Palabras de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, durante el foro “El Juarismo en el siglo XXI”

Publicado el marzo 22, 2021, Bajo Política, Autor Pepe Garduño.

Muy buenos día a todas y todos ustedes

Conocer nuestra historia, sus gestas heroicas, la vida y obra, así como los ideales de los grandes hombres y mujeres que han consagrado su vida a nuestra patria, nos confirma la importancia de continuar construyendo un andamiaje institucional que garantice un verdadero Estado de Derecho que permita una mejor calidad de vida para cada ciudadana y ciudadano.

En la Secretaría de Gobernación nos honra contar con la atribución de definir, editar y difundir el Calendario Oficial y el Calendario Cívico.

Esta atribución honra la memoria de los momentos y de los personajes que a lo largo de nuestra historia han forjado el México de nuestros días. Dicha memoria representa, para el gobierno de la Cuarta Transformación el fundamento moral de los principios políticos de la democracia.

Honramos el nacimiento de un mexicano que es por demás, universal, un estadista, el primer presidente zapoteca de nuestro país y cuyo nacimiento coincidió fortuitamente con la primavera: Don Benito Juárez García; el oaxaqueño que revistió de laicidad y secularidad al Estado mexicano, el que resguardó la integridad nacional, el que consolidó la independencia con respecto a las instituciones imperiales.

Sí, Benito Juárez, su legado nos convoca a continuar conduciéndonos con los valores y con los principios base de nuestra gran nación que son: igualdad, soberanía, libertad y justicia.

Benito Juárez nació en la sierra del estado de Oaxaca, en una pequeña comunidad rodeada de cerros y de ríos. Pero por azares del destino su vida cambió drásticamente al emigrar a la capital del estado. El joven pastor que cuidaba de sus borregos se convirtió en el político jurista y, posteriormente, en el presidente que revolucionaría y defendería hasta su último momento al Estado mexicano.

Muchas fueron sus aportaciones a nuestra gran Nación destacando las Leyes de Reforma, un cambio de paradigma que revolucionó y cambió de raíz nuestro país hacia la laicidad y a la modernidad, bajo la condición y convicción de generar oportunidades iguales para todas y para todos sin importar el origen.

Él mismo tenía un origen humilde de una pequeña población en el estado de Oaxaca. Las Leyes de Reforma impulsaron en nuestro país un desarrollo democrático que permitió como nunca antes que la voluntad popular mandatara el ejercicio del poder público.

Al igual, Benito Juárez en la República errante defendió nuestra patria de los conservadores que en el siglo XIX intentaron imponer una monarquía. Con agujeros en los zapatos llevó en un carruaje negro el despacho presidencial de la República para evitar que fuera tomada por los conservadores. Defendió la soberanía y la autonomía de México por el bienestar de su pueblo.

Juárez creía firmemente que la ley dictada por el mismo pueblo debía gobernar al poder y que el sistema federativo y los servidores públicos no podían disponer de las rentas sin responsabilidad; no podían gobernar a impulso de una voluntad caprichosa sino con apego a las leyes, de manera ética y honrada.

Los postulados juaristas depositaban en la cultura de la legalidad el desarrollo de México. Estipulando que los derechos debían ser garantizados con todo el peso de la ley y jamás por la fuerza, sino dentro del ámbito del derecho y de la razón. Juárez reafirmó este actuar con su premisa más celebre, “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

El Benemérito de las Américas fue un firme impulsor de la educación, sobre todo, en las clases menos favorecidas. Él creía que la educación cambia vidas y transforma a México. Veló siempre por los legítimos intereses de nuestro país y de su gente, nos mostró con el ejemplo que, para lograr un verdadero desarrollo nacional, nadie puede quedar atrás y nadie puede quedar fuera.

El gobierno de la Cuarta Transformación, encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, se asume como un heredero de esta lucha por la justicia social y la igualdad de oportunidades que Juárez impregnó con las Leyes de Reforma: nada por la fuerza todo por la razón y el derecho.

Por todo ello, es un orgullo para las y los mexicanos conmemorar la vida y el legado del hombre que hizo del cumplimiento irrestricto de la ley, espada y escudo, y en su memoria izar a toda hasta nuestra Bandera Nacional, me asumo como juarista.

¡Vivan los derechos de todas y todos!

¡Vivan las transformaciones de México!

¡Viva Benito Juárez!

Muchas gracias.

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