Campañas sucias, redes sociales al rojo vivo y polarización aguda

Publicado el abril 29, 2017, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.


BLACK MAGAZINE
JUAN FRANCISCO GARCIA M.
Con el creciente golpeteo político de cara a la elección en el estado de México, y sobre todo contra Andrés Manuel López Obrador en 2018, militantes y activistas de Morena se enfrentan a una circunstancia de alerta y atención máxima: a la ahora excandidata a la presidencia municipal de Las Choapas, en Veracruz y diputada local veracruzana con licencia, Eva Cadena, le pusieron un cuatro para desprestigiar a López Obrador pero el equipo de Comunicación Social del partido opositor al régimen y al sistema logró neutralizar los daños con eficacia.

Así, la intención constante de los enemigos de López Obrador –priístas, panistas, perredistas, panalistas, verdes ecologistas, periodistas, empresarios, analistas políticos y otras yerbas- en los próximos días y meses, será escarbar en los bajos fondos para encontrar algún trapito qué exhibirle para desprestigiar e intentar frenar el ritmo avasallador con que avanza Morena en todo el país, por supuesto, con ayuda de la incompetencia, impunidad y corrupción insostenibles de los institutos políticos que lo pretenden enlodar.

La estrategia se centra en lo que el lugar común nos quiere hacer creer a los mexicanos: todos los políticos y todos los partidos políticos son lo mismo. Y por la campaña de descrédito, se muestra que no es así.

El golpeteo se hará más fuerte; los defensores del sistema de enjuagues y corruptelas se irán con todo, aprovecharán todos los medios disponibles -notas periodísticas, cámaras escondidas o videoescándalos, redes sociales, escarnio público, rumores infundados- para intentar evitar que Morena siga creciendo. La encuesta del 25 de abril emitida por el conservador diario Reforma, da ya la ventaja por un punto porcentual a Delfina Gómez sobre Alfredo del Mazo Tercero; los analistas que sospechan del andamiaje electoral sostienen que se requieren más de 5 puntos porcentuales para evitar el fraude, argumento nada descabellado para este sistema político tan cuestionado.

Entre tanto, en las redes sociales se respira ya un ambiente de tensión y debate enconado que también irá creciendo y polarizando aún más el análisis político, conforme nos vayamos acercando a la fecha electoral del próximo año. Ni Facebook o Twitter existían en los tiempos de la convulsa campaña política de 2006. Con estas plataformas como instrumentos mediáticos, resultará muy factible que se resquebrajen muchas amistades y seguidores.

Con base en la experiencia de la campaña sucia generada por el sistema y que aprovechó impecablemente el PAN en 2006 (hace apenas unas semanas, el artífice de esa campaña Antonio Solá, se propuso como organizador de la campaña de López Obrador para 2018 y fue rechazado rotundamente), Morena se enfrenta a la disyuntiva de seguir corriendo el riesgo de hacer oídos sordos a las inevitables campañas negras que se avecinan, responder el fuego con fuego, o mantener una postura ejemplarmente ética en la que no se caiga en absolutamente ninguna provocación. Este escenario parece el más complicado de seguir puesto que mantener el control en todos los niveles de gobierno en relación con las candidaturas suena como una labor titánica. No obstante, este escenario sin duda resultaría el más propicio para ganar de calle una elección en la que los votantes de este país demuestran constantemente un hartazgo e indignación geométricos, ante las muestras de desfachatez con que los funcionarios públicos actúan de manera consistente.

La prueba será durísima tanto para los candidatos de Morena como para sus militantes: no caer en las provocaciones, mantener completa conciencia frente a cualquier tipo de instigación, soborno o cuatro que huela a cámara escondida –pero sin risas-, actuar de manera ética ante cualquier problemática que se presente y, en efecto, mostrar y hacer público que no todos los políticos son iguales.

El Siddharta Gautama profesaba que somos lo que creemos que somos. El maestro Enrique Dussel añadió sabiamente que también somos lo que hacemos.

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