de materias primas y mano de obra esclavizada.

A eso le llaman “honrar la deuda”. El estatuto científico de la ética ha de afianzarse en un humanismo objetivo por encima del capital. La fuga del futuro tras la fuga de capitales.

Bajo ninguna circunstancia es admisible la evaluación puramente cuantitativa del endeudamiento salvaje. Por alguna serie de razones, insuficientemente desmenuzadas en público, las “tomas de deuda” se hacen sin consultas populares.

Se pactan empréstitos para corto, mediano y largo plazo comprometiendo a generaciones enteras a pagar por algo que jamás decidieron, que muchos no conocen y que se multiplica exponencialmente por la lógica de la usura. Pongo, por ejemplo, el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (FOBAPROA) en México que convirtió el pago de la deuda privada en deuda pública y ahí nos tienen arrodillados, pagando intereses de intereses, ante la dictadura de los créditos que nunca pedimos. Financiar al verdugo.

Una “deuda externa” es irreductible a silogismos contables por cuanto compromete el trabajo humano asfixiado por el capital. Eso es un problema ético central. Todos los problemas generados por las deudas son desafíos humanistas, práctico-morales, que surgen en condiciones de desigualdad social y a espaldas de los pueblos. Eso conlleva repercusiones, efectivas y reales, producidas por unos cuantos individuos decidiendo sobre el trabajo y la vida de otros muchos, la mayoría.

El endeudamiento afecta al sujeto endeudado y, también, a generaciones de personas que sufrirán las consecuencias por decisiones y acciones in-explicadas y no pocas veces inexplicables. Los agentes del endeudamiento, normalmente educados e infiltrados para ese fin, juraron “honrar las deudas” que contraen en nombre de los pueblos, con sus amigos prestamistas y a sabiendas de que su cumplimiento produciría cientos de perjuicios. Lo saben bien y eso se llama premeditación, alevosía y ventaja. Agravantes jurídicas por antonomasia.

Es necesario intervenir toda la problemática del endeudamiento nacional con un problema ético, humanista y riguroso, que convierta a los pueblos en legisladores del comportamiento moral -específico- de los individuos que toman una deuda y de los que están dispuestos a pagarla.

El papel de la ética debe ser el de una praxis que no se conforma con explicar, esclarecer o investigar una realidad dada, produciendo conceptos correspondientes, sino que debe intervenir en su transformación. No se trata de una ética para santiguar endeudamientos, se trata de una ética, una teoría, con investigación o explicación de la justicia social ante una mercancía burguesa endemoniada -y costosísima- como es una deuda y un plan de pagos acatado dócilmente.

Es necesaria una ética rigurosamente científica del comportamiento de los seres humanos en sociedad, que tenga como campo de acción directa la realidad humana en sus condiciones históricas concretas. Ética de la responsabilidad común, ante las necesidades concretas, para construir la libertad objetiva. Basta ya de ilusionismos ideológicos. Una deuda nacional no es sólo un hecho administrativo.

El endeudamiento es, también, un problema moral considerado en su totalidad, diversidad y variedad. Endeudar a millones de personas, durante generaciones, es un tipo de despojo o forma de esclavitud financiera, que golpea a la estructura económica y moral de la sociedad toda. No se puede ser irresponsable ni laxo ante esa realidad, tan costosa, a menos que se asuma la decisión de ser cómplice de un “delito de lesa humanidad” que somete a los pueblos a postergaciones sin límites.

La ética, como praxis de justicia social y el interés supremo por todo lo humano, deben ayudar a hacer prescribir un contrato de deuda, especialmente cuando es obvia la acción irresponsable de funcionarios serviles al interés usurero del capitalismo en operaciones concretas. Este comportamiento del binomio, endeudador y pagador, se presenta como una forma de conducta que reclama intervención ética social porque es la concreción dolorosa de la irracionalidad política indiferente a las urgencias sociales.

Es de rigor ético denunciar la práctica inmoral concreta por el daño que se hace a la humanidad postrándola ante las deudas odiosas y los pagos odiosos, en lo particular y en su conjunto. En su ideología y en su metodología.

Decidirse a no pagar una deuda, probadamente ilegítima por su origen, sus procedimientos y sus consecuencias nefastas, es al mismo tiempo una decisión que requiere mucha fortaleza teórica y política. Requiere de esa libertad que no excluye, ni sublima, la necesidad de los pueblos sino la supone como su fuerza de razón y compromiso.

La ética debe ser su herramienta de acción directa porque educa a los pueblos sobre lo que ha sido, y es, el grupo de irresponsables protagonistas del endeudamiento y de los pagos. No simplemente una descripción. A la ética, insistamos, le compete la praxis y la responsabilidad de emitir protocolos participativos y organizativos, de valor y de acción, sobre la práctica inmoral de quien endeuda y de quien paga, alegremente, con el sacrificio de la clase trabajadora.

Ética para nuestras sociedades hoy, con los problemas de hoy, consolidando una consciencia colectiva que comienza por no admitir la postergaciones de las clases oprimidas ni el enriquecimiento de unos cuantos “vivos”, embanderados en las “legislaciones” obtusas, fabricadas a medida, para endeudar y para sangrar eternamente a los pueblos.

Una ética de la justicia social capaz de movilizarse al ritmo de las luchas sociales. Ética para no pagar, porque es un Derecho Humano Fundamental no financiar a los verdugos. Razón suficiente y justa. Deseable, posible, realizable y perfectible.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez. Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride, Universidad Nacional de Lanús. Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad. Miembro de la Internacional Progresista. Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social).

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