Calderón, vergüenza para México, por Pedro Miguel

Posted on febrero 18, 2014, under Internacional, Nacional, Opinión, Política.

Por: Pedro Miguel

La mala entraña que el michoacano le tiene al gobierno de Venezuela viene de tiempo atrás. Meses antes de ser impuesto en Los Pinos por una coalición de poderes fácticos, Calderón ya azuzaba a los representantes de Washington en contra de Hugo Chávez, como lo documentan los cables del Departamento de Estado filtrados porWikileaks. Ya puesto en el cargo, tuvo que tragarse su antichavismo por la simple razón de que no podía darse el lujo de sumar al lastre de su ilegitimidad el de los conflictos bilaterales que le heredó Vicente Fox, entre ellos uno, muy grave, con Venezuela. Sin llegar a tanto como reparar la relación entre ambos gobiernos, Calderón se contentó con la normalización mínima indispensable para remontar el estado cercano a la ruptura en que la había dejado su antecesor.

Concluida la usurpación, el individuo bajó de perfil en los reflectores y se ausentó del país, no tanto por razones deseguridad, como se dijo, sino por el repudio social de que es objeto, y se dejó contratar por Harvard. Pero, a menos de un año de haber dejado el cargo, el 21 de octubre del año pasado, cometió un extraño dislate: giró instrucciones al secretario de Relaciones Exteriores de Peña, José Antonio Meade, de que transmitiera (no dijo a quién) mi más enérgica protesta por el espionaje que la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) mantuvo sobre la cuenta de correo electrónico de la Presidencia en los tiempos en que él la ostentaba de manera ilegítima.

Se entiende el berrinche porque el fisgoneo no tenía justificación, toda vez que el propio Calderón, por conducto de García Luna, dio manga ancha a los servicios de inteligencia del país vecino para que se enteraran de cuanto quisieran y supervisaran a placer las tripas del gobierno federal. Mucho menos comprensible, sin embargo, resultó la abrupta irrupción del ex en las atribuciones de su sucesor, el sedicente constitucional en turno, único responsable de dar órdenes a la cancillería y a su titular.

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