Elecciones de ayer en Brasil: Rousseff y Neves van por la segunda vuelta

Publicado el Octubre 6, 2014, Bajo Internacional, Autor MonaLisa.

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FESTEJAN. Un nutrido grupo de Brasileños, celebraron el triunfo de Dilma Rousseff, aunque irán por una segunda contienda.

* La otra votación se celebrará el 26 de octubre entre los dos políticos con mayor votación

Con 98 por ciento por ciento de los votos contados en la primera ronda electoral celebrada ayer, Rousseff ganó un 41 por ciento de los votos frente al 34 por ciento de Neves, según los resultados del máximo tribunal electoral que supervisa la elección en el gigante sudamericano.

Sao Pablo, Brasil / Agencia AP / El Mañana-06 octubre 2014

La presidencia de Brasil se decidirá en una segunda ronda electoral como se esperaba, pero el contrincante que tiene que vencer la mandataria Dilma Rousseff no es el que se esperaba pues en el último momento quien ocupaba el tercer lugar dio un saltó, en uno de los comicios más sorpresivos desde el regreso de la democracia al país en 1985.

La segunda vuelta se celebrará el 26 de octubre entre Rousseff y el popular exgobernador Aécio Neves, oponente de centro-derecha.

Rousseff, del Partido de los Trabajadores, no alcanzó el 50 por ciento de los votos que necesitaba para obtener la presidencia sin tener que ir a una segunda ronda electoral.

Neves, de 54 años, fue gobernador del estado de Minas Gerais, el segundo más poblado del país.
Superó de manera sorpresiva a la ex ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, que hace tan sólo cuatro semanas tenía una ventaja de dos dígitos sobre el primero y parecía que se podría alzar con la presidencia del país más grande de América Latina.

El candidato opositor del Partido de la Social Democracia Brasileña estaba tan desanimado que llegó a bromear hace unos días al decir que su teléfono ya no sonaba.
“Ahora cargo con tres celulares”, le dijo al periódico Folha de S.
Paulo.

Descendiente de una tradicional familia de políticos, Neves es nieto del ex presidente electo Tancredo Neves, que fue el primer mandatario elegido democráticamente tras el régimen militar que terminó en 1985 y quien murió, sorpresivamente, un día antes de tomar juramentación de su cargo.

Aunque Silva no ha declarado su apoyo a Neves, el candidato podría presentar una real amenaza a la reelección de Rousseff ya que Silva obtuvo un 21 por ciento y muchos de sus seguidores apoyarían al ex gobernador, según expertos consultados.

Millones de brasileños acudieron a las urnas a votar el domingo en un escenario político que aún no estaba exento de sorpresas en una elección que los analistas la han caracterizado como la más incierta desde que terminó la dictadura militar en 1985.

Una campaña agresiva de Rousseff, de 66 años, habría erosionado el apoyo popular con el que contaba Silva, que sólo entró en la contienda presidencial a mediados de agosto después de que un accidente aéreo acabó con la vida del candidato original del Partido Socialista, Eduardo Campos.

Se creía que Silva iba a aprovechar el generalizado desprecio que los brasileños sienten por la clase política, cuya ira provocó masivas protestas en todo el país en contra el gobierno el año pasado.

Las encuestas realizadas después de las manifestaciones, ocurridas hace más de un año, indicaban que Silva fue de las pocas figuras políticas que había salido ilesa, lo que habría permitido conservar su reputación de política honesta en medio de lo que los brasileños perciben como un mar de corrupción.

Pero Silva, de 56 años, no aguantó la andanada de ataques que la mostraron como una política sin convicciones firmes, indecisa y sin el temple necesario para dirigir una la quinta economías más grande del mundo; algo que remarcaron los comerciales de Rousseff.

“Marina no tenía una estructura de partido fuerte que la apoyara y respondió con debilidad a los ataques en su contra de la campaña de Dilma”, dijo Carlos Pereira, un analista de la Fundación Getulio Vargas.
“Su candidatura perdió fuerza y fracasó”.

Hace poco más de un año, millones de brasileños salieron a las calles a manifestarse contra el gobierno en marchas que paralizaron varias ciudades durante dos semanas.
El descontento provenía de una clase media recién cimentada que exigía mejor salud, calidad en la educación y eficiencia en el transporte urbano.

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